Día 0: Ligero de equipaje Bangkok, Tailandia

¿Te has preguntado alguna vez como empieza un viaje alrededor del mundo sin billete de vuelta, sin orden ni destino? ¿Cómo son esos instantes previos en los que cierras la maleta y te diriges al aeropuerto para tomar ese avión? El avión que no sólo te lleva a un lugar, el avión que te cambiará la vida para siempre y del que volverás convertido en otro.

La arrancada ha sido caótica, al más puro estilo “Franc Pallarès López cuándo cojones aprenderemos”. Estuvimos hasta demasiado tarde en «La Roof» haciendo la mona y por el Raval de Barcelona bebiendo copas de más. Pero claro, dos de tus mejores amigos te dicen de ir a hacer “la última” horas antes de marcharte tan lejos y durante tanto tiempo, que al igual les dices que no. Y claro, como a más a más a ti tampoco nunca te ha gustado ir de parranda… pues ya la tenemos liada.

En La Roof sesión musical donde lo único que recuerdas son los temas de Tracy Chapman. ¿A lo mejor también un poco de Björk? ¡Ala chicos! Ataque de risa cuando Sam intenta liberarme de no sé qué contracturas y de paso miramos las estrellas un rato y ahora que me viene a la cabeza ¿Estuve todo el rato mirando a Marte?.

Serán las 6 de la madrugada cuando entre las nieblas de un sueño pesado y denso de alcohol en la sangre me despierta el ruido del interfono. ¡Mierda! ¡Me he dormido! Cojo el móbil de la mesita de noche para comprobar qué hora es y veo las 10 llamadas perdidas de mi madre. Resacoso no oí el despertador. No he cerrado la mochila y corro histérico por la habitación. Enciendo el portátil y recurro a la artillería pesada. El «Every Teardrop is a Waterfall» de los Coldplay suena a todo volumen y recupero el norte y la alegría. Empaqueto y cierro la puerta tras de mí. En este preciso instante dejo atrás una vida de 5 años en este edificio de locos. Me siento feliz por lo que dejo y doy mi primer paso al frente hacia este futuro incierto que se me viene encima.

El momento sin duda más emotivo ha sido la despedida con mis padres. Después de subir al coche y ver que el avión salía dos horas más tarde de lo que creía -primera en la frente- y después de equivocarme de terminal -que el ritmo no pare-, al final acabamos llegando a destino, hacemos un poco de tiempo y es ya hora de marchar. Y al decirles adiós, mis padres lo tienen mucho más claro que yo.

Ellos, serenos, dan la talla. Yo, al darme la vuelta, pongo carita de niño chico que está a punto de echarse a llorar. La mujer del control me mira y hace como que no me ha visto. Un giro más en la cola de acceso al control de equipajes, saludo a mis padres sonriendo y saludando con normalidad al estilo Borbón, media vuelta y otra vez pucheros… Paso el control, me pongo de nuevo los bártulos encima y dos saludos más manteniendo la compostura. Hasta que los pierdo de vista y no puedo contener las lágrimas, y una azafata muy guapa pasa junto a mi lado y también hace como que no me ha visto. No contaba con estar tan poco preparado para el momento de la despedida con mis padres.

La espera se hace eterna. Estoy resacoso, con las prisas no me he duchado y además noto los efectos de las últimas dosis de las vacunas del día anterior. Estoy hecho un cromo y por delante quedan unas 20 horas de aviones y transportes hasta que pueda descansar tranquilamente en el hostal. Y a más a más un poco angustiado por la entrada a Tailandia, visados y compañía, cosa que no he previsto en absoluto – pa’ chulo yo-. Al final todo bien, el viaje correcto pero nada relajado. Durante el primer tramo sufro un ataque de clarividencia y empiezo a pensar en que no les he dicho a mis padres que les quiero. Que tanta preparación del viaje de las narices y al final no he previsto algo de lo más importante. Y después paso a los amigos y empiezo a dudar seriamente que haya estado a la altura en este campo tampoco, al tiempo que tengo la certeza que ellos sí lo estuvieron.

La extraña despedida con Cris entre las prisas y la resaca lo deja todo claro. Ella lo ha sentenciado con un contundente “t’estimo molt”. Y eso es precisamente lo que me ha faltado decirle a tanta gente. Tanta preparación con el viaje y al final lo más obvio y elemental queda pendiente. Me quedo dándole vueltas al asunto y cambiando de postura en mi asiento mientras intento conciliar un sueño que no llega. Y no termina de llegar porque hace rato que mi cabeza piensa sola y encima, la muy cabrona lo hace con inusual claridad. Marcho lejos, no sé a qué, sin remordimientos de lo que dejo atrás, pero sin tener ni idea de lo que viene por delante, y lejos de la ilusión de las cosas nuevas que están por llegar me queda el regusto amargo de las cosas que creo no haber cerrado bien.

Consigo dormir y me levanto un poco más despejado. Casi estamos llegando a Bangkok y aterrizamos. Sonrío al salir del avión en medio de este ambiente de irrealidad que es llegar a un lugar nuevo y extraño sabiendo que comienza un juego que quieres jugar pero del que desconoces las reglas. Tren súper rápido al centro, bus local que parece no llegar nunca, caminata y llegada clavada al hostal, de las de manual de viajero. Y todo esto a partir de un mapa dibujado por el Gran León entre cervezas y gintonics en un post-it durante mi fiesta de despedida, la Mucho-Rojo-Bye-Bye-Party.

Las llegadas son siempre confusas. No tanto por la novedad de lugar, más por la novedad de la situación. El próximo destino será más light, espero, pero hoy ha sido un día largo, borroso, confuso, con mucho calor por la mañana y lluvia torrencial por la tarde. Me hierven los pies y el hostal, a pesar de estar bien, no me acaba de convencer: comparto habitación para abaratar costes pero necesito poder dejar el portátil en lugar cerrado y seguro para no tener que cargar con él. Todo me pesa.

Quiero viajar ligero y hoy no he sido capaz. Por un lado el ordenador -lo de menos-, por otro el aluvión de densos pensamientos que me han perseguido durante todo el viaje. ¿Y por delante? Por delante doce meses viajando solo por Asia… ¡Qué dios nos pille confesados!

* Este post fue escrito el 18 de octubre de 2011 tras mi llegada a Bangkok, un año antes de su publicación en este Blog.

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