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Nanit Zooropa. Bandipur, Nepal

“Uncertainty can be a guiding light”

Esta frase me viene a la cabeza con el último post todavía fresco. Es una frase que me acompaña desde los 15 años pero que comprendo mejor ahora que entonces. De una canción de U2 que da título a un álbum que casi nadie recuerda y que la mayoría aborrece.

“And I have no compass, and I have no map, and I have no reasons, no reasons to get back. And I have no religion, and I don’t know what’s what, and I don’t know the limit, the limit that we’ve got”…“No particular place names, no particular songs, I’ve been hiding, what am I hiding from”…”Don’t worry baby, it’s gonna be alright, uncertainty can be a guiding light, I hear voices, ridiculous voices”… “He’s gonna dream the world he wants to live to in, he’s gonna dream out loud”…

Esta idea me persigue en la vigilia: por paradójica que suene, la incertidumbre también puede ser una guía en sí misma. Nada nuevo en esto que cuento, lo sé. Siendo plenamente adultos el único mar navegable es el de la incertidumbre, no hay otra opción: vivir y pensar por uno mismo es vivir en la duda eterna. Cada cual con sus referencias sin que éstas sean certezas. Las certezas las tenía cuando era niño y pensaban por mí y por mí decidían lo que más me convenía. Dejo de dudar cuando me vuelvo niño otra vez, inmaduro y asustadizo -¿Cobarde?-, cuando cargo esta responsabilidad en los demás –padres, pareja, jefe, amigos, dioses varios…- que me digan lo que debo hacer, hacia dónde debo ir, cómo debo ser.

“Uncertainty can be a guiding light”. No puede ser de otro modo ¿Qué certezas puedo tener cuando sé que la vida es camino que se hace al andar? ¿Cómo puedo estar seguro de tomar el ramal correcto sin haberlo recorrido antes? En cada cruce una apuesta y cada apuesta una posibilidad de acertar o errar. Las certezas las tengo a toro pasado, pero de poco me sirven los caminos que anduve cuando ya no son los que vendrán. Lo que está por delante nunca será lo que dejé atrás, a menos que me haya perdido, atrapado en el pasado dando vueltas en círculo -y cometiendo los mismos errores-.

Hay caminos que sólo puede recorrer uno mismo así que se me antoja que los que claman tener certezas es porque andan enzarzados en lo que fueron sin tener en cuenta lo que son o porque sencillamente siguen el trazado de otras vidas ¿Pero seguir el camino del vecino? ¿Vivir la vida de los otros? ¿De prestado? De prestado es vivir encorsetado en una camisa de fuerza, con la clara certeza de los límites dentro de los que puedo crecer. Condenado a la deformidad y la asfixia de estos límites impuestos por otros. Atado de pies y manos durante toda la vida a unos muelles, sometido a una lenta pero constante tortura que consiga estirar mis miembros y poder cumplir así con unos “requisitos mínimos”. Otra vez deforme, criado desde niño en un sutil tormento para poder encajar. Un niño que siendo adulto no dudará en someter a sus hijos -o amigos, pareja, subordinados,…- al mismo tormento, para que encajen también y para vengarse -secreta e inconscientemente- pues si él sufrió sin motivo los demás tendrán que sufrir también tormentos pues es “ley de vida”. Reglas que sufrieron y a las que se sometieron, pero que nunca cuestionaron. ¿¡Por qué siempre nos creemos la falsa ilusión de que resulta más fácil sufrir y someterse que cuestionar!?…

¿Cuál es entonces la opción correcta? Pues no hay opción correcta, pero hay muchas incorrectas y todas ellas confluyen en el mismo punto: hice lo que pensé que se esperaba de mí –la profesora, mis padres, mis compañeros, mi pareja, mi jefe, mis dioses varios…-, en vez de hacer lo que sentía hice lo que creí que debía hacer. Y sin querer pasarme la vida preguntándome a cada instante qué es lo que realmente quiero y cómo lo quiero, digo yo que cómo mínimo, en las cosas que te marcarán la vida, en esos momento en los que nos jugamos tanto, qué mínimo que tomar las riendas, mirar alrededor y explorar otras opciones, las mil y una posibilidades que siempre se abren ante ti. Tener el valor de decir que NO, o tener el valor de decir SÍ. Dejar de pensar en lo que se espera de nosotros, lo que toca, lo que se supone, para preguntarnos qué es lo que realmente me mueve en esta vida, que todos lo sabemos pero que lo tenemos por ahí encorsetado en el cajón del “esto son bobadas” o del “esto no se puede”, en del “¿¡Ai qué dirán!?” o el de “ahora no es el momento” –nunca será el momento, por cierto-.

A los 21 aterricé en Helsinki para estudiar Arquitectura pero aprendí algo más. Aterricé con un montón de certezas sobre cómo había sido mi vida hasta el momento y sobre cómo sería la que estaba por venir: terminar la carrera a los 23, encontrar trabajo, pensar en lo de la novia y por supuesto a los 26 o 27 empezar a buscar piso para hipotecarme 30 años –en aquella época era la media-. Durante ese año plagado de momentos memorables y de parrandas épicas lo que más me impactó y marcó fue descubrir a gente con la cabeza muy bien amueblada y con los pies en la tierra, que habían vivido vidas radicalmente distintas a la que yo tenía prevista para mí mismo. Vidas intensas, originales con sus más y menos, y en última instancia, vidas propias, con referencias, sí, pero no prestadas. Me impactó tan profundamente el hecho de comprobar que hasta el momento me había limitado a seguir un camino trazado por no sé quién -¿La sociedad? ¿Quién demonios es la sociedad? Qué fácil es culpar a los demás… ¡Me los marqué yo mismo!- que tuve que repensarlo todo de arriba abajo, quedándome con lo esencial: Que está todo por reinventar, que uno realmente puede ser lo que quiera y que lo único que nos separa del yo “que me dijeron” del yo “que realmente quiero ser” es el miedo a la incertidumbre, al qué pasará si me salgo de la línea.

El miedo a moverse a tientas en ese camino por descubrir, sin mapa ni brújulas. Descubriendo que no hay motivos para seguir siendo lo que fuimos porque a cada nuevo día –si se está vivo- uno es distinto del ayer. Descubriendo que los límites son los que nosotros fijamos y por lo tanto potencialmente infinitos. “And I have no compass, and I have no map, and I have no reasons, no reasons to get back. And I have no religion, and I don’t know what’s what, and I don’t know the limit, the limit that we’ve got.” En ese punto en el que nada es definitorio ni definitivo más allá de nuestros anhelos verdaderos. Nuestros sueños de los que –para desgracia propia- tendemos a escondernos sistemáticamente. “No particular place names, no particular songs, I’ve been hiding, what am I hiding from”. Para al final acabar descubriendo -a pesar de la monserga de turno- lo que ya estaba descubierto: que no pasa nada, que inevitablemente la incertidumbre puede ser y es la guía de los aprendieron que no hay camino, que se hace camino al andar. ”I hear voices, ridiculous voices. Don’t worry baby, it’s gonna be alright, uncertainty can be a guiding light.”

Y termino ya con estas palabras que durante tanto tiempo anduvieron conmigo,

  “He’s gonna dream the world he wants to live to in, he’s gonna dream out loud.”

Nanit Zooropa,

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

12 Comentarios

  1. GRAN. Molt gran. Endavant, segueix traçant camins nous ;)

  2. CRU

    touché y olé!

  3. Sempre t’escric en català però ho faré en castellà perque será llarg i així tothom ho entendrà.

    Esta mañana he leído este post, quería escribir mi opinión al respecto, pero necesitaba tiempo. Y el trabajo me lo está robando o, yo, estoy permitiendo que eso ocurra.
    Hace un tiempo que nos leemos, cada uno relata un viaje distinto, el mío sin moverme de mi ciudad, más introspectivo. El tuyo recorriendo mundo, pero no por ello olvidando estas “irreflexiones”. Volverás, volverás pero no serás el mismo, aunque quieras eso no va a ocurrir. El corsé que llevabas, lo dejaste en Annantapur o en Bali o en cualquiera de las habitaciones-cuchitriles con encanto en las que has dormido a lo largo de todos estos meses. Yo no me he ido a ningún lado y tampoco soy la misma. Y me alegro. Lo cierto es que puede ser doloroso y como tú muy bien relatas la incertidumbre genera un estado de desasosiego que nos empuja a estar alerta, a no dejarnos llevar, a no conformarnos, a vivir, a querer más, saber más, sentir más.
    “He’s gonna dream the world he wants to live to in, he’s gonna dream out loud.”

    Seguiremos soñando, porque estamos hechos de estrellas. Gracias por tus palabras.

  4. Dani Ferrer

    Brillant.

  5. Margaret Cabrera

    Excelente tu blog! Lo conozco hace poco y, como amante de la libertad interior, te felicito porque transmites e inspiras! Un saludo de una tinerfeña desde Pokhara (Nepal)! Te seguiré!

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