Viaje al centro de la Tierra. Kong Lo, Tham Phu Kham & Xieng Liab. Laos

Siente el frío, siente la roca, siente la oscuridad y siente el murmullo del agua que fluye bajo la montaña. Siente el vacío que se eleva decenas de metros sobre tu cabeza. Siente como este mundo lejano te es próximo. Siente de nuevo como las entrañas de la tierra te atraen. Siente como dan significado a algo que siempre fue tuyo pero que con los tiempos modernos y bajo el eterno brillo de las luces de tungsteno y de neón creíste haber perdido. En Laos descubrí las cuevas y me hechizaron por completo.

Seguimos avanzando contra corriente, río arriba. Pero a pesar de la hora y del solemne amanecer del que venimos, aquí, es noche cerrada. Las entrañas de la tierra son negras y húmedas. Negras. ¿Te has planteado alguna vez que es la oscuridad absoluta? ¿Has fantaseado en alguna ocasión con bucear en la nada? Kong Lo es la nada. Es una nada en la que retumba el eco del paso de nuestro bote, una barquita a motor con sus 5 pasajeros. Es la nada rota por 3 haces de luz alborotados incapaces de abarcar la inmensidad de este templo pagano excavado en el corazón de la montaña. Es una nada muy llena que se define por un vacío que no se puede explicar, que sólo se puede experimentar en silencio, a la ida, y con la adecuada banda sonora, a la vuelta.

Como las muñecas rusas, las gigantescas cavernas de Laos son paisajes contenidos dentro de otros paisajes. El río se define por unos márgenes, pero sus orillas son dura roca relamida por el paso del tiempo que se pliega sobre nuestras cabezas. Y alzar la vista a este cielo es estremecerse al atisbar un techo que el desgate del tiempo convirtió en un mar de agujas del revés. Enormes, monstruosas y sensuales guillotinas que penden sobre nuestras cabezas en el espesor de esta noche sin principio ni final.

Y este paisaje no es sólo un río que atraviesa la montaña, ni sólo el reflejo de los miedos de los que lo cruzan. Hay playas de arenas finas en sus márgenes y hay bosques de árboles de roca. Árboles de piedra que al rato crecen hacía arriba y al rato crecen hacia abajo, lentamente, gota a gota. Desembarcamos en una de esas playas subterráneas y en el corazón de la tierra hay un interruptor hijo de los tiempos modernos que los humanos colocaron para enaltecer a los tiempos antiguos. Paseamos por este jardín bulboso de formas caprichosas en un laberinto de perspectivas cambiantes que nos desbordan por completo. Cada rincón, cada giro y cada pliego son un universo en sí mismos.

Cada rincón, cada giro y cada pliego fue un universo en sí mismo. La mayor parte del trayecto, tanto el de ida como el de vuelta, fue a oscuras, nuestras linternas no daban para más. Imaginamos más de lo que vimos y creo estuvo bien que fuera así. Los lugares mágicos, como las personas especiales, no son tanto aquellas que te dan respuestas como aquellas que te generan dudas o te empujan soñar. Durante el recorrido a través de Kong Lo nadie habló, no se hizo comentario alguno porque las palabras habrían estado de más. Durante el recorrido a través de Kong Lo mis labios no dejaron sonreír a la oscuridad mientras mi cabeza hervía en un mar de sueños, reflexiones, dudas, preguntas y respuestas, y sueños, muchos sueños. La nada al comienzo, la nada al final, y entre medio un río de bravo de sensaciones que no consigo describir.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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