Tu equipaje es tu viaje. Da Lat, Vietnam

La cabeza recostada contra el cristal de la ventanilla del autobús. La mirada perdida en el paisaje y en mis pensamientos mientras escucho música. Llegamos a un nuevo destino y otra vez la terminal de autobuses se encuentra a las afueras del pueblo y en medio de la nada.

El centro de Da Lat está como a dos quilómetros o más de aquí y ya me están acosando los motoristas para llevarme por un precio nada económico, me salen my friends -amigos- de debajo las piedras, es agotador. Respiro hondo y mientras dejo que se les pase la excitación voy a preguntar al mostrador donde me informan que mi billete incluye el transporte al centro. Salgo por patas y cargado con mis dos mochilas corro por la pista de asfalto haciendo señas a una furgoneta que va para allá. Se para, me subo y sonrío al universo.

A mi lado una chica occidental, con sus rastas rubias y sus ojos azules me sonríe amable y sigue a lo suyo. Yo abro la guía para mirar dónde estamos, dónde me alojaré, cómo es la ciudad, a dónde vamos y cómo llegaré a destino. A los 3 minutos estamos hablando sobre el mapa. A los 5 minutos me comenta que ella va para allá, a un sitio que le recomendó una amiga que pasó por aquí hace unos días. Le pregunto si le importa que me sume y le parece bien. A los 15 minutos hemos llegado al hostal y a los 20 estamos en la habitación que compartiremos para abaratar costes. A los 25 estamos charlando sobre todo un poco y caigo en la cuenta que no sé su nombre y que yo tampoco me he presentado. Viajar tiene algo tan loco que al cabo de un tiempo te encuentras en situaciones como ésta. Todos somos inconscientemente conscientes de lo efímero de cada encuentro y nadie se demora en previos ni presentaciones. Las formalidades de la vida real quedan para los lazos que lleguen a cuajar, lo demás es un ir y venir constante donde el único requisito es ser amable.

Julie es francesa y vive de la cría de caballos en el lado galo de los pirineos. Lo de los caballos sale a la palestra cuando me habla su experiencia en Lao Cai, en el norte de Vietnam. Estuvo allí de paso primero con esta amiga que vive en Saigón. Siguieron su viaje y algo dentro suyo le decía que debía volver una vez más. Así lo hizo y nada más llegar entabló conversación con un hombre que conducía una carreta tirada por un caballo. Le pidió una foto y el hombre la invitó a subir y a conocer a su familia. Julie pasó los siguientes 4 días compartiendo cama con la abuela y conviviendo en el día a día con ellos. Se me hace la boca agua y le cuento mi experiencia al paso por Phu Quoc. Ella viene precisamente ahora de allá y me cuenta su versión de los hechos.

Llegó a la isla desde Ho Chi Minh City y ya en el puerto alquiló una bicicleta por cuatro pesetas. A partir de ahí, la vida y la isla a bordo de una bici, durmiendo en la playa bajo las estrellas y parando en cada aldea donde la gente la recibía con los brazos abiertos. Puro viaje y pura inmersión en la vida del país y de la gente. Se me hace la boca agua de nuevo pero mi parte tecnificada le pregunta por la logística. ¿Qué logística? Dejó casi todo el equipaje en casa de su amiga en Saigón y para estos días sólo llevaba una mochilita con lo estrictamente indispensable. Mientras la escucho miro de refilón mis 2 mochilas todavía por deshacer y me doy cuenta de una cosa, y es que Mi Equipaje es mi Viaje. Y que si bien lo que cargo me asiste en mi día a día también me limita en muchas más ocasiones de las que pueda imaginar.

En un viaje, como en la vida, en cierto modo somos lo que decidimos cargar porque son precisamente esas cosas las que limitan nuestros movimientos al tiempo que nos dan seguridad. El que tiene poco podrá dormir bajo las estrellas en playas desiertas sin temor a perder nada pues nada posee. El que tiene poco aceptará pasar frío en las montañas o empaparse en las tormentas. No creo que se trate de poco o de mucho, creo que más bien se trata de ser consciente de las decisiones que se toman, y en todo caso, tener claras las prioridades, estar dispuesto a dejar atrás lo superfluo para poder abrirse camino cuando la cuesta venga empinada o cuando optemos por abrirnos a nuevos y lejanos horizontes.

¿Y Da Lat?

¡Ah sí! Perdón, visité Da Lat. Suena un poco cruel para con este destino, pero lo que más me marcó de Da Lat fueron estos 20 minutos de conversación con Julie. ¿Da Lat? Es un centro vacacional bastante local. Con su lago artificial y sus barquitas con forma de cisne. Con su campo de golf y un ambiente relajado pero poco estimulante. Su punto fuerte es estar enclavado en las montañas y ser una vía de escape a los calores de las llanuras.

Varios viajeros que había conocido en el camino me habían hablado maravillas de sus alrededores y de los Easy Riders, un agrupación de guías que te llevan en la parte trasera de sus motos mientras te muestran la zona al más puro estilo local. Con David, un inglés con el que coincidimos en el tour por el Delta del Mekong, contratamos el servicio para medio día y la verdad es que fue correcto pero nada o poco fascinante. Más allá de los Invernaderos de Flores y la Cascada del Elefante, lo más interesante fue visitar un Taller de Seda donde se procesan los hilos y se tejen prendas de este preciado material. Al final resultó que los paisajes interesantes y la aventura inolvidable estaban en las rutas de varios días de las montañas hacia el mar, y así me lo confirmó David cuando nos reencontramos dos semanas después en Hanoi. Yo andaba justo de tiempo y lo que vi no me sedujo en absoluto así que en menos de 24h partía de Da Lat camino de la ciudad histórica de Hoi An.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

6 Comentarios

  1. Josefina Ramos

    En el primer aplec al Corredó ja m’en vaig adonar que la motxilla sobrava però encara la continuo carregant per anar a la platja. Molt bonics els teus posts. Recorda que demà son Les Santes. Un mataroní com cal, no ho pot oblidar encara que estigui seduÏt pel Mekon

    • Bones Josefina! La motxilla caler sempre cal, el cas és no potar-la plena de coses que no serveixen per res més que fer nosa ;)

      GLORIA A LES SANTES desde Bali! Les haurás de gaudir per mi aquesta vegada ;D

  2. eva

    Magnífic llegir-ho mentre faig la llista de què posar a la motxilla…

    Una motxilla sense vols interns que ens assegurin trobar-nos a un lloc concret a una hora concreta… també deu voler dir alguna cosa, no? ** Ens trobarem Pakorl!

    fins ara :)

    • Ostras! No hi havia caigut, però cert ;D Trobar-nos ens trobarem, però espero que a la motxilla hi portis un movil extra perquè el meu ha mort ;( I música! ara t’ho passo per mail!

      (QUÉ YA NO QUEDA NAAAAA!!!!)

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