Tótó Big Heart. Kalaw, Myanmar

¿Puede el corazón de una persona ser más grande que ella misma? Yo creo que sí, les presento a Toetoe.

Me he encontrado con Scott por el pueblo y los dos andamos buscando guía para un trekking de 3 días desde Kalaw hasta el Lago Inle. Después de preguntar aquí y allá, nos queda una última opción: Hemos quedado a las 5 en punto en el Eastern Paradise para hablar con “Tótó” y ver que nos propone. Ahí llega, nos la presentan y resulta que Toetoe* (aunque se pronuncie Tótó) es una mujer. Quedamos enamorados de su voz y su sonrisa. Pausadamente nos propone su ruta y nos cuenta lo que nos mostrará. Su voz es suave, transmite paz, tranquilidad y cariño. Habrá que esperar un día más para el trekking pero a mi ya hace rato que me ha convencido.

Y nos echamos al monte el grupo entero. Ella viste unos pantalones largos de color rosado, algo gastados por el tiempo. En la mano un paraguas para protegerse del sol. En la cabeza un simpático sombrero de paja. En la cara, unos ojos bellísimos, su sonrisa hipnótica y contagiosa, y bastante thanaka. Es realmente bella. Camina pausadamente con sus zapatos algo demasiado grandes. Son buenos, pero decididamente no son su talla. Alguien se los regaló y ella los usa. Hablamos todos con todos, cambiando de compañero de charla a cada rato. Cuando me toca con ella me da por preguntarle si ha vivido toda la vida en Kalaw. Pregunta genérica y trivial, pero es que nos acabamos de conocer y todavía no hay confianza.

Trivial fue la pregunta, pero nada de trivial tuvo la respuesta. Toetoe me cuenta como llegó a los 10 años a Kalaw, huyendo en cierto modo de su aldea, cuando una noche, alguien no cuidó bien el fuego y la casa de palma y madera prendió, y con ella la aldea entera y con ella muchos de sus habitantes. La familia de Toetoe huyó, otros quisieron salvar “lo valioso” y acabaron por perder la vida. Toetoe conservó la suya pero perdió todo lo demás. Así que a los 10 años empezó una nueva vida en Kalaw donde un familiar los acogió. Y todo esto me lo cuenta pausadamente, sin hacer estruendo, sin dramatizar, sin pizca alguna del orgullo o la lástima del superviviente. Serena y tranquila.

Con la mirada todavía atónita y la mandíbula ligeramente desencajada, decido que la próxima pregunta será sobre el tiempo o sobre el nombre de éste o aquel árbol. El día avanza y acabamos pasando por una aldea donde hay una escuela y se oyen unas voces que claman al cielo a grito pelado el abecedario en inglés. Esto hay que verlo. Y después del juego, de las fotos, los hellos y los bye-byes no puedo dejar de preguntarle a Toetoe si tienes hijos. Y me responde irónicamente entre risas y carcajadas que 10. Algo ya me olía yo. Y es que es muy extraño que una mujer de 33 años se dedique en estas tierras a hacer la veces de guía con extranjeros. La amplia sonrisa de Toetoe se reserva algún misterio más. Empiezo a elucubrar teorías, pero al rato una de las chicas es más descarada que yo, y sirviéndose de la complicidad femenina le sonsaca su historia.

Los hombres por estos lares hacen más bien poco. Las mujeres llevan la pesada carga, una vez más, de tirar para adelante la casa y los niños. Los hombres se juntan, hacen algo, o simplemente beben whisky barato que en realidad es etanol con aromas y colorantes. La rotunda Toetoe concluye que visto lo visto ella lo tiene claro: nada de hombres. Las madres, nos cuenta, cuidan a los niños y estos en realidad sólo las quieren a ellas. El padre poco pinta, y habiendo poco roce hay poco cariño y así es difícil que los hijos les quieran. En el camino nos cruzamos con una madre que, al tiempo que trabaja en la cosecha del trigo, carga a sus espaldas con su bebé de apenas 2 meses.

La historia de Toetoe en concreto pasa por un matrimonio arreglado a los 20 años por su madre, con un hombre que para colmo es musulmán siendo ella budista, y que al poco de estar casados ya tiene una amante. El contrato apenas dura 3 años pero Toetoe ya tiene dos hijos. Curiosamente a la mayor la conocí en el cyber-café el día antes, y me sorprendió su inglés, su soltura y su educado descaro para buscar clientes. Caigo en la cuenta de todo esto cuando Toetoe empieza a hablar de ella. Sí, la niña del cyber sólo puede ser su hija. Y el chico, su otro hijo, a pesar de ser bueno es vago, y parece destinado a convertirse en otro hombre más de la aldea.

A Toetoe no le gusta su trabajo, y a todos nos sorprende porque a cada rato no para de sonreír. Sonríe, te mira, sonríe. Lleva 5 años haciéndolo y cuenta con hacerlo 3 más. Y luego, a lo mejor ser maestra o poner una casa de té. Pero por el momento toca seguir yendo arriba y abajo, paseando a los turistas. Hay que pagar las facturas, y las clases de inglés especiales para su hija, y las clases particulares de informática, también para la pequeña que ya tiene 13 años y que si hubiera nacido en occidente ya les digo yo que se comía el mundo con su desparpajo y su salero.

Y mientras Toetoe sigue andando, habla con todo el mundo en las aldeas por donde pasamos, y nos baña a cada minuto con su sonrisa. Con sus preciosos ojos negros que nos miran alegres bajo la sombra de su gorro de paja. Y esto mientras nos cuenta, después de cruzarnos con una aldeana muy muy mayor que nos pide medicamentos para aliviar el dolor de su pierna, que ella quiere morirse a los 40. Morir joven para no tener que sufrir la vejez en estas tierras. Son paisajes bellos los que vamos cruzando pero también los pueblan mujeres como la de antes: pasados los 70, delgada como un palo, piel curtida como el cuero, con una pierna dolorida, y todavía en el campo, trabajando de sol a sol.

Al final del viaje Toetoe nos ha contado 3 cosas. De las 3 bastaría una sola para ensombrecer el corazón más alegre, pero no han sido suficientes para nublar el suyo. Me quedan muchas preguntas para Toetoe, muchas dudas, me gustaría saber más de ella y de su vida. Aún así, al menos hay una cosa que me ha quedado clara, pero que muy clara, y es que Toetoe tiene un corazón tan tan grande que todas las penas son pocas. Tan tan Grande que si se la miran detenidamente en la foto verán como se le sale por los ojos y le brilla a través de su alegre sonrisa.

* A todo el grupo nos encanta su nombre y no perdemos oportunidad de pronunciarlo. A mi, por el momento se me hace imposible hablar de ella sin mencionarlo a cada tres palabras.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

6 Comentarios

  1. CRU

    Simplement, preciós!

  2. Laia

    Un cop més.. pell de gallina.
    Una super abraçada Franc, se’t troba a faltar :)
    Laia

  3. CristinaJ

    D’aquí poc arribaré a Kalaw i buscaré la Totó…

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