“To tube or not to tube” esa es la cuestión. Vang Vieng, Laos

En las afueras del pueblecito de Vang Vieng hay una cueva y su nombre es Tham Phu Kham. Puedes llegar a ella atravesando la llanura de arrozales que rellenan los espacios vacíos entre los macizos kársticos que salpican el paisaje. Al final del camino está la masa negra de la montaña que esconde un laberinto de galerías nacaradas en sus entrañas. El único modo de llegar a la boca de la cueva es ascendiendo por un sendero vertical, una escalera caprichosa e irregular tallada en la roca que enfilándose por la vertiente nos deja sin aliento y nos exprime hasta la última gota de sudor.

En Vang Vieng hay una cueva y es bueno llegar pronto. Aprovechar esos momentos en los que el resto de las almas perdidas en la fiesta de la noche anterior todavía duermen. La cueva es una catedral tallada en la roca, horadada en la montaña. Es algo mágico adentrarse en las entrañas de la tierra y jugar a ser niños que descubren por primera vez galerías subterráneas que esconden tesoros olvidados: Pilares de roca bulbosos que brillan como cubiertos por piedras preciosas, pedruscos afilados cortantes como navajas que ahora yacen en el suelo y que hace tan solo unos miles de años colgaban del techo, raíces de descuelgan de estalactitas y que vinieron de tierra arriba perforando la roca en busca de agua. El tiempo geológico, la negra noche y el silencio reinan en estos mundos subterráneos a las afueras de Vang Vieng. Y a pesar de Tham Phu Kham este pueblecito del centro de Laos es famoso por su Tubing.

“To tube or not to tube, just tube?”

“Un tipo ha saltado al río y no ha vuelto a salir a la superficie”. Pasaron varios minutos hasta que la gente comprendió lo que realmente estaba pasando y empezó a tirarse al agua para buscar a no sé quien no sé dónde. Los locales estaban asustados pero la música a todo volumen no dejó de sonar y la gran mayoría no paró de bailar. Al cabo un par de minutos más alguien lo encontró y durante un buen rato, mientras esperaban a la ambulancia, le intentaron reanimar. El enorme cuerpo inerte resbalaba y a punto estuvo varias veces de volver a caer al río. En todo momento la música no dejó de sonar y más de la mitad del bar ni se enteró.

El Tubing es una fiesta diaria donde el desfase reina y en la que el límite lo pones tú. De hecho, el único límite que hay es la muerte de los veinte y tantos occidentales que cada año se ahogan en sus tranquilas aguas. La corriente es suave, pero caer al agua inconsciente, puesto hasta las cejas de drogas y alcohol nunca estuvo en los manuales autoconservación.

El día anterior lo pasamos en kayak, en un descenso por este mismo río que ahora se llevaba la vida de este chico. La primera visión de la zona tubing no defraudó, para mal. Uauh! Pensé. Uauh! Volví a pensar. Menuda locura y desenfreno: una veintena de bares jalonan ambas orillas a lo largo de pocos quilómetros en los que navegar repantingados en un lujoso y confortable neumático de camión. “To tube or not to tube” pensamos. Pero Serge, Flavie, Vanessa y los daneses no lo dudamos. Habíamos encontrado nuestro grupito y disfrutamos de la fiesta como veníamos disfrutando de todo el viaje. Y así fue: llegamos, vimos y disfrutamos. Y lo pasamos en grande bailando, navegando, riendo y volviendo a bailar.

 A estas alturas sigo sin tener claro porqué me preguntaba sin cesar eso del ir o no ir. ¿Cargaba con mala conciencia por traicionar mi código deontológico de viajero dicharachero? ¿O me preocupaba más traicionar la imagen de alternatividad, integridad y autenticidad que buscaba proyectar en este Blog? Creo que lo peor para mi alma pura y mi recto sentido de lo políticamente correcto fue cuando tuve que ser honesto conmigo mismo y aceptar que me encantó, y que no me  habría importado pasar otro día más haciendo la mona de forma despreocupada.

Entonces ¿Dónde han quedado aquellas ansias de ir siempre más lejos, de salirme de la ruta marcada, de cruzar junglas para conocer aldeas remotas donde reside la esencia del país en el que viajo? ¿Dónde quedan mis reproches a eso progreso que torpemente contamina la pureza de estilos que vida que han sobrevivido inalterados durante cientos de años? ¿Porqué me parece bien que aquí y ahora, este pueblecito que tan solo hace 10 años era un paraíso se haya convertido en el patio de recreo de turbas occidentales?

Creo que la clave del meollo está en la última pregunta, en plantear este asunto como una lucha entre el bien y el mal. De hecho no hay tal confrontación. El Tubing y los 50 bares clónicos que proyectan sin parar temporada tras temporada de Friends en el centro de pueblo son un hecho. Una realidad que podrá ser desafortunada y en muchas ocasiones poco agraciada, pero que por otro lado da de comer a mucha gente cuya alternativa eran los trabajos duros en el campo de sol a sol. Es más, cuando el día anterior, tras un par de cervezas, le pregunté a nuestro guía en plan confianza qué pensaba de todo esto me esbozó una sonrisa pícara y me confesó que a él lo único que le molestaba de todo el tinglado eran las gentes paseándose sin camiseta por las calles del pueblo. A los laosianos les va la fiesta, pero siguen siendo pudorosos.

No se trata de trabajos forzados, no se venden a los hijos para la prostitución, no se trata de humillar a los locales ni de expoliar sus recursos naturales. De hecho Vang Vieng sigue bastante bien la bondades del esquema Benidorm, acotando el mal irremediable en un espacio muy concreto y delimitado más allá del cual la vida sigue como antes, solo que las gentes tienen una fuente de ingresos más. Habrán perdido el alma, la habrán vendido al diablo, pero quién no lo hizo, quién se mantuvo puro y libre de mancha. Nadie.

La vida es un trueque, un viaje en el que cada vez que tomamos, tenemos que dejar algo a cambio, porque sino la mochila se vuelve tan pesada que es imposible avanzar. Y pretender vivir en una burbuja, ajenos a lo que pasa en el mundo es no querer entender que del mismo modo que envejecemos, o el paisaje se erosiona, los modos de vida se degradan para morir o evolucionar. Sería fantástico que no fuera así y habrá alternativas de eco-turismo al turismo de borrachera, pero eso demanda atención y inversión, y sino que nos lo digan en España. ¿Quién aportará ambas a un país pequeño y pobre como Laos?

Llegados a este punto lo que menos me preocupa es que centenares de jóvenes beban, bailen y se lo pasen a lo grande en medio de un paisaje idílico. Llegados a este punto creo que lo más importante de este meollo es que los locales, gracias a las nuevas fuentes de ingreso, puedan acceder a los niveles de educación suficientes que les permitan a la larga gestionar este patrimonio, extrayendo los máximos beneficios de sus recursos al tiempo que son capaces de seguirlos manteniendo bien cercados en una zona concreta que no salpique al resto de la región como bien han hecho hasta el momento.

Por lo demás Vang Vieng es un buen lugar para conocer gente mientras se desciende el río en kayak. Un buen lugar para descubrir en bici o en moto sus alrededores y para hacer viajes al centro de la tierra. Y claro, como no, Vang Vieng es el lugar donde disfrutar de una cerveza flotando sobre un neumático río abajo mientras el sol ya se pone por detrás de las montañas.

“To tube or not to tube. You’ll never know until you tube”

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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