Mandarianas © 2012 . All rights reserved.

To mandarin or not to mandarin. Berastagi, Indonesia

Voy montado en la opelet que me lleva de vuelta a Berastagi después de pasar una espléndida mañana recorriendo el Gunung Sibayak, mi primer volcán. Somos varios y en una parada se sube un chavalín ¿Qué tendrá? ¿Diez, doce años? Me quedo con su cara de sorpresa al verme dentro -una más de la muchas con las que me vengo cruzando por el norte de Sumatra- y le devuelvo una sonrisa cortés acompañada de un selamat pagi –buenos días- mientras le hago un guiño cómplice. El chavalín lo flipa y se lo piensa un rato antes de preguntarme de dónde soy. De España, de Barcelona. Al oír la palabra mágica –Barcelona- se le ponen los ojos como platos. Le sonrío consciente de lo que esto pueda significa para él y me agarro fuerte donde puedo para no salir rodando por la puerta entre tanto bache y trompicón.

Se acerca su parada y el pequeño abre su mochila, saca una mandarina, su mandarina, su almuerzo y me lo ofrece con un sonrisa llena de orgullo. Me deja tan descolocado que no sé qué decir. Es un regalo, así que acéptalo -pienso por un lado- , pero es su almuerzo y este chavalín seguro que es de un hogar humilde donde cada cosa vale su precio en oro. No puedo tomar su almuerzo que será lo único que tiene cuando yo “puedo pagarme todo lo que quiera”. Abrumado por su generosidad declino amablemente su regalo dándole las gracias tres, cuatro y hasta diez veces: Terima kasih, terima kasih, terima kasih,…

El pequeño sonríe, me mira y se despide de mí frente la parada que está al lado del campo de fútbol. Hoy es sábado, hay partido y de ahí viene su fascinación ante la palabra Barcelona. Arranca la opelet y me siento un imbécil y un ingrato, pero todavía no sé el porqué.

Tengo que pensarlo mucho antes de caer en la cuenta que por definición tengo un problema: no sé aceptar regalos que no tengan una clara justificación –cumpleaños, trabajo bien hecho, bla bla bla…-. Tengo que pensarlo un rato más para comprender que no saber aceptar un regalo sin motivo es casi tan odioso como no saber darlo. Pero en el fondo yo sé que tiendo a olvidar más fácilmente las deudas que tengan conmigo, que las deudas que yo tenga pendientes con los demás. Entonces ¿Por qué no cogí la mandarina?

Puede que toda esta reflexión les parezca desproporcionada al incidente en sí mismo. Una muestra pura y verdadera de bondad y generosidad, a la que un servidor responde con una muestra de magnánimo sentido común y conveniencia. Pero cuando lo pienso ahora me doy cuenta de que mi magnánima respuesta no fue más que un acto de magnánima soberbia, involuntaria, sí, pero soberbia a fin de cuentas. Con mi negativa le negué la posibilidad de ser bueno y generoso sin motivo alguno con un desconocido. Se la negué por considerarlo insuficientemente rico, demasiado pobre. Mi rechazo no fue un acto honorable, fue un desprecio disfrazado. Curiosamente su generosidad activó mi oculta prepotencia, mi arrogancia y mi mal digerida condición de ser superior por el simple hecho de “poder pagarme todo lo que quiera” en el mercado del pueblo.

No se trata de pobres o ricos, se trata de respeto, y el respeto es algo más que una sonrisa amable y un selamat pagi. Respeto es a fin de cuentas no sólo tratar -eso sería simple cortesía- sino sentir al otro como un igual, y sólo desde esa comprensión y asunción profunda puede ir uno por el mundo con la cabeza en alto, en ese delicado punto en el que la barbilla ni mira hacia abajo ni mira hacia arriba. Es delicado, es sutil, lo sé, y no basta con estar cerca. A mí desde luego no me bastó con estar cerca, y es por eso que ofendí a un chavalín generoso con un corazón enorme, que me respondió como una enorme sonrisa, para acabar sintiéndome torpe, algo imbécil y muy desagradecido… Desde luego un viaje no son sólo destinos visitados. Son las situaciones vividas y lo que cuentan de nosotros.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

4 Comentarios

  1. CRU

    Magnífica reflexió! m’encanten aquests posts que ens fas pensar…
    Alguna cosa s’ha mogut aquí dins, també, tens tota la raó del món, i ens volem fer creure que estem fent el bé, com si fossim nosaltres els jutges de la humanitat…

  2. Es para reflexionar… y no poco. Te pesará y te perseguirá tu ingratitud… pero tranquilo, permanece atento que la vida te pondrá en una situación similar pronto… y ACEPTARÁS de buen grado. Me ha encantado leer tu relato, Franc.

    saludos!

    un sitio diferente

Leave a Reply

Tu email no será publicado
Los campos necesarios están marcados con *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title="" rel=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>