Te busqué y no te encontré. Malacca, Malasia

“Huyeron justo antes del alba, en el momento más frío y oscuro de la noche. Huían de los enemigos que cercaban al imperio que tras años de dominio se desmoronaba por momentos bajo el empuje de los nuevos dueños y señores de estas aguas. Los javanes no nos dieron cuartel y cruzamos el estrecho hacia tierras nuevas y extrañas. Atrás dejo mi hogar, las colinas verdes de Sumatra, sus ríos y sus junglas espesas y oscuras como la noche.

En esta nueva tierra extraña nos persiguen nuestros enemigos de ayer y los lugareños tampoco nos dan cuartel. Son vasallos del poder siamés que reside en Ayutthaya, allá en el norte por encima de la península. No nos queda más remedio que seguir remontado la costa hacia el norte hasta que finalmente hoy hemos encontrado este lugar. El río que nos abastece de agua dulce y su puerto de aguas profundas lo convierten en el emplazamiento ideal.

Mi nombre es Parameswara y soy el útlimo de mi casa, los Srivijaya, descendiente de un antiguo linaje que se remonta cientos de años más allá de los mares de Sumatra hasta la India. La ciudad que hoy fundo se llamará Malacca, una nueva joya de oriente y el nuevo punto de encuentro entre las tierras bañadas por el océano Índico y los mares de la China. Corre el año 1400.”

Esta es la historia del que sería primer Sultán de lo que actualmente conocemos como Malasia, un país muy reciente y con una historia y una idiosincrasia muy particulares. Parameswara se convirtió al Islam bajo de la mano de mercaderes indios venidos del Gujarat, al oeste del Indostán. Pero consolidó su poder y la seguridad de sus aguas y sus puertos gracias a la protección de la nueva China Imperial Ming. Las impresionantes Flotas del Tesoro al mando del Almirante Zheng He que durante dos décadas surcaron el Índico, establecieron un antes y un después en lo que vendría a ser el período más próspero de la nueva Malacca desde su localización estratégica aún hoy en día –no es casualidad que la ciudad-estado de Singapur florezca tan sólo unos cientos de kilómetros al sur-.

Atraídos por sus riquezas llegaron primero los portugueses con sus cañones y sus artes de guerra implacables -1511-, y años más tarde los holandeses -1641- que acabaron dejándola en un segundo plano a favor de su Batavia –la actual Jakarta, capital de Indonesia-. Con los años Malacca cayó en declive y hoy es de algún modo el patio de recreo de la nueva Malasia, tan sólo a un par de horas de su flamante capital Kuala Lumpur.

Esta historia tan épica como seductora había despertado en mí un interés especial por esta pequeña localidad-museo que también es Patrimonio de la Humanidad. Pero tras las dos noches que pasamos debo de decir que me defraudó un poco. Si bien es cierto que tiene un encanto festivo bastante entrañable, los rastros de Little India brillan por su ausencia. El legado holandés es bastante limitado y del paso de los portugueses queda una portalada y una iglesia en cueros sobre la colina. Lo mejor que luce Malacca es su herencia china. Ahí sí que uno se reconforta un poco con el esfuerzo de la visita y le puede arrancar algunos buenos rincones con carácter propio y algo que contar.

Por lo demás lo dicho, el patio de recreo de esta nueva Malasia que por un lado encumbra su legado histórico para luego convertirlo en pasto de masas indiferentes de fin de semana ávidas de un souvenir en el mercado nocturno, o de un paseo en carricoche-multicolor con los últimos éxitos techno de la temporada. Mi épica Malacca ¿Dónde estabas que te busqué y no te encontré?

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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