Postales. X=Yo*(13). Sorake Beach

Está soñando pero no sabe que sueña. Camina por la calle, subiendo por la Riera junto al muro de su Colegio. Iba a entrar al edificio principal pero al final se queda por los patios. Como el Conejo de Alicia en el País de las Maravillas, sabe que llega tarde algo pero no sabe a dónde ni a qué.

Los patios están llenos de niños en hora de gimnasia y visten un uniforme deportivo de corte setentero desfasado al que buena falta le haría un ajuste a los nuevos tiempos -o al menos eso es lo que él piensa-. Junto al arenal del foso de salto –cuántas horas pasó allí excavando túneles y levantado puentes- de repente se cruza con el niño que fue en segundo de primaria ¿Tendría qué? ¿6 años? También están Silver y Pol, Uri y Txus, y Aleix, todos ellos –aun habiendo cumplido ya los 30- siguen siendo niños también. Ni se alegra ni se sorprende, está soñando pero no sabe que sueña. Así que continúa su deambular sin rumbo y se dirige hacia el edificio principal angustiado sabiendo que sigue llegando tarde a algo, que seguro ya no es gimnasia porque ahora ya sabe que es una clase ¿¡Pero cuál!?

En este ir y venir de repente le entran las prisas por ir al baño y da saltos de alegría y lo busca pero no está donde solía porque se lo han cambiado. Al final lo encuentra, desenfunda y mientras mea aliviado se da cuenta que estos baños son nuevos, sorprendentemente lujosos ¿¡De diseño!? Se sube la bragueta y sale para encontrarse de repente en el pasillo central del primer piso, que está como siempre: en penumbra y forrado de vitrinas que hablan del mundo natural y mineral y de mil curiosidades más. Un lugar muy singular que ocupa en un rincón muy especial en sus recuerdos.

Es ahora, estando aquí, cuando caigo en la cuenta que en realidad no llego tarde a ninguna clase. Que yo ya no estoy en el colegio, mi Colegio, en el que pasé 13 años de mi infancia y adolescencia -mi segunda casa-. Ahora sé que acabé hace ya muchos años y que en realidad ya cumplí los 30 y que estoy viajando por Asia. Pero resulta que este colegio no es el mismo al que yo fui, éste es muy especial: Todas y cada una de las clases a las que asistí están teniendo lugar al mismo tiempo, aquí y ahora. 13 años multiplicados por sus 9 meses, multiplicados por sus 6 horas diarias a 1 clase por cada hora. Más de 15.000 posibilidades que, como una gigantesca muñeca rusa, contienen capa tras capa toda mi historia hasta llegar al pequeñín de 4 años que confundió habas con cacahuetes, o que un día de lluvia vio un charco enorme en el patio y saltó dentro con los dos pies. La sola idea de poder reencontrarme conmigo mismo en este colegio mágico me hincha el corazón y ando loco de alegría tratando de recordarme en todas mis edades para decidir por cuál de mis yoes me gustaría empezar.

Mi madre aparece y me dice que me ha oído entrar en casa y salir, sin hacer ruido ni decir hola ni adiós –yo sigo de viaje por Asia, hace meses que me despedí y por algún extraño motivo pasé por allí antes de ir al cole-. No está enfadada, sólo me lo comenta y quiere que lo sepa. Papa hacía la siesta en la habitación y no me oyó. Yo lo sabía y tampoco dije nada.

• FIN •

Referentes. Presentación

Suelen coincidir todos los credos en un hecho diferencial entre los hombres y los dioses. Y es que los dioses a diferencia de los hombres sí son capaces de crear a partir de la nada. En cambio nosotros los humanos siempre partimos de algo, y consideramos genios no tanto a aquellos que crearon de la nada como a aquellos que fueron capaces de sintetizar de una manera completamente nueva elementos que ya existían anteriormente.

Nadie parte de cero y yo, a pesar de la autoconcepción semidivina que tengo de mí mismo, no iba a ser una excepción. Antes de empezar a viajar y escribir hacía ya meses, y en algunos casos años, que seguía a algunos viajeros y a sus viajes. A otros los he ido descubriendo por el camino. Y más allá del simple hecho de viajar, todos tienen –tenemos- en común unas ganas enormes de contarlo para compartirlo. El cómo es lo que nos diferencia, y así que cada uno tiene su espacio, su ritmo y su arte para hablarnos de su camino.

Abro una sección nueva que titulo “Referentes” porque eso es lo que son. No son lo que soy, son en cierto modo y cada uno a su manera, lo que aspiro a llegar a ser. En esta presentación-selección de viajeros que decidieron contar su historia a su manera –también los hay que viajan en silencio- hay perfiles muy distintos con blogs de viaje muy distintos y precisamente por eso escogí éstos y no otros. En algunos admiro sus textos, en otros me atrapan más sus fotos y con los más sencillamente comparto sus puntos de vista y sus sueños independientemente de su manera de contar las cosas. Todos y cada uno de ellos son para mí un desafío para mejorar y no sólo en los relatos o en las imágenes, leerles me plantea retos en mi forma de viajar y de afrontar la vida. Son propuestas vitales distintas y es a partir de esta diferencia que me complementan. Ponen de manifiesto los caminos que todavía me quedan por recorrer y me dan pistas sobre cómo hacerlo.

Escribimos o posteamos para compartir, pero en cierto modo, o al menos ése es mi caso, escribimos también para animar y desafiar –en el mejor sentido de la palabra- a aquellos que todavía dudan aún sabiendo y teniendo claro cuáles son sueños y sus anhelos. En mi caso, algunos de estos blogs fueron la brisa que avivó las brasas de mis ganas de viajar hasta convertirlas en llama.

Éste es mi pequeño homenaje a aquellos que admiro y que por lo tanto aspiro llegar a ser sin dejar de ser yo mismo. Algunos son mayores que yo, otros más jóvenes, algunos han visto más mundo que yo, otros menos, pero todos decidieron contar su historia de un modo me ha parecido especial y del que espero seguir aprendiendo.

Sean bienvenidos y espero que les inspiren tanto como a mí…

 

Los Destinos se cruzan en el Misisipi. Hsipaw, Myanmar

Hace un cuarto de hora que esta encantadora tailandesa de fuerte carácter nos está contando lo genial que es desvivirse por su novio belga. Lo razonable que es trabajar las mismas horas que él, para luego llegar a casa y hacérselo todo, mientras él sonríe y se lo mira. Todo esto se justifica y vale pena por momentos como éste. Romeo ha salido a buscarle a nuestra Julieta sus dulces favoritos, aquellos que de pequeña le hacía su abuela, y que venden a escasos doscientos metros del hotel. Romeo tarda, pero la tardanza está más que justificada, pues en el arte del amor, la espera es la antesala del éxtasis.

Y se presenta Romeo. Los dulces no los supo encontrar, pero su botella de medio litro de cerveza sí. A nuestra Julieta se le han puesto los ojos en blanco y las venas de la sien le palpitan a ritmo de cha-cha-cha, y desbordada por un ataque de cruda realidad increpa en flamenco a nuestro pobre Romeo.

Los planetas se han alienado y es un momento perfecto para preguntarle al bueno de Mike aquello de: “Tell me something about your childhood?” (cuéntame algo de tu infancia). La respuesta se precipita al instante: “When I was a kid I canoed down the Missisipi” (cuando era un crío descendí el Misisipi en canoa).

Mike, mi compañero de platea en este delirante Romeo & Julieta comtemporáneo, es un americano de Minessotta que luce corona de rastas y un rosario de tatuajes sin orden pero con mucho sentido a lo largo y ancho de su cuerpo. Cuando tenía 14 años andaba muy metido en mundo de la canoa, y ni corto ni perezoso, decidió con su mejor compañero de armas, embarcarse en su cascarón de nuez para descender río abajo, ni más ni menos, que el todo poderoso Misisipi. Los dioses quisieron que diluviara, que el río desbordara y que al quinto día, al amparo de un puente de autopista, tuvieran que abandonar la aventura.

Han pasado los años y Mike se ha convertido un auténtico hippie trotamundos, a punto de cumplir 50 países visitados en apenas 26 años. Estudió filosofía y su sentido común y experiencia vital le hacen reconocer que puestos a aprender un oficio, que sea uno que te sirva para ganarte el pan. Y aún así, sigue viajando, tatuándose y madurando.

La buena noticia es que su amigo se casó, tuvo hijos, y ahora que Mike vuelve a Minessotta, está listo para unirse a él y culminar la aventura que empezaron cuando eran tan solo unos críos. Con los pies en suelo, y la cabeza en las nubes, dos mundos y dos modos de entender la vida, aparentemente opuestos, se cruzan de nuevo para hacer realidad el sueño de dos chavales. Y es que nunca es tarde si la dicha es buena.

Soñé con banderines & seppukus. Tunxi, China

Un sueño, unos más de los muchos que me asaltan cada noche, y aún así vaya Uno.

A lo largo de mi vida los sueños nunca han sido premonitorios pero sí definitorios. Siempre han acabado por mostrarme claramente y sin tapujos lo que sin saber yo ya sabía. Han actuado como una especie de simulador emocional de la realidad, poniéndome al límite para experimentar en mis propias carnes situaciones extremas en el inocuo universo virtual de los sueños y así poder acabar comprendiendo mi realidad en ese momento dado. Empecemos pues:

 “Desconozco el entorno o la situación. El caso es que tengo frente a mí una mesa recostada sobre una pared y en esa pared hay un montón de telas de colores. Estoy a punto de suicidarme, mediante el ritual seppuku japonés -niños no me lean a Mishima!- que consiste en abrirse el estómago en canal con una espada corta. El caso es que al final no lo haré pero en su lugar tomaré un veneno que me matará. Todo está dispuesto, no hay motivo aparente y yo estoy en calma. La razón no está clara pero tampoco es el Tema. El ritual dispone que deje una especie de recuerdos o banderines de despedida a mis seres queridos donde les dirijo mis últimas palabras y me despido para siempre. El número de banderines es limitado y tengo que escoger de quién me despido y es aquí donde viene el problema. Hay demasiada gente a la que le quiero decir cosas que no dije en vida y de repente, con lágrimas en los ojos, me doy cuenta que prefiero vivir y decírselas en persona. Lo que ocurre después es irrelevante y ya no lo recuerdo. Fin del sueño“.