Referentes. Serge Maheu en “Un hombre y su cámara”

Serge es otro bloguero viajero que conocí en ruta y durante 3 semanas por Laos compartimos camino, destino y obsesión: la Fotografía.

Más que hablar de él – ya lo hice extensamente en su momento – , prefiero hablar de sus respuestas, pero sobretodo de su relación con su cámara y con la fotografía como ampliación de la consciencia durante el viaje. Realmente nunca lo llegamos a comentar en el tiempo que compartimos pero suscribo letra a letra y palabra por palabra su respuesta. La cámara como órgano externo de percepción no sólo visual, también sensorial. La cámara como instrumento de aproximación y conexión con el entorno y con las personas. La cámara como punto de apoyo para transmitir y compartir un mensaje: el de la belleza en los pequeños y en los grandes detalles, la belleza en todas partes, en lo “feo” y en lo “bonito”. Serge define a la cámara como su sexto sentido, yo siempre la pienso como mi tercer ojo. Le ponemos motes distintos pero significa lo mismo.

Les recomiendo que se paseen por su blog –“El hombre y su cámara– para deleitarse con sus fotografías, pero les “exijo” que le dediquen un tiempo extra a sus videos. Sólo se me ocurre una palabra: Exquisitos.

Serge es un informático que soñó con ser fotógrafo y que recientemente ha vendido su alma al arte del video. Serge no se conformó con lo que tenía y con el “cómo lo veía” y ahora tiene y ve más cosas gracias a sus cámaras y a sus lentes, y consciente del tesoro que atesora quiere compartirlo con nosotros.

Y a continuación la micro-entrevista a Serge Maheu en “3 preguntas con sus 3 respuestas”…

1. ¿Qué significa para ti “Un hombre y su cámara”?

Al principio, cuando tuve que decidir un nombre para el blog tenía en mente “El hombre de la cámara”, en referencia a una película experimental rusa del 1929. Es una película visual, sin argumento, actores o intertítulos. Antes de empezar a trabajar con vídeo yo era fotógrafo, de modo que todo lo visual y las imágenes siempre han sido muy importantes para mí. Pero acabé cambiando el nombre por algo más simple: Un homme et sa camera” (Un hombre y su cámara).

Representa bien quien soy cuando viajo: un hombre corriente con una sola cosa importante en su mochila: su cámara. El resto es fútil. Suelo viajar solo durante semanas y meses y mi cámara acaba convirtiéndose en mi mejor amigo, mi compañero de viaje. Nunca viajaría sin ella. Es lo que me da vida y me mantiene ocupado: Nunca me aburro con una cámara en mis manos. Me impulsa a tomarme mi tiempo al observar a la gente en su día a día, mirar los paisajes desde un nuevo ángulo, o ver pequeñas cosas en las que nunca habría reparado de no ser por la fotografía. Mi cámara se convierte en mi sexto sentido.

2. ¿Qué es lo que te gusta de tu Blog?

Es un blog sobre mi propia experiencia viajando, pero poniendo el énfasis en lo que perciben mis ojos y mis lentes –fotográficas-. No creo que sea muy diferente de muchos otros blogs, pero creo que a la gente le gusta porque su punto fuerte es la fotografía y las imágenes que narran una historia. Tan solo unas pocas palabras dan soporte al material gráfico y todo esto hace que sea fácil de visualizar y comprender para el lector.

Sólo muestro las que considero mejores fotos para intentar mantener un cierto nivel de calidad. No doy muchos detalles de cómo viajar, dónde ir, qué hacer, pero quiero brindar a la gente -especialmente a mi familia y amigos- la oportunidad de viajar conmigo. Pero por encima de todo, con mi blog y el material publicado, quiero mostrarles una mejor perspectiva de lo que realmente significa viajar por el mundo como mochilero.

 3. ¿Una canción que te inspire a viajar?

Svefn-g-englar, por Sigur Rós
Cuando escucho a Sigur Rós siento que floto y que viajo por el espacio. Su música es la banda sonora perfecta para un largo viaje en bus o un trayecto en tren a través de maravillosos paisajes montañosos. Fue especialmente genial durante mis últimos viajes a Islandia, las Islas Faroe y Escocia.

Dayvan Cowboy, por Board of Canada
La mejor pieza chill-out de todos los tiempos (The best chillout musical piece, the “best ever-ever”). Las imágenes del videoclip simplemente encajan perfectamente con la música. Cuando la escucho me entran unas ganas locas de irme lejos de casa , al espacio exterior, y volver más tarde para recoger la tabla y pasarme el resto de día surfeando.

Serge, el hombre y su cámara. Laos

Una de las preguntas clásicas a las que me enfrento cada vez que conozco a alguien en este viaje es: ¿Viajas “solo”? La duda parece implicar que viajar “solo” es un “problema” o que entraña una dificultad. Y es bien cierto que viajar “solo” (siempre con uno mismo) puede ser un problema y entrañar muchas dificultades. Pero si quieren que les diga la verdad, a mi parece mucho más difícil viajar en compañía que por cuenta propia.

¿Cómo debería ser el compañero de viaje perfecto? ¿Un mejor amigo, una novia, el primo lejano con el que siempre te llevaste bien? ¿O un desconocido con el que coincidiste a bordo de un bote en la víspera de año nuevo? En mi caso, el compañero de viaje perfecto tiene nombre propio, se llama Serge y se presenta como quebecuá. Y sí, nos conocimos en una mañana a las orillas del Nam Ou mientras esperábamos que un bote nos llevara hasta Muang Ngoi Neua. Nos caímos bien desde el primer momento, pero fue ver como agarraba la cámara durante el descenso cuando entendí que teníamos algo más en común que un destino al final de la jornada. Serge era un enfermo de la fotografía, no como profesión (de momento) pero sí como pasión.

Desembarcamos en el mismo puerto y por aquello de preguntar acabamos compartiendo habitación para abaratar costes. Y durante las siguientes tres semanas fuimos compañeros de armas a través de Laos. Cada uno a su aire, cada uno a su ritmo. Sin ningún pacto de antemano, sin ninguna amistad inquebrantable que mantener ni ninguna memoria común que construir. El no ser nada el uno para el otro fue la clave. Pero la clave de las claves fue que Serge, ante la duda o la adversidad, siempre ponía las cosas fáciles.

Una boina, unas gafas y una barba son el marco de una sonrisa bonachona y unos ojos sinceros. Serge es amable ante todo, educado por definición y un tipo duro que no se achica ante casi nada. Va de frente y también tiene hambre de momentos especiales y rincones con encanto más allá del camino marcado. También para él la búsqueda de la foto perfecta es más un modo de aproximarse y conocer otras realidades que la necesidad de un trofeo que enmarcar a la vuelta a casa.

Y así fue como día tras día se fue renovando el pacto de viaje, con la puerta siempre abierta para ambos, libres de bajarnos del tren a cada momento sin rencores ni explicaciones. Y fue así como a más a más de compartir gastos, compartimos la visión del otro al final de la jornada. No la de la vida de allá, la que dejamos atrás. Sino la visión y el entusiasmo de las cosas que el camino nos fue brindando y que con nuestras cámaras y escritos intentamos desmenuzar laboriosamente para sacarle el máximo jugo al bendito Ejercicio del Viajar.

Hay mil maneras de ver mundo, no lo dudo. Y habrá mil compañeros de viaje y mil maneras de interactuar por el camino. Yo me quedo con la sonrisa, la falta de prejuicios y la curiosidad por lo desconocido como aquellas 3 cosas imprescindibles que uno debería llevarse siempre de viaje en la mochila. Serge carga a cuestas con estas tres y con 10 quilos de material fotográfico a las espaldas. El bueno de Serge, el que siempre puso las cosas fáciles, el que siempre estuvo dispuesto a llegar un poco más allá para encontrar esa foto y vivir ese momento. Serge, El hombre y su cámara.