Postales. La Mar Salà. Angkaul Beach

No había caído en la cuenta, pero resulta que toda mi vida la viví frente al mar. Primero en Mataró donde sólo tenía que salir a la terraza del ático de mis padres para contemplar el Inmeso Vacío. Durante años coleccioné en un pequeño álbum los cielos que desde allí  fotografié.

Luego, durante los años de universidad, yendo y viniendo cada día a Barcelona, el mar siempre estuvo a mi lado. Siempre el Inmeso Vacío sobre el que pensar o descansar. Amaneceres solemnes a la ida. Dramáticos atardeceres sobre la silueta de Barcelona a la vuelta.

Siguió Helsinki, y desde la ventana de mi habitación seguí viendo al mar. Esta vez le acompañaban Cástor y Pólux, un par de árboles que bauticé y que durante aquel año me dieron los buenos días cada mañana. El mar en Helsinki se volvió tan frío que se congeló, y muchos días fui al Departamento dando un rodeo para poder caminar sobre el Inmeso Vacío, esta vez blanco y en silencio.

Y los veranos en Calella de Palafrugell, con ese mar tan rabiosamente mediterráneo de un azul que daña la vista. Un mar recortado a tijeretazos por acantilados y pinos funambulistas.

No me di cuenta que durante toda mi vida había vivido frente al mar hasta que lo reencontré de nuevo en Kep. Tras 3 meses viajando tierra adentro en un mundo de ríos y lagos, se abría de nuevo ante mí la perspectiva del mar. Ese Inmenso Vacío que me sigue llenando y que, al igual que los seres queridos, sólo te das cuenta de lo mucho que lo echaste de menos en el momento que lo reencuentras de nuevo.

 

Lo irreal de un día real. Tailandia

Me encanta cuando de repente oigo una canción que me recuerda a otros tiempos y a otras circunstancias completamente diferentes al momento presente: Estoy trabajando en las fotos, sentado en una cafetería frente a un Kentucky Fried Chicken justo al ladito del único enchufe disponible de la Estación de Autobuses del Norte de Bangkok. Esta tarde, mientras espero ocho horas a mi autobús para Mae Sot, he decidido poner U2 en el menú, y cuando ha sonado “with or without” la cabeza se me ha ido a aquellas tardes de lloreras quinceañeras en la discoteca del sábado, el “Privat” de Mataró.

Quién me hubiera dicho entonces que mi vida habría tomado estos caminos. Y no me refiero sólo al mi Viaje por Asia. Pienso también en los estudios de Arquitectura, en mi año en Helsinki, en la vuelta a casa, los viajes por medio mundo y los 5 años en Barcelona, con estudio propio de Arquitectura incluido. Como me gustaría reencontrarme con aquel chaval que fui, mirármelo a la cara y decirle que no se preocupara, que todo iría bien, que iba a ser genial, y que si no metía la pata la vida iba a ser con él extramadamente generosa.

Y ahora aquí estoy. Está mañana desperté al susurro de las olas del mar, en una Isla, frente a una playa de arenas blancas. Me vestí, preparé mi equipaje y fui hacia el embarcadero. Llegamos a tierra firme y en 3 horas volvía a estar en el corazón de la Super-Bangkok mientras cruzaba la ciudad en el Skytrain atiborrado de los thais más “in” del momento. De nuevo en la gran ciudad, tan sólo unas horas. Ahora estoy de nuevo en las afueras, en la estación de Mo Chit, esperando un bus nocturno que me llevará a Mae Sot, en la frontera con Myanmar, donde se concentran alrededor de 100.000 refugiados birmanos y donde Albert, Arquitecto y de Barcelona, me ha invitado a pasar unos días.

Y mientras espero para volver de nuevo a las montañas pienso en lo irreal que puede ser un día real: Isla Paraíso – Bote – Bus – Megalópolis Asiática – Kentucky Fried Chicken – Bus nocturno – Amanecer en las Montañas.