Mark Rothko, No. 14, 1960 © 2012 . All rights reserved.

Rojo Tono Alba. Pulau Perhentian, Malasia

Alba es un bofetón en la cara. Alba y su carcajada contagiosa es la prueba de que “no son las circunstancias, es lo que tú decides hacer con tus circunstancias”. No tengo una foto de Alba, pero tengo un cuadro de Rothko.

La primera vez que presencié un Rothko fue en Londres, en la Tate Gallery, me gustó pero no me impresionó. La segunda vez que presencié un Rothko fue en San Francisco, en el MOMA, y esta vez Sí me impresionó. Estábamos al final de aquel viaje épico de 6 semanas por los EE.UU. con Andreu y durante nuestra parada en Frisco nos dejamos caer por el museo para ver algo de arte moderno y poner algo de orden en nuestras vidas tras 5 días de locura viviendo en una hermandad universitaria al más puro estilo americano. No podría decirles nada de lo que vi porque lo único que recuerdo de aquel templo a la sensibilidad humana fue un gigantesco y magnético cuadro Rojo que me hizo, literalmente, vibrar. Era una Rothko Rojo. Pero era rojo y era púrpura y era granate y era negro y lo era todo y sentí cómo vibraba al fondo de la sala. Era un universo delimitado por cuatro costados y un supuesto único color, pero dentro de sus límites era todo eso y mucho más. Se expandía por momentos y parecía albergar todas las cosas en un mismo punto.

Todo esto viene a cuento porque me parece haber comprendido que unos límites no definen necesariamente unas limitaciones. Los límites suelen ser físicos e indiscutibles, pero las limitaciones suelen ser invenciones humanas, y como las tales, nos la ponemos nosotros, y como tales, lo mismo que nos las ponemos nos las podemos quitar: “no son las circunstancias, es lo que tú decides hacer con tus circunstancias”.

No sé nada de Alba. Sólo sé que cuando ríe lo hace con ganas. Que lo pregunta todo y que lo responde todo. Que acaba de pasarse año y medio viviendo en la India colaborando con la Vicente Ferrer. Que cuando nos conocimos viajaba con dos muy buenas amigas y mejores personas, Patty y Helena, y se les había sumado Marta hacía nada. También sé que aún teniendo claros sus límites nunca se impondrá ninguna limitación. Cuando toque bucear en arrecifes de coral y jugar con peces multicolores lo hará y lo disfrutará. Cuando el plan sea quemar la noche de Kuala Lumpur lo hará y lo disfrutará. Que cuando toque saltar del faro, subirá las escaleras a tientas y dará un paso al frente dispuesta a saltar al vacío y vivir la vida.

Alba sigue viajando al 200% sobre su 100%. Hace mucho que no sé de ella pero estoy seguro que sigue partiéndose la caja a la mínima que puede. Puede que los límites que le fueron impuestos de nacimiento no le permitan ver con los ojos, pero Alba parece ver y vivir cada momento con toda su alma más allá de lo que su sentido de la vista le permita.

No sé nada de Alba, pero pienso en ella cada vez que me sorprendo no viviendo el momento al 100%. Pienso en su curiosidad y en sus carcajadas cada vez que me sorprendo medio mustio sin motivo. Alba es una prueba irrefutable más de que vendrán tormentas, el cielo se tornará negro y estará todo perdido y el mundo será de los que no lo merezcan. Pero la vida, la vida es y siempre será de los que hayan aprendido a captarla y a vivirla, y ese es por encima de todos, el más valioso y preciado de todos los sentidos. Pero con éste no se nace. Éste, se conquista.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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