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Remiendos. Rantepao, Indonesia

Al final he tenido que ceder ante la evidencia: estos pantalones se caen a trozos. Voy paseando mi virginal muslo derecho a través de un tajo de más de un palmo, el último de una interminable secuencia. Los descosidos y los remiendos se cuentan ya por más de una docena, y por cada recosida se abren dos brechas más.

Algunos de estos remiendos podrían ser calificados de épicos. Auténticas obras de ingeniería, remachados cual buques de guerra de la primera contienda mundial. Otros son auténticos cantos al optimismo sin límites. Pongo por ejemplo el remiendo de Sengiggi que cerró discreta y elegantemente una fuga de casi palmo y medio en la entrepierna, la derecha también, la que siempre avanza primero. Pura fe ciega en la destreza de una costurera sin rostro que insufló nueva vida a los pantalones que tendrían que llevarme a la cima del Rinjani. Y se preguntarán a cuento de qué viene esta “Oda al traperío”.

Cuando viajas con tan poco a cuestas cada objeto adquiere una singularidad especial. Con los ojos cerrados podría cantar de carrerilla todo lo que cargo en la mochila, y con los ojos cerrados también podría recordar los momentos en los que me han acompañado. Estos pantalones en concreto ya estaban en las llanuras de Litang y durante los últimos once meses han caminado conmigo, han sudado conmigo y han dormido conmigo. Al final de cada etapa parecían listos para el desahucio, pero siempre aparecía una lavandera diligente e implacable, y por arte de magia recuperaban el color y la compostura. Aparecieron los primeros rotos y empezó el rosario de remiendos. Cada remiendo una cicatriz, y cada cicatriz una historia, un recuerdo y un pedazo de memoria plasmada en un tapiz maltrecho que vestía y lucía con orgullo.

Siempre he sentido un especial cariño por la ropa que me ha vestido y calzado. Mis padres serán testigos que esto que cuento no es nuevo, y que siempre me costó deshacerme de las cosas muy usadas. Y pienso que mi batalla contra los rotos y la defensa a ultranza de mis remiendos tienen que ver con mi visión del mundo en general, y con la visión de Mi Gente en particular.

Siempre he sentido un gran orgullo callado por el hecho de tener muchos amigos que lo son desde hace muchos años. Y cuando digo amigos, quiero decir AMIGOS. Y con los años, a los de la primaria se sumaron los de la secundaria, y a estos los de los veranos, y a estos los de la universidad, y luego vinieron los de Barcelona. Estas relaciones de larga duración no son ni puras ni inmaculadas, están vividas y gastadas, y en algunos casos también tienen algún que otro sonado remiendo. Y a pesar de eso, a pesar de que algunas hayan pasado algunas temporadas en el fondo del armario, para mí siguen siendo tan válidas como el primer día. Y si tienen remiendos mejor que mejor.

Al igual que mis pantalones los luzco con el orgullo de saber que dándose por perdidos se les puso cariño y remedio. Y ahora esos remiendos que son cicatrices pueden contar una historia que, siendo siempre distinta, siempre es la misma. Que un revés no es el final. Que mientras haya partido siempre vale la pena seguir jugando. Que nada ni nadie es perfecto e inmaculado. Y también se cuenta aquí aquella otra historia, la de que es importante aprender a saber ver y entender que hay momentos en los que hay que aceptar lo evidente. Que hay ocasiones en las que ni todas las buenas intenciones del mundo podrán remontar el resultado. Que hay que aprender a saber dejar partir. Que estos pantalones se caen a trozos y que por cada remiendo que les hago, les salen dos rotos más.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

10 Comentarios

  1. CRU

    com sempre, no ho podries haver dit millor!

  2. magda

    que bonito escribe ustez, oiga!

  3. Laia

    Tremendo! Gràcies Franc per deixar-me sentir partícep de la teva amistat en la parcel·la dels “amigos de los veranos” :P

  4. Daniel

    Me divertió mucho leer esta entrada, llegué aqui porque buscaba como remendar mi pantalón que es muy parecido al de la foto, que es mi favorito porque es comodo y tiene bolsas laterales que me permiten cargar varias cosas y encontré algo más.
    ¡Saludos desde México!

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