Puertas Traseras. Ban Lung, Camboya

Entrar a un país por la puerta trasera, lejos de la capital, allá arriba en las provincias del norte, donde los días transcurren más despacio. Así entré en Camboya, a través del puesto de Dong Kralor, frontera con el vecino Laos. Y nuevamente quise experimentar ese lento aproximarse a la gran ciudad, ese ir y venir por las provincias y las zonas más remotas y menos visitadas del país, donde la supuesta falta de atractivos las convierten en buenas atalayas de observación de la discreta realidad que queda oculta en los viajes de pocos días.

La primera parada fue Stung Treng y me gustó ese primer contacto con la realidad del país. El primer paseo por las calles, la primera incursión al mercado del pueblo y la primera cascada de pequeños detalles que empiezan a marcar la diferencia con los países vecinos. Un pueblo donde había poco que ver, y aún así, por sus 4 calles interesantes y su puesta de sol ante el río ya valió la pena hacer noche. Stung Treng es ciudad de fronteras y yo andaba de paso, camino de Ban Lung, la capital de la remota provincia de Ratanakiri.

Cruzábamos la llanura bien apretujados al fondo de una minivan. A cada lado de la carretera queda un paisaje que difícilmente se podía denominar bello. Y no es por un tema de gustos, que casi todo paisaje intocado podría definirse como bello a su manera. Pero éste es distinto. Hay una especie de desorden y suciedad introducidos por el hombre. Son los cadáveres carbonizados de grandes árboles que se alzan solitarios contra el cielo azul. Son insípidas llanuras de rastrojos que se extienden hasta donde alcanza la vista. Y son sus chabolas y las humildes casas de madera y bambú esparcidas a los márgenes de la calzada. Hará apenas dos días que crucé la frontera y es dolorosamente patente que Camboya es un país pobre, más que Laos y más que Myanmar. Al final, al acercarnos a Ban Lung vemos más y más plantaciones de caucho, tan sistemáticas y torpes. No es bello, aunque pueda tener su encanto, y me parece que es así como imaginaba las llanuras de Camboya.

Ban Lung era otra de esas ciudades sin encanto que me gustó. Siempre el follón del mercado y todo lo que le rodea: suciedad, mercancías y basura en abundancia. Me atraen estas escenas hiper-densas: Mucho de todo, bien junto, bien superpuesto. Da igual que sean personas, edificios, rótulos o gritos. En las tres calles interesantes de Ban Lung alrededor del mercado se podía encontrar una pequeña porción de ese universo subterráneo que cruza el globo y que puede emerger en cualquier momento bajo cualquier forma: en la trepidante densidad de las calles de Hong Kong, en los balcones de los patios de manzana del Raval en Barcelona, o en una fachada vegetal de la decadente Yangon. Lo dicho: mucho de todo, bien juntito y bien superpuesto.

Y el resto de mi día coincidió con la celebración del año nuevo chino, el Año del Dragón. Andaba sobrado de tiempo y fuerzas y decidí acercarme hasta el lago Yeak Lom dando un paseo.

¿Cómo definir esa genial primera toma de contacto con la realidad de la gente de Camboya? Digamos que yo sólo iba a darme un chapuzón en el cráter de un volcán que ahora es un lago. Pero me liaron unos camboyanos y al final tuve que ceder, para acabar tomando cervezas con el dueño de la feria ambulante, su familia y sus amigotes, y acabar zampándome un panel de abejas en escabeche (de esto me enteré al cabo de media hora, las abejas estaban dentro, muertas, por cierto). Y al final, conseguí marcarme el susodicho chapuzón, y al salir, otros chavales me volvieron a liar, y por no quedar mal, acepté. Fue sencillamente increíble poder disfrutar del efecto dominó de la generosidad camboyana, y lo que tenía que ser un sencillo chapuzón se convirtió en una lección de cómo funcionan las cosas aquí.

Volví sobre mis pasos con una gran sonrisa en la cara. Dejaba atrás, no la celebración del Año del Dragón, pero la celebración del buen corazón y la alegría de esta gente. Cargado de sonrisas, brindis y afecto, y encantado de haber empezado el libro por el final, la casa por el tejado. Encantado de haber entrado a éste país por la puerta trasera, lejos de los focos y los grandes escenarios que estaban por venir.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

Leave a Reply

Tu email no será publicado
Los campos necesarios están marcados con *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title="" rel=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>