Postales. Una vela en Taman Negara © 2012 . All rights reserved.

Postales. Una vela. Gua Kepayang

A fuera hay tormenta y aquí dentro hay una vela encendida. A fuera llueve a cántaros y a cada rato el cielo estalla haciendo de la noche día.

A buen resguardo y con la mirada fija en esa vela, mi mente se catapulta al pasado, a las tormentas de mi niñez, cuando era noche cerrada y a veces saltaban los plomos. Corríamos mi hermano y yo por el piso clamando lo evidente, gritando “¡Se ha ido la luz! ¡Se ha ido la luz!”. Aparecían entonces las velas y se hacía de nuevo la Luz, pero ésta era distinta, ésta era especial. Siempre las mismas velas bien guardas en un estante de la despensa, en el bote de la tapa naranja, aguardaban durante meses a la espera de un nuevo apagón para poder salir y volver a prender. Habría muchas más, feotas y medio rotas, pero yo recuerdo sobre todo la del bautizo -el de mi hermano Xavi o el mío, quién sabe-, toda ella recargada de florituras muy pascuales.

Durante unos minutos y por arte de magia, al prender la llama la casa se transformaba en otro lugar. La oscuridad la hacía más grande y más densa, y el silencio y la calma se hacían más y más profundos. Pasear por la casa en la penumbra, siguiendo el rastro del resplandor de las velas que se derramaba por los pasillos y rebotaba en las ventanas y en los mil reflejos de la lámpara de araña del comedor. ¿Y qué decir de los espejos? Es en la oscuridad y a la luz de las velas cuando los espejos se transforman, volviéndose objetos tenebrosos que devuelven imágenes nuevas, imágenes que ya dejaron de ser el simple reflejo de la realidad. Pasear por la casa en la penumbra, siguiendo el rastro de las voces de mis padres o de mi hermano. Voces que la oscuridad tornaba en ecos, murmullos, susurros o los gritos de mi madre: “Franc! ¿Dónde estás?”.

Me encantaban esos momentos pero la alegría me duraba poco. Siendo un niño de ciudad nacido en los tiempos modernos no entendía la diversión de una noche sin electricidad y pronto me aburría. Finalizada la exploración de todo el piso sólo me quedaba esperar hastiado y ansioso a que volviera la luz para ir corriendo a encender la tele y comprobar que efectivamente de los enchufes volvía a manar el precioso fluido eléctrico.

Pasaron los años, y las velas y su luz pasaron a significar cosas nuevas. Velas alrededor de las cuales se ocultaban mejor las vergüenzas y los miedos, haciendo más fáciles las confesiones entre amigos en aquellas tardes de sábado durante los primeros años de universidad. O las 200 velas que alguna noche ardieron a la vez en un ático de Barcelona, bajo La Roof, inundando el salón de una luz tan cálida y tan intensa que bien podría haberse desbordado por el balcón hacia la Gran Vía, derramándose lentamente por la fachada como una cascada de una lava ligera e inmaterial.

Y ahora una vela arde de nuevo en el suelo de esta cueva, Gua Kepayang, en el corazón de una jungla muy antigua llamada Taman Negara. Una vela que adquiere un nuevo significado. No hay nada que explorar, no hay nada que compartir, nada está a punto de desbordar. Hoy esta vela sólo significa silencio, calma, reposo. Esta vela que me ha hecho pensar en el pasado ahora me invita a recostarme sobre mi lecho para contemplar con la mente en blanco las siluetas recortadas de unos árboles y unas palmeras que asoman a la entrada de esta cueva. Unos árboles y unas palmeras que a cada nueva descarga cobran nueva vida al tiempo que danzan al son de los vientos de la tormenta y de la noche.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

6 Comentarios

  1. A

    Fantástico y personal ‘Elogio de la sombra’
    Un placer leerlo.

    • Ostras! Pues la verdad es que no había caído en la conexión pero sí, seguro que hay algo del “Elogio de la Sombra”. Cómo me encantaría volverlo a releer ahora que lo has nombrado! ;D
      Una abraçada!

  2. Bernard Kamawidjaja

    Hola Franc,
    Sóc indonesi i fa 34 anys que visc a la teva ciutat Mataró.
    Quan tornis a Mataró podrem veure’ns per escoltar les teves aventures al meu món asiàtic. El meu telèfon ès 00 34 93 799 46 01.
    Tinc una amiga alemanya, Ulrike Sellmann, que havia treballat a Malàisia i Sulawesi, Indonèsia , com a catedràtica de llengua alemanya a les universitats.
    Durant 8 anys vaig impartir cursos de llengua indonesia a Casa Àsia a Barcelona.
    Segurament ja parles tants idiomes asiàtics!
    Quina llàstima amb el meu passaport indonesi no he pogut viatjar gaire. Ningú vol ciutadans de països pobres com a turistes…
    Seguramant ella tambè será encantada de conèxer.t.
    Salutacions,
    Bernard

    • Bones Bernard,

      Doncs no ens coneixem però per les 6 setmanes que porto al teu país ja puc deduir que ets bona gent i que haurem de fer unes canyes quan torni a Mataró ;)

      Una abraçada i un Visca per la Gent d’Indonèsia! :D

    • Per cet Bernard: Alguna cosa fora de la ruta Standard que no m’hauria de perdre per res del món a Indonesia!? He passat ja per Sumatra, però estic a Java i tinc per davant tota la resta ;)

Leave a Reply

Tu email no será publicado
Los campos necesarios están marcados con *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title="" rel=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>