Phnom Penh en 5 tomas. Camboya

Las ciudades no son, las ciudades se viven. Phnom Penh puede que no sea muchas cosas, pero por casualidades de la vida yo la viví tan intensamente y de tantas formas que ahora me parece que su tamaño en mis recuerdos es mayor que su tamaño en la realidad. Si tradujéramos mi paso por la ciudad al mundo del cine, el resultado sería una película donde 5 historias yuxtapuestas sin orden ni sentido contarían el mismo evento: 5 jornadas de paso por Phnom Penh.

Toma 5. Humo, luces y música. La noche de Phnom Penh ofrece fiesta, mucha fiesta. El pulso de las ciudades no sólo se mide por sus avenidas, sus monumentos o sus mercados. Diós sabrá cómo se llamaba el club donde bailamos, reímos y saltamos. Yo por supuesto no tengo ni idea ni del nombre ni de cómo hemos llegado. Me dejo llevar por Sebastian y sus amigos, y ya hace rato que todo me parece fantástico. Sebs es mi segundo anfitrión de CouchSurfing en Phnom Penh y tuve la suerte de ir a parar a buen lugar con buena gente. Mientras 3 espectaculares travestis bailan una coreografía perfecta al ritmo de J.Lo & Beyoncé me preguntó dónde quedan todos los callejones que recorrí. Dónde están las sonrisas y todas las miradas chispeantes que me crucé mientras deambulaba medio perdido. Dónde quedan todas las miserias y el dolor de esta ciudad y de este país. El Ritmo de la Noche manda y, como siempre pasa, perdemos a Sebs, pero su compañera de piso reconduce la noche y le encontramos en un bar de mala muerte con baños alicatados de pura poesía. Tuk Tuk hyper-repleto hasta la bandera y bocadillo callejero en la madrugada de una noche que sabe a esa alegría de vivir que sólo las veladas memorables de fiesta urbana pueden y saben dar.

Toma 4. Esta mañana ha amanecido lluviosa y en lo que se tarda en llegar en moto desde casa de Sebastian hasta un super-hotel de lujo, yo, Franc Pallarès López, he pasado de ser Arquitecto a convertirme en Merchandising Assitant. Hoy ando de gala con la única ropa formal que cargo en mi mochila: unos tejanos baratos que compré en Mae Sot y una camiseta azul celeste que arramblé en Chiang Mai. Sentadito en el hall de este lujoso hotel espero a que Lucía y sus compañeras me recojan. Los dioses quisieron que esta amiga del instituto estuviera trabajando en Phnom Penh los mismos días que yo andaba de paso. Era, de hecho, la primera persona de la vida pasada que se cruzaba en mi viaje, y cuando la noche anterior, entre broma y copichuela me propuso que las acompañara al día siguiente no me lo pensé dos veces. Han venido en representación de una importante marca de moda española y el plan del día es visitar dos fábricas en la periferia de la ciudad. Sé que les parecerá aburrido, pero a mí me resultó super interesante ver y saber dónde y cómo se hacen las ropas que a buen precio vestimos ustedes y un servidor. Espacios extraños, protegidos por sorprendentes medidas de seguridad, que albergan las naves donde se hacen los jerséis y las camisetas que nos harán lucir tipito en el día a día de nuestra vida, a miles de quilómetros de estas mujeres que trabajan bajo un cielo blanco de luces de neón. Ver como se hacen esas prendas que a nosotros nos parecen tan baratas. Y lo son, claro que lo son. Son baratas porque el precio no lo pagamos nosotros, lo pagan estas personas con unos sueldos de escándalo y con unos inexistentes derechos laborales. Los trabajadores son todos camboyanos, pero los interlocutores son todos chinos. Una muestra más de la realidad que de este país, a la merced de sus vecinos para prosperar o para sucumbir a los intereses foráneos en nombre de su desarrollo. Y todo tutelado por un gobierno corrupto a más no poder que nos lleva a la siguiente Toma.

Toma 3. Camino sobre un Mar de Arena y cuando miro al horizonte veo a lo lejos la borrosa silueta de la ciudad. Si giro la cabeza y miro atrás, tengo la sensación que el Mar de Arena avanza también en ese sentido y parece que algunas casas de la orilla están a punto de ser engullidas. Pero eso no sucederá. Este mar tiene límites que existen desde tiempos inmemoriales. Esto era antes un lago, el Boeung Bak, y en el margen de ese lago miles de familias humildes sobrevivían como sobreviven todos los pobres de este país: con la dignidad que da tener un trabajo para mantener a los suyos. Pero algún lince de los negocios y del desarrollo le echó un vistazo al plano de la ciudad y vio que junto a ministerios y hoteles de lujo, había un gran vacío sin aprovechar, el Lago. Y fue así como por cuatro chavos se concedió una licencia de uso de los terrenos, que fueron drenados y rellanados de arena. Sus humildes habitantes fueron echados a patadas, reubicados en la periferia de la ciudad, sus casas demolidas y el lago sepultado por la ambición y el desprecio de los que teniéndolo todo quieren más. Fue relativamente fácil: los afectados eran pobres, sin estudios y débiles por no tener voz ni voto. Otra victoria para la falta de escrúpulos y la miseria de almas que son incapaces de sentir el sufrimiento del otro como suyo. Esto es Camboya.

Toma 2. Dicta el guión que cuando se trate de atardeceres siempre siempre siempre, debe haber una playa de por medio, con su mar, sus nubes y su brisita. En Phnom Penh, el atardecer perfecto tiene lugar en el Estadio Olímpico. Éste es un templo a la gloria de arquitectos anónimos que supieron cómo infundir solemnidad al hormigón armado. Éste es el lugar donde los atardeceres en la ciudad alcanzan mayor glamour. Diviértanse mirando el partido de fútbol de la liga local, perdiéndose por el genial polideportivo al ritmo de los freestylers camboyanos. Bailen al son del Techno más duro con las abuelitas de la ciudad. Toquen el ukelele con niños de mofletes regordetes. Todo eso y mil historias más tienen lugar en los atardeceres urbanos más palpitantes y menos tópicos de todos los tiempos, en un Estadio Olímpico que nunca albergó olimpiada alguna.

Toma 1. Y mientras tanto ¿Dónde anda la ciudad de Phnom Penh? Esquinas como cantos rodados que no puedo parar de fotografiar. Mercados en los que me pierdo y pensado que ya lo había visto todo, descubro un laberinto de salones de belleza bajo techos de hojalata: peluquería, manicura, mascarillas, mechas, extensiones, masajes, peelings. ¡Qué bueno! ¡Qué mundo! ¿Y luego? Luego el caos y los hedores del mercador ruso. Un laberinto en tres niveles y el mar de parasoles verdes y amarillos que lo rodean y que me hacen pensar en un estanque urbano de gigantescos nenúfares de lona. Y bajo los toldos flores y plátanos. Y en uno un hombre descuartiza un cerdo que se le escurre resbalando por el tablón, húmedo de sangre, de agua o de sudor. Ruido de motos que rugen en todas direcciones bajo la atenta mirada de fachadas mugrientas que recuerdan tiempos mejores. Cafés de corte occidental con aire oriental que con buen gusto seducen a la gente de bien. Mi cena en un bar de carretera, más allá del puente Japonés mientras esperé 4 horas a que mi primer anfitrión volviera a casa. La clase de dicción inglesa que di a un policía muerto del aburrimiento que me detuvo a medio cruzar del puente bajo aquel sol de justicia.

Toma 0. Dolor, tortura, sinrazón, miedo. No se puede venir a Phnom Penh y no pasar por “La Escuela” ni dar un paseo por “Los Campos”. Una parte de la historia reciente del país sin la cual es imposible comprender el porqué de demasiadas cosas que todavía ocurren en Camboya. Una parte de la historia que merece un punto y aparte y que tendrá que esperar al siguente post.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

8 Comentarios

  1. CRU

    saludos a Lucía! ;)

  2. darder

    Bon post! He quedat tant enganxat al text com a les fotos.
    Salut

  3. Vips

    Soy fan de los ‘baños alicatados de pura poesía’!!!!
    Las fotos de la disco son espectaculares y la toma 2 no tiene precio.
    No sé si me emociona más lo que leo, o lo que veo.
    :-)

  4. Franc m’ encanta llegir els teus escrits, ets un tio genial segueix el teu cor i arribaràs molt lluny . Petons

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