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Palos de Ciego. Kolkata, India

El sol se alza preciso por oriente en un nuevo amanecer en Kolkata. Camino a tientas por Alimuddin Street en dirección a la ‘Casa Madre‘ cegado por las lagañas y la luz del sol que me da en la cara. La mezquita de turno berrea por sus rimbombantes altavoces plateados la llamada a la plegaria del momento, la segunda del día a juzgar por mi sufrida experiencia en Indonesia. Y al frente, saliendo al paso de una calle medio desierta en una ciudad medio dormida, me cruzo con una silueta envuelta en una nube de polvo que avanza lentamente hacia mí. Un susurro, una sombra a contraluz que deambula arrastrando los pies.

Nuestro encuentro dura un instante, apenas unos segundos, pero aún hoy, pasados los meses, todavía pienso en él. Primero distingo su ‘kufi’ -gorrito musulmán- para luego entrever que va con un palo por delante, para finalmente descubrir que no es un palo, que es tubo fluorescente. Este señor es ciego y ante la postal del momento se me encoje el corazón…

Que en Kolkata -ciudad de caos abrasadoramente desbordante, paradigma de la ciudad hostil por antonomasia, donde cruzar la calle con dos ojos y dos orejas ya es una aventura- este hombre se abra paso a través de 14 millones de almas con un tubo fluorescente por delante es un prodigio y un sinsentido. ¿Desamparo? ¿Inocencia? ¿Candidez? ¿Desesperación? ¿Fragilidad? Fragilidad… la de su existencia y las existencias de esos otros tantos millones de seres humanos que penden de un hilo y que parecen ganarle la partida a la injusticia de haber nacido en esta ciudad, lugar maldito, pelando por cada bocanada de aire.

El milagro de haber sobrevivido, el coraje de seguir hacia adelante, como sea, con lo que sea, aunque lo único que se tenga a mano sea un triste tubo fluorescente que alguien abandonó en un rincón y que por el momento, por muy frágil que fuere servirá hasta que deje de hacerlo, hasta que estalle en mil pedazos y ni recoger los trozos valga ya la pena. Y entonces, volver a levantarse, volver a caminar a tientas hasta encontrar una nueva vara, otro nuevo bastón, lo que sea, como sea, porque en la nada y ante la nada cualquier ayuda es una bendición, aunque nomás valga para llegar hasta la próxima esquina, aún a sabiendas de que con ella puede que lo único que consigas sea cruzar la próxima calle. Lo que sea, como sea, dando palos de ciego al amanecer de este nuevo día envuelto en una nube de polvo, peleando a cada paso por la siguiente bocanada de aire.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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