Mi primer Volcán. Berastagi, Indonesia

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Yo nunca antes había estado en un volcán y ahora mismo acabo de llegar de uno, mi Primer Volcán. Se llama Gunung Sibayak y puede que no sea ni el más grande ni el más espectacular, pero es mi primer volcán y hoy, merodeando por el borde de su cráter, corriendo arriba y abajo entre las rocas y echándole un ojo a las fumarolas me he sentido como el niño más feliz del mundo. La de hoy no ha sido una experiencia de adulto, lo de hoy ha sido volver a ser crío y pasearme despierto por un decorado de ensueño. Duro y escarpado, sí, pero sublime y sutil en sus muchos matices, como a mí me gusta.

A pesar de lo contento que estoy ahora tengo que confesar que cuando me he despertado esta mañana me lo he pensado dos veces, o puede que hayan sido tres. En Berastagi ya está fresquito de por sí, de hecho, durante las noches duermo con toda la ropa puesta y dos mantas y paso justito. Y hoy se levanta el día nublado y chispeando. Me hago el remolón en la cama, bajo las mantas, como el niño chico que no quiere ir de excursión y que prefiere hacerse el malito para quedarse en casa viendo la tele. Pero esto del viajar solo, sin nadie que te arrastre, obliga ante todo a mucha disciplina, y me repito aquello de que “¿De tan lejos viniste para quedarte en la cama?”. Ok, vale, arriba chicos que hoy toca ir de excursión y en el menú hay un volcán cuya fama es la de ser el más facilón de todo Indonesia. Día nublado, volcán fácil, creo que podré con ello.

No me visto porque ya llevo la ropa puesta de la noche –ventajas del frío-, salgo a la calle y desayuno al más puro estilo makassar padang indonesio, arrocito con vete tú a saber qué, mucho picante y tempe, que no me falte el tempe. Opelet amarilla -autobús local- en la acera de enfrente y en veinte minutos estoy en la entrada, paga simbólica y por delante un par de horas de ascensión. Y con todas las ganas del mundo me aburro como una ostra durante la siguiente hora y media. Nada que ver, día feote, nadie por el camino y para colmo una buena cuesta al final. Llego a un llano intermedio para no encontrar la escalera que me la han puesto detrás de todo ese mogollón de arbustos –cualquiera la encuentra-. Esto no promete nada, pero de repente la vegetación empieza a cambiar, se vuelve arisca, primitiva, y la escalera adquiere tonos épicos –ni Moisés subiendo al Sinai- y todo se va quedando pelado mientras el viento silba y me zarandea si me despisto. Primer salto de alegría al ver las tres fumarolas que echan humo, purito humo venido de las entrañas de la tierra. Esto ya es otra cosa.

Me lo tomo con calma, saboreo mi presa lentamente, rodeándola, buscando el mejor ángulo de aproximación y cuando la tengo a tiro, disparo. Una tras otras las instantáneas y los puntos de vista se suceden dejándome totalmente extasiado. Éxtasis de principiante que como no sabe no espera, y lo que no se espera es que tras la loma se oculta el cráter y cuando termino por subir la cuesta me quedo con la boca abierta y los ojos como platos. Estoy tan contento, estoy tan alucinado. Puede que no sea el volcán más grande, ni el volcán más espectacular pero yo ando tan contento como un niño el día de reyes.

El enorme muro negro que se alza sobre la laguna de arenas blancas y pálidas aguas turquesas. El amasijo de rocas desmenuzadas que hierve en vapores sulfurosos, una lluvia amarilla que mancha la negra roca y haciéndola brillar de amarillo fosforescente. Los senderos de tierra parda que zigzaguean por todos lados moteados en algún punto de una vegetación escuálida que debió perderse por aquí hace mucho tiempo y que no supo encontrar el camino de vuelta. Lo que viene después son más de dos horas dando vueltas sobre mí mismo, sobre el volcán, descubriendo un par de tiendas ocultas –qué buena idea acampar aquí por la noche bajo la luna y junto al volcán- y vueltas y más vueltas.

No sé dónde estoy. No sé si he viajado en el tiempo, cuando la tierra era un lugar inhóspito y muerto. No sé si viajé en el espacio ¿Esto era la Luna o era Marte? Y tampoco sé si he viajado en la imaginación ¿Crucé las llanuras de Gorgoroth hacia el Monte del Destino? Me lo pienso ya de vuelta en Berastagi, sentado en un puesto cerca del mercado, donde una señora me acaba de servir una mazorca de maíz a la brasa untadita en purito picante chingón. Sudo la gota gorda mientras el día se rompe y finalmente se pone a llover. Van que se me saltan las lágrimas por el picante pero me sabe tan rico que ya me he pedido otra mazorca mientras sigo pensando en la excursión de hoy y en lo que genial que es poder seguir disfrutando la vida como un chaval de 10 años que por primera vez estuvo en un volcán, su primer volcán, Mi primer Volcán.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

2 Comentarios

  1. Carla Stamm

    Me ha dicho Rodri que si me gustaba la buena fotografia tenia que ver tu blog.
    Estoy impresionada !!! que fotos!! te hacen sentir que estas ahi.
    Gracias. Sigue asi ! .

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