Marcha Atrás. Tentena, Indonesia

Hay que deshacer el enredo y Sulawesi de por sí ya es un buen embrollo. Una isla que vista desde el aire luce una silueta surrealista que me recuerda a algún habitante de las constelaciones que pintó Miró o a los monstruos bidimensionales que plasmará Picasso en sus lienzos a principios de los años 30. Extensa, informe y muy montañosa. La combinación de estos ingredientes hace que cruzarla sea todo un ejercicio de determinación, y en mi caso, por partida doble, pues lo mismo que fui, al final tuve que volver. David y Jesús ya habían aterrizado en Makassar mientras yo seguía esperando mi barco en Wotong, y mis 4 días de retraso los pagué con una visita fugaz a Tana Toraja antes de que nos embarcáramos en una jornada maratoniana para cubrir el trayecto de Rantepao a Ampana en una sola –y larguísima- jornada de viaje.

Ahora, tras el Edén, tras haber saboreado Cadáveres Exquistivos y tras haber buceado frente a murallas coralinas a más de 35 metros de profundidad en las costas de Una Una, ahora me toca dar marcha atrás. Volver a Wakai para tomar el barco que nos lleve de nuevo a Ampana. Volver a disfrutar una vez más del trayecto por mar mientras me despido de estas aguas turquesas avistando poblados de pescadores escondidos en los recodos más insospechados de este archipiélago.

Vas en el barco y como lo ves todo a lo lejos piensas “¡Ya estamos!”, pero que va. El trayecto se hace infinito y al final acabamos llegando a Ampana con el sol batiéndose ya en retirada. Quisiéramos seguir avanzado, al menos hasta Poso, para no tener que pasar otra aquí. Pero es desembarcar e ir a buscar un coche que nos dicen que nos podría llevar a Poso por un precio razonable y volvemos a la pesadilla de la Temporada Alta, vuelven las mentiras y los preciosos abusivos, vuelven las prácticas mafiosas.

Primero resulta que por hoy ya no hay más buses. Luego resulta que la carretera está cortada –pero más allá del cruce que nos llevaría a Tentena- y aún así eso quiere decir que no hay coches disponibles. Pero mira por donde tenéis suerte -sí claro- porque yo tengo un primo que os podría llevar -cobrando una millonada-. A mí todo me huele muy mal y mientras los otros esperan decido acercarme a la estación de bus para efectivamente comprobar que hay una minivan disponible que sale ya y que nos cobra el precio local. Con éstas llega Matt -el suizo de las Togian- que también andaba preguntando por el pueblo, y ya lo tenemos todo apalabrado cuando aparece el “primo salvador” del coche insultantemente caro y empieza a achuchar al conductor del bus para que no nos coja y pueda él sacarnos los ojos al precio que le dé la gana. Nos metemos por en medio diciéndole al busero que nos vamos ya y que le den morcillas para el macarra mafioso del pueblo.

¡Y allá vamos! Atrás queda Ampana y los sinvergüenzas de turno –con lo majos que son los Indonesios qué rabia da tener que tratar con esta chusma- y esta noche dormiremos en Poso. Somos 6 y el bus es todo para nosotros, para disfrutar del paisaje mientras contamos batallitas. Unas vistas espectaculares las de este tramo de costa mientras se pone el sol tras bosques de cocoteros y acantilados agrestes a la orilla del Golfo de Tomini. Cena rápida en uno de los muchos restaurantes de pescado locales que jalonan la costa y sobre las 10 ya estamos cada uno en su cama. Noche de paso y desbandada general de buena mañana. De 6 ya sólo quedamos 3 -yo y la pareja francófona de la Togian-  y montados cada uno en la parte trasera de una moto llegamos a la estación de buses para tomar el próximo dirección Tentena: 8 horas más de minivan por estas carreteras de montaña estrechas y de curvas sin fin.

Pasé un par de dos noches aquí, con el intento frustrado de sacarle todo el jugo a algo que parecía prometer. Y alquilé una moto y me acerqué a la cascada de Terjun Salopa, y me paré por el camino, y estuvo bien volver junto al lago y hacer un poco la mona junto a la orilla con los nenes. Pero Tentena queda a medio camino entre dos grandes destinos: por un lado las Togian, por otro la tierra de los Toraja. Así que teniendo en cuenta lo que dejaba atrás y lo que tenía por delante, Tentena fue una de esas paradas totalmente prescindibles.

Amanece de nuevo así que venga va, un último tramo de bus y esta noche finalmente duermo en Rantepao. Sólo que Sulawesi, sus carreteras y sus redes de transporte público tienen sus lógicas propias, y a escasos 50km de Rantepao me comunican que hoy el viaje termina en Palopo. Otra noche más de paso en tierra de nadie y mañana ya sí que sí. Mañana, finalmente regreso a Tana Toraja para enfilar mi paso por el que será mi último destino en Indonesia tras 3 meses y medio saltando de isla en isla.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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