Luz de luciérnagas. Trekking Ratanakiri, Camboya

La mayoría de la veces la gente cree que un viaje como éste es una secuencia continua de lugares increíbles, personas fascinantes y momentos inolvidables. A veces es así, otras no. Todo varía y fluctúa enormemente y son tantos los factores en juego que difícilmente puedes anticipar cuál será un gran día y cuál no. Lo que sí les puedo garantizar al 100% es que un viaje como éste sí es una secuencia continua de silencios. De silencios en los que uno se queda a solas consigo mismo: durante las interminables horas de autobús, en los paseos por montañas o junglas, en las expediciones a través de las ciudades y sus callejones.

Y ocurre a veces que en uno de esos interminables silencios, colgado de una hamaca en medio de la jungla y a la luz de las luciérnagas, uno tiene consigo mismo uno de esos delirantes pero honestos diálogos, y acaba por darse cuenta del porqué de muchas de las cosas que ocurrieron en su vida. Bajo el implacable y cegador resplandor de las luciérnagas no hay lugar donde esconderse ni excusarse. No hay sombra que pueda ocultar por más tiempo las piadosas mentiras y brillan en su simplicidad las verdades como puños.

Vine hasta Ratanakiri porque quería conocer esta parte del país alejada de las rutas turísticas más tradicionales. Quería y necesitaba un poco de ejercicio físico y aunque costó, acabé por conseguir compañeros de trekking con los que poder asumir el gasto de los 3 días que se nos venían encima. Una pareja de viajeros, que se habían conocido unas semanas atrás en un voluntariado en Takeo y que tras congeniar decidieron viajar. Matt, un curioso americano de Minessota, miembro del club del 5%. Y Sigi, el belga menos belga con el que me he cruzado hasta el momento. Ambos gentes sencillas, generosas y prácticas. Con un sentido del humor sobrio, sin aspavientos, pero que goteaba constantemente.

El trekking valió la pena, una vez más, porque dimos con el guía perfecto. Bonny era uno de esos: listo y despierto, resuelto y con sentido del humor, para el que ésto no era sólo un trabajo. Estaba claro que sabía de lo que hablaba y que para él poder contar el pasado y el presente de su país era una necesidad vital. Bonny sufría del mal que acarrea el saber, el pensar y el recordar. El saberse en un país donde la gente es muy pobre a costa de otros que son muy ricos. El pensar que los ricos lo son a costa de la ignorancia y el miedo de los pobres que alimentan regularmente. El recordar que los gobernantes actuales fueron los criminales de antaño. La realidad de Camboya es simple y compleja, pero la pobreza, la ignorancia y el miedo patrocinados durante más de 30 años por un gobierno “democrático” hacen mella hasta en el ánimo de los valientes que deciden pensar y recordar.

Durante los tres días cruzamos el río en dos ocasiones. Un río cuyo nivel subía y bajaba al capricho y necesidades del otro lado de la frontera. Y es que cuando los directores de la presa, ubicada en Vietnam, decidían que era momento de cerrar, en el lado Camboyano el cauce del río era tan bajo que impedía su navegación (y a falta de carreteras los pueblos quedaban aislados). Pero cuando estos buenos operarios decidían que había demasiada agua, entonces las compuertas se abrían y las tierras de esta gente se inundaban durante días. El río desbordaba incapaz de asumir el caudal. Las cosechas se perdían y los animales morían, y las gentes tenían que huir a las colinas, hacia la jungla. Y así los pobres se hacían más pobres, y falta de dinero y comida, los niños en vez de ir a la escuela tendrían que ir al campo a trabajar. Tan simple y tan claro. Y como suele ocurrir en estos casos, las compensaciones económicas tenían lugar, claro que sí, tan sólo que siendo Camboya un país tan corrupto y estas gentes tan vulnerables, el dinero no llegaba más allá de la capital.

Jungla y aldeas. A eso vinimos y valió la pena y lo disfrutamos. Pero de todo ello me quedo con las explicaciones de Bonny sobre el pasado no tan lejano en esta área, donde empezó Todo. Donde los Jemeres Rojos comenzaron su revolución. Visitamos aldeas fundadas tras los campos de trabajo, conocimos a gentes que sobrevivieron a ello. Nos mostraron los campos donde les explotaron, aterrorizaron y enterraron a algún compañero revoltoso que le dio por pensar y protestar. Los presentes no se entienden sin sus pasados, y es por eso por lo que la memoria es algo tan valioso y tan poderoso. Sentados en los pupitres de una escuela vacía, Bonny, nos cuenta como la historia se re-escribe en los libros y en las fiestas nacionales, y como aquellos que fueron verdugos se presentan como indispensables salvadores de la patria y benefactores del pueblo.

Vine hasta aquí para adentrarme en el corazón de las tinieblas de la jungla camboyana, al tiempo que cruzábamos pueblos de cultos animistas donde los sacrificios y los rituales regían el día a día. Vine hasta aquí en busca de otras realidades paralelas, y las encontré, pero no estaban fuera, sino dentro de mí.

Al final del primer día, después de acampar junto a la cascada y darnos el merecido chapuzón, vino la cena, y tras la cena la noche cerrada, la oscuridad y el final de la jornada. Colgado dentro de mi hamaca y envuelto por la noche y los ruidos de la jungla quedé atrapado de nuevo en la cadena de silencios. De nuevo dentro de ese torbellino invisible que son las ideas superponiéndose unas a otras en ese diálogo infinito de dudas y preguntas que intentan responderse a sí mismas. Lo más fácil y lo más difícil. Aclararse uno mismo, entenderse uno mismo, ser Honesto con uno mismo.

Me gusta pensar que fue el pálido resplandor de las tres luciérnagas que como un susurro desafiaban al negro absoluto de la noche. Me gusta pensar que bajo su implacable y cegadora luz, donde no hay sombra ni engaños, mis piadosas mentiras dejaron paso a simples verdades como puños.

(niños! Por mucho que les digan, no dejen nunca de pensar por sí mismos y de intentar se cada día un poco más honestos con ustedes. La pereza siempre acaba pasando factura.)

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

2 Comentarios

  1. Pablo Encinas

    Hola!
    Entre la jungla de post acerca de los sitios archivisitados me he encontrado con esto. Vuelo a Camboya el 7 de septiembre y me gusta la montaña y la naturaleza. Dispongo de un mes y estaría agradecido si compartieses conmigo un itinerario y algunos do’s and dont’s.
    Gracias de antemano y un cordial saludo.

    • Buenas Pablo,

      Me despité! ;S Espero que tu paso por Camboya haya sido tan intenso como lo fue le mío. La verdad es que no siendo muy espectacular en paisajes, la gente y la historia de este país son sobrecogedores :)

      saludos,

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