Luna verde. Koh Tao, Tailandia

“Pues polvo eres y en polvo te convertirás” Gn 3:19

Éstas son palabras del Génesis y puede que anden en lo cierto una vez muertos. Pero mientras estemos vivos nunca seremos polvo. Mientras sigamos vivos siempre seremos Agua.

Cómo describir el mundo perceptivo que se abre ante un humano cuando se sumerge por primera vez bajo el mar y por las artes mágicas de la técnica le es dada la oportunidad de respirar bajo las aguas. Lo primero que uno descubre es que el mundo en el que siempre vivió nunca fue realmente tridimensional. En teoría sí, pero en la práctica la fuerza de la gravedad siempre nos mantuvo pegados a la tierra y el ir hacia arriba siempre fue un ir hacia delante más trabajoso. Bajo el agua, desaparecida la tiranía de la gravedad, sólo queda flotar y desplazarse a voluntad.

Cómo describir ése instante en el que se comprende que la superficie del mar es realmente una frontera tan radical y definitiva como lo pueda ser la última capa de la atmósfera terrestre. Más allá de la superficie, espejo de feria que todo lo distorsiona, está nuestro mundo donde las cosas caen y sólo existen la izquierda y la derecha y el delante y el atrás. Tras esa frontera no son sólo las leyes físicas las que se alteran. Los océanos constituyen un mundo habitado por criaturas que ya siguen otra lógica. Es realmente otro planeta que si bien hoy en día nos parece cercano gracias a la televisión, en realidad está lejos, muy lejos.

Bajo las aguas, alimentados por la técnica y nuestro tanque de oxígeno, el ruido de nuestra respiración se vuelve atronador. Las burbujas, prueba de que seguimos vivos, se convierten en el latido, en el compás que marca nuestra existencia. Los sonidos aparecen amortiguados. Todo es más azul, oscuro y conceptos como la línea del horizonte ya carecen de sentido. El infinito mundo de los océanos se manifiesta poco a poco, la visibilidad es reducida y más allá de los diez, veinte o treinta metros que nos permita ver el estado de la mar, lo que percibiremos a todo nuestro alrededor es la nada oscura, profunda e insondable.

Son estas tinieblas y las criaturas que las habitan lo que ha atemorizado y fascinado a los humanos durante siglos. Son esas tinieblas y ese misterio y las ansias por descubrir y comprender la belleza de los océanos lo que atrae a miles de personas hacia las aguas, ése medio hostil para los humanos, para bucear, comprender y empezar a amar un mundo que siéndonos extraño es a fin de cuentas el nuestro. A fin de cuentas y mientras estemos vivos, somos y seremos agua.

Vine a la isla de Koh Tao guiado por una fe ciega en las Crónicas de una Cámara: descubrir el sureste asiático era una misión que requeriría adquirir habilidades especiales entre las que el submarinismo era una de las esenciales. Koh Tao: una pequeña isla a un tiro de piedra de Bangkok en la que en 4 días puedes aprender a bucear, conocer a gente espléndida y saborear exquisitos atardeceres a la orilla del mar y noches fiesta de baja intensidad. Una maquinaria perfectamente engrasada para disfrutar y aprender.

En mi primer asalto me acompañaron mis padres, Conchi & Txelo, y durante mi curso de Open Water los dioses me regalaron la compañía de Tiina, Marcus, Christina & Rahel, el Clan Koh Tao. Y no sólo eso, porque el bueno de Anthony fue nuestro instructor y lo pasamos en grande bajo las aguas, en el barco y en el playa frente a las hogueras en las cálidas noches del golfo de Tailandia.

Volví a Bangkok a pasar los últimos días con la familia, y el mismo día en que mis padres volvían a España se manifestó entre las brumas mañaneras del infame Khao San Road Dora la Exploradora –mi amiga Cristina de toda la vida-. Al cabo de unas horas, tras despedirme de mis papás ya estábamos montados de nuevo en el bus nocturno que nos llevaría al muelle, y de allí a la isla.

Atrás queda todo, atrás queda el mundo de los sueños que palpita en la impenetrable oscuridad de la noche bajo el manto de las aguas. Estoy en la cubierta del barco y la noche de Koh Tao me parece clara y cristalina, todo es intenso y bien perfilado. Las luces de la orilla, la silueta de las colinas, las estrellas de este cielo y una luna bastante llena. Estoy solo, saboreando estos momentos posteriores a mi primera inmersión nocturna. Y es que acabo de soñar de despierto y deambular en vida en la nada oscura que es éste inmenso desierto negro, el océano tras ponerse el sol.

Salté a las aguas oscuras y los músculos más inverosímiles me empezaron a atormentar. Calambres por todas partes, en las piernas, en ambas, en los gemelos y en los muslos, por delante y por detrás. Por unos instantes el dolor me invade por completo y tengo la certeza que no podré hacerlo, y parecen ser los nervios y las excitación los que me juegan malas pasadas. Tomo aire y en el agua estiro y me trago mi dolor. Las ganas me pueden y esta noche, sí o sí, viajaré despierto al mundo de los sueños.

Para mí no es tanto lo que vi durante aquella inmersión. Para mí fue la sensación y la certeza que el mundo es más denso y más complejo de lo que siempre dimos por supuesto. Que realmente hay diferentes planos y diferentes dimensiones en esta misma realidad. La simple oscuridad y el vacío inmenso e impenetrable que es el mar te transporta a un estado de suspenso que te hace dudar de tus sentidos. Y en este mundo de nada los jardines de coral y las criaturas marinas te hacen sentir como un cosmonauta en el espacio exterior. El haz de luz de nuestras linternas es el machete que corta la materia densa y gelatinosa y con estos nuestros cuchillos nos vamos abriendo paso a través de la espesura de esta nada.

Apago mi luz por unos instantes para mirar hacia abajo. Nada Negro Nada Vacío. Apago mi luz por unos instantes para mirar hacia arriba y una luna verde y temblorosa se alza victoriosa tras la superficie como la única referencia en este mundo. Éste es el gran momento, el que recordaré para siempre en la brumas de mi memoria, el paisaje más elemental que nunca mi imaginación ni mis sueños más locos alcanzaron a alumbrar. Tan abstracto, tan onírico y aún sí tan hijo legítimo de la más pura realidad tamizada por el vaivén de las olas del mar. Una luna verde desdibujada que danza sobre un fondo negro, húmedo y frío.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

2 Comentarios

  1. Que increíble la foto del pez ángel! Me encanta el estilo de tu blog, muy amena y “transportadora” la forma en que escribís. Me he vuelto fanático del buceo desde que lo hice por primera vez en Honduras, también el curso de OpenWater. Me parece que tengo que ir a Tailandia!
    Un saludo!!

    • Buenas Marcos ;)

      Pues sí, lo del buceo es una droga dura y cara, pero sana y que realmente vale mucho la pena. Yo me quedé con ganas de hacer un poco más por Indonesia, así que espero que ahora que voy para India & Sri Lanka haya alguna buena oportunidad :D

      Gracias por seguir el Blog y encantado de que te encante,

      Franc

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