Los tesoros que rodean Mandalay. Myanmar

Mandalay en sí, esto era lo que tenía para ver. La vida de la gente y algunos monumentos singulares. Pero la parada en la ciudad se justifica también por un par o tres de escapadas a las afueras. Yo de momento, como tengo que volver en un futuro, opté por dos.

La primera consiste en viajar 11km al sur para ver el Puente U’bein. Un puente larguísimo construído con cientos de postes de teca, como un gran pantalán alargado que cruza el lago Taungthaman. El puente como tal, la verdad, es más fotogénico que bello, pero nuevamente la experiencia es lo que enriquece al “monumento”. Al atardecer los habitantes de ambos orillas lo cruzan para volver a sus casas, los adolescentes se ponen un mejores galas y flirtean entre ellos, algunos monjes curiosos hablan con los turistas para practicar su inglés o para ligar un rato con las rubias. Escribiendo estas líneas, me imagino que éste debía ser precisamente el encanto que tenían Las Ramblas de Barcelona antes de que se convirtieran en el parque temático que son hoy en día: Contemplar tranquilamente la vida de la gente local, para entenderlos un poquito más y poderlos sentir más próximos.

De nuevo, como reza el dicho, el viaje es el camino, y el destino sólo un punto más de éste. Para bajar a Amarapura opté por el transporte local, barato sí, cómodo no, divertido a ratos, totalmente recomendable en definitiva. Los pick-ups, que son camionetas tuneadas con bancos y toldos en la parte trasera son la manera de viajar más barata, muchísimo más barata. El inconveniente, si que lo es, está en que estas pick-ups salen cuando se llenan, o mejor dicho, cuando el dueño cree que están suficientemente a reventar, y eso, créanme, nunca coincide con el criterio de los pasajeros que hace rato que se quejan que ya no cabe ni un alfiler. El otro inconveniente, si es que lo es, viene a ser la hora de llegada, y en este caso el pick-up llega cuando ha llegado. Toneladas de dosis de filosofía y paciencia orientales. Llegamos a destino (después de repetir a todo diós donde me bajaba para que me avisaran) y me indican la dirección del puente. Son dos kilómetros andando durante los cuales cruzo otro mercado, unos barrios de casitas de madera donde tejen, tiñen y decoran telas a mano, y remato con otro monasterio donde imparto improvisadas clases de dicción inglesa a unos jóvenes monjes.

Lo dicho, el puente estuvo bien, la fotos lo pintan mejor, pero la experiencia de bucear en el día a día de sus vidas es con lo que me quedo de la jornada. Vuelta a casa, claro, en moto. Igual que al día anterior, cuando acabamos viajando 3 en una vespino. Thita, una chica que conocí en Mandalay Hill y que subía a diario para practicar su inglés, su hermano que la venía a buscar y un servidor. Durante el viaje de vuelta no puedo dejar de sonreír, entre feliz y nervioso. Este lugar funciona así, de modo que a relajarse y disfrutar.

Ayer hice una escapada en barco al norte, unos 15km por el río en una hora de viaje. Un bote en el que todos somos guiris y es, de lejos, el más cutre de todo el “muelle”, y por el que nos han cobrado “una pasta”. Hay un par de pagodas bastante interesantes y fotogénicas, pero lo mejor fue compartir compañía con Ana. Nos conocimos en Yangon y está viajando con su madre. Durante los últimos días nos hemos estado cruzando en todos los puntos turísticos, pero ayer pudimos charlar durante el viaje y la visita. Ana de Barcelona está al final de sus 6 meses viajando por Asia y Australia, lo más sorprendente es que ha decidido dar este paso a los 42 años (aunque yo le ponía 33, máximo 35) y ha tenido las narices de hacerlo. Toda una campeona, curtida, con las cosas claras y un buen humor y una sonrisa constantes y envidiables. Hablamos de todo un poco. Siempre es reconfortante comentar y contrastar experiencias sobre esto de viajar solo, sobre los buenos momentos y también sobre los no tan buenos. Y por supuesto, que te cuenten todos los trucos, los lugares guays donde dormir y los sitios de los que hubieras pasado de largo sino te hubieran contado.

Mandalay, ciudad de paso a todas partes, por la cual, al final, perderse es el mayor desafío y la mayor recompensa.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

6 Comentarios

  1. rosa

    Oh Franc!! M’encanta llegir-te! És com si una petita part de mi estés viatjant amb tu i anés descobrint món a través dels teus ulls :) Continua portant-me! Genials les fotos!!!

  2. Andreu Taberner

    Els teus escrits estan plantant cara a les fotografies! Benvinguda sorpresa, I val a dir que les fotografies són boníssimes!

  3. guyot

    TOOOPPPPPP such a good memory. I like your pictures. And Kalaw?? next on your blok. I put mine on facebook if you want take a look. Where are you now? North Taïland? Cheerrrs Savina

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