Los Ciegos & los Elefantes. Mondulkiri, Camboya

Hará ya más de media vida leí un cuento. Tendría catorce años y andaba yo perdido sobre un cascarón de nuez en la no-tormenta de mi adolescencia. El libro era una biografía de Buda que tenía que leer con un diccionario al lado porque no entendía la mitad de las palabras y aún así, pasados los años, el cuento sobrevivió al olvido. Se titulaba Los Ciegos y los Elefantes:

“Una vez, Buda estaba en Jetavana, en el reino de Sravasti. A la hora de la comida los monjes cogieron sus cuencos y fueron a la ciudad a mendigar alimento. Pero como no era aún mediodía y era muy temprano para entrar en la ciudad decidieron de ir a sentarse un rato a una  sala dónde se reunían los brahmanes. Cogieron sitio y se sentaron.

En aquel momento los brahmanes discutían entre ellos acerca de sus libros santos y se había formado una disputa que no conseguían resolver. Llegando a reñir y enemistarse unos con otros, diciéndose mutuamente: ‘Esto que sabemos es ley; lo que sabéis vosotros, ¿cómo puede ser la ley? Lo que nosotros sabemos está de acuerdo con la doctrina; lo que vosotros sabéis ¿cómo puede estar de acuerdo con la doctrina? Lo que debe decirse después, vosotros lo decís antes. Vuestra ciencia es vana y no tenéis el menor conocimiento’. Era así como repartían los golpes con el arma de la lengua y, por un golpe recibido devolvían tres. Los monjes observando a las dos partes insultarse, no autentificaron ninguna de las opiniones, se levantaron de sus sitios y fueron a mendigar alimento a la ciudad.

De vuelta a Jetavana se sentaron cerca de Buda y le contaron lo sucedido. El Buda contó esta historia:

Hace mucho tiempo, había un rey que comprendía la Ley búdica pero las personas, ministros o gente del pueblo, estaban en la ignorancia, referente a las enseñanzas parciales, tenían fe en el resplandor de cualquier estrella brillante y dudaban de la claridad del sol y de la luna. El rey, deseando que sus gentes no se quedaran entre mares y navegaran por grandes océanos, decidió mostrarles un ejemplo de su ceguera. Ordenó a sus emisarios recorrer el reino para buscar ciegos de nacimiento y traerlos al palacio.

Cuándo los ciegos fueron reunidos en la sala del palacio el rey dijo: ‘enseñadles los elefantes’. Los oficiales llevaron a los ciegos junto a los elefantes y se los mostraron guiándoles las manos. Entre los ciegos uno cogía la nalga del elefante, otro agarraba la cola, otro cogía la raíz de la cola, otro tocaba el vientre, otro, el costado, otro, la espalda, otro una oreja, otro, la cabeza, otro, un colmillo, otro, la trompa.

Los emisarios llevaron después los ciegos al rey quien les preguntó: ‘¿A qué se parece un elefante?’. Aquel que había tocado una nalga contestó: ‘Oh sabio rey, un elefante es como un tubo’. Aquel que había tocado la cola decía que el elefante era como un escoba; aquel que había agarrado la raíz de la cola que era como un bastón; aquel que había tocado el vientre, que era como una pared; aquel que había tocado la espalda que era como un mesa elevada; aquel que había tocado la oreja que era como un gran plato; aquel que había tocado la cabeza, que era como una gran extensión; aquel que había tocado un colmillo; que era como una asta; aquel que había tocado la trompa, contestó ‘Oh gran rey, un elefante es como un cuerda’.

Los ciegos empezaron entonces a discutir, cada uno afirmaba que el estaba en lo cierto y los otros no, diciendo: ‘Oh gran rey, el elefante es realmente como yo lo he descrito’.

El rey rió entonces a carcajadas y dijo: ‘todos vosotros sois como estos ciegos. Discutís inútilmente y pretendéis decir la verdad; habiendo percibido una parte, decís que el resto es falso, y por un elefante, os querelláis’.

El Buda dijo a los monjes: ‘así son estos brahmanes. Sin sabiduría, debido a su ceguera, llegan a disputarse. Y debido a su discusión quedan en la oscuridad y no hacen ningún progreso’. 

Y todo esto viene a cuento de que he pasado dos maravillosos días en Sen Monorom, en la provincia oriental de Mondulkiri, habitando una cabaña en la jungla y conviviendo con 10 increíbles seres de miradas hipnóticas y largas trompas.

Mientras contemplaba embobado a estas fascinantes criaturas recordé este cuento. Y desde la distancia de Camboya pensé en España y en Catalunya, en la situación del país, y en como los dirigentes políticos y la mayoría de la población sigue enfrascada en disputas sobre verdades absolutas, en esa atmósfera del Todo o Nada, el Blanco o Negro y el Conmigo o contra mí. Todos ellos tan seguros de saber cómo es realmente el Elefante.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

4 Comentarios

  1. CRU

    Ara m’ha vingut al cap, Koh Phagnan i la conversa sobre visió masculina/ visió femenina dels “dissabtes nit”… ahí, cada uno defendiendo nuestra parte del elefante :)

  2. magda

    ohhhh, quina delícia de post!
    jo sóc de les que veu astas, plats i bastons… però també de les que amb quasi 30 anys està aprenent a com baixar del burro/elefant.
    te leo de cerca los pasos…

    • Com bé comenta la Ramos jo també veig de tot menus Alafants ;D però bueno lo importante és que estamos todos en ello! Això sí que sí :)
      petonàs i a veure quan cau un Skype pa que así te pueda yo seguir lo pasos a tú también :D

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