Las 4000 Islas del Mekong. Don Det, Laos

Me despido de Laos de la manera más digna que se me ocurre y haciendo honores al espíritu de las gentes de este país: Tumbado en una hamaca con una botella de zumo de cebada local bien fresquito. Y a mi lado el amigo Mekong bajo una nueva entrega de atardeceres de ensueño a los que nunca quiero acabar por acostumbrarme.

Hay un momento en que el río se desparrama por la planicie y le brotan del lomo un sinfín de islas e islitas, Las 4000 Islas del Mekong las llaman. El nombre de mi destino me parecía de lo más sugerente, sonaba épico. Si hubiera sido niño le hubiera imaginado monstruos marinos o un rosario de tribus distintas viviendo en cada uno de sus arenales, adorando al fuego o a ídolos de piedra en sus templos paganos. Y todo ello regido por el flujo del Dragón Mekong que adoptó la forma de río y abriéndose camino hacia el sur, hacía mi próximo destino: Camboya.

Pero siendo niño no sabía que los laosianos, aparte de adorar al Buda, adoran al dios pagano de la pachorra y la buena vida tranquila. Así que llegué a Don Det buscando calma, mucha calma. Llegué buscando una buena casita junto al río con una hamaca en la que reposar mi maltrecha osamenta. Y un lugar donde poder comer alguna cosa mientras me ponía al día de con el Blog y con la colada. Poco más había que hacer salvo de alguna excursión en kayak o relajarse flotando durante horas mecido sobre las aguas, y ni eso hice.

Mañana dejo Laos, donde entré hará 30 días, un mes en entero con sus cuatro semanitas para cruzar el país de norte a sur. Desde las nubladas montañas de Phongsaly hasta las ardientes llanuras del sur. Me quedo de nuevo con sus gentes y con las constantes sonrisas de todos al unísono, grandes y pequeños, bajo el grito de guerra de Sabaidee (hola). Un grito de guerra que da la bienvenida, transmite simpatía y te hincha el corazón.

Me quedo también con la absoluta incapacidad de los laosianos por poner el negocio y el dinero por encima del vivir. Cuántas veces habré tenido que entrar hasta el fondo de la tienda para que alguien me atienda, y encontrarme a la dueña en el patio, de parranda con las amigas, con una botella de Lao Lao (aguardiente) y unos tambores, dando palmas como flamencas jerezanas. Cuántas veces habré tenido que repetir la misma pregunta varias veces, no porque no me entiendan o porque no tengan, sino porque les da pereza levantarse para atender al pesao del farang (extranjero). Y cada vez que ocurría eso, era imposible enfadarse, sólo quedaba sonreír de nuevo al grito de guerra de Khawp Jai Lai Lai (gracias de todo corazón).

He disfrutado de un país de gente humilde que empieza a progresar espoleados por el vecino chino que persigue en ello sus propios intereses. Gente que tiene poco y que parece ser que tampoco quiere más. Si tras la visita a China tuve la impresión que todo el país estaba en movimiento, me marcho de Laos teniendo claro que aquí todo el mundo está sentado a la sombra de una parra, preparando una barbacoa con los amigos y los vecinos, o mirando algún canal que captan gracias a sus bosques de portentosas antenas parabólicas. Nunca vi tantas ni tan grandes. Antenas que he visto usar para secar la colada y que usarían también, si la ocasión se terciara, para freírse un par de huevos .

Sus monumentos son de piedra, pero decididamente no los construyeron ellos. Venían de serie con la tierra en la que se asentaron. Sus paisajes valen la pena, y de todos ellos me quedo con los que no se ven, con sus cuevas y sus cavernas. Y a lo que templos y ciudades se refiere, los laosianos andaban de nuevo demasiado atareados en eso del vivir como para ponerse a construir cosas que solo servían a vanidades de gobernantes y glorias nacionales. Así que nadie espere encontrar Ayuthayas, Baganes o Angkores en Laos.

El sol ya va cayendo, apuntito está por desaparecer en el horizonte, y yo, laosiano de adopción y haciendo un esfuerzo titánico, me levanto de mi hamaca, alzo mi mano y le brindo al Sol este post y el último mes entero mientras clamo a los cuatro vientos mi más sentido Khawp Jai Lai Lai (gracias de todo corazón).

Hasta la próxima Laos.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

1 Comentario

  1. Nos encantó ese rincón del sur de Laos, nombre oficial Si Phan Don pero popularmente 4000 islas.

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