La cabeza del Dragón. Delta del Mekong, Vietnam

… viene del post anterior, La cola del Dragón

¿Tu cauce se acorta y nuestro tiempo se acaba? Llegas a Vietnam donde finalmente tu nombre y tu mito parecen cobrar sentido. El Gran Dragón Mekong, el Gran Río del Sureste Asiático. Amplio, Fértil e Inmenso.

Amplio porque en este último acto te derramas por la planicie dividiéndote en 9 ramales a cada cual más impresionante. No sé si es el capricho de la Dama Mekong o la vanidad de tu Vertiente Masculina. Intentar moverse por la región es verse inmerso en un bucle. Cruzas un gran río por un gran puente pensando que eso es el Mekong para al cabo de un rato encarar de nuevo otro gran puente que cruza otro gran río. Y así hasta en 9 ocasiones. Siempre amplio y tranquilo. La serenidad de un gigante que se sabe invulnerable.

Fértil. Si no te bastó con tu paso por China, Myanmar, Tailandia, Laos y Camboya, en tu último tramo homenajeas a Vietnam con 3 cosechas de arroz anuales y lo conviertes en granero de Asia. Fértil porque no sólo regalas agua y sedimentos que nutren los campos y las cosechas. Fértil porque tu red de canales se convierte en la red viaria que conecta toda la región, y las casas, las factorías y los transportes se vuelcan hacía ti con la naturalidad con la que en otros lugares del mundo se vuelcan hacia su red de caminos y carreteras.

Inmeso. Eres inmenso en el delta que lleva tu nombre. Inmenso porque tu infinita red de canales lo cubre y lo abraza todo, lo empapa todo. No es que el agua se abra paso entre los campos, aquí es al revés, y son los campos los que se hacen un hueco entre tus mil y un ramales. Inmenso porque tantas son tus ramificaciones que resultaría imposible ponerse a contar los kilómetros de tu extensión en este final de fiesta. Inmeso porque adquieres esa escala en la que ya nadie se plantea si quiera ponerse a medir el alcance tu abrazo.

Lo nuestro viene de largo y aún así en nuestra última cita no estuve muy ágil al escoger ni la compañía ni el lugar. El Delta del Mekong es uno de esos sitios que difícilmente se pueden visitar sin más. Es tan grande y complejo que es fácil perderse, pero más fácil es aún perderse todo lo bueno que oculta. Por falta de tiempo y energías opté por la solución práctica y fácil, y desde el primer momento ya me vi atrapado en un tour turístico de 2 jornadas en el que nos movíamos como borregos siguiendo un plan de ruta insípido y predecible. No me gusta moverme de este modo, a golpe de corneta, teniendo que levar anclas cuando encuentro un lugar que me parece interesante para perder horas clavado en una parada de lo más aburrida. Tener que poner buena cara cuando te muestran algo que no te interesa lo más mínimo, para tener que pedir perdón cuando te retrasaste fotografiando unos fantásticos hornos donde se cuecen ladrillos y que parecen zigurats persas perdidos en medio del edén.

Quedaban los mercados flotantes de Can Tho y cuando pregunté insistentemente a qué hora los visitaríamos ya me olía que iba a ser decepcionante. Parecía ser que nadie sabía la hora a ciencia cierta de un tour hiperprogramado que debe haber funcionado durante los últimos 10 años. Empezamos la jornada más tarde de lo que mandan estos eventos que casi siempre exigen el peaje de madrugar para poder disfrutarlos en su plenitud. Cuando llegamos parecía haber casi tantos botes turistas como barcos de vendedores. La punta de acción se había desvanecido y allá quedaban algunos rezagados. Dimos vueltas sobre nosotros mismos y remirando las fotos parece que fue mucho más intenso. Pero no quisiera engañarles, si vana ir vayan pronto.

A toro pasado y echando la vista atrás creo que la mejor manera de visitar esta zona es montado en una moto o una bicicleta. Con un buen mapa o un GPS. Y una vez allí, dejarse llevar y medio perderse para fundirse con éste lugar único de Asia. Con el margen de unos días, para poder errar y acabar descubriendo y viviendo momentos especiales.

Tuve la sensación durante todo el tour que te escondías de mí a cada recodo sugerente que entreveía al pasar con el bote o con el bus. Tuve la sensación que te burlabas de mí al tiempo que me reprochabas el haber escogido este modo tan simplón para nuestra despedida. Y tu forma de reprochármelo fue haciéndome entrever lo que me había perdido por no haber arriesgado lo suficiente, precisamente, en ese punto en el que te muestras en todo tu apogeo y esplendor, en las llanuras del Delta del Mekong.

Se despide hasta la próxima, tu amigo Franc.

Ps. Querido Mekong, tomo nota y asumo mis faltas. Nos volveremos a ver y esta vez, arriesgaré.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

3 Comentarios

  1. Cata

    Esperant la teva proxima trobada amb el Mekong! ;)

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