Jungle Architecture. Mae Sot, Tailandia

En la Universidad nos educaron para salvar el mundo, para hacer del él un lugar mejor. Un discurso sincero envuelto en un aire de mesianismo humanista. Todo podía, y por lo tanto, todo sería más bello y más hermoso. Y las personas -¡Siempre las personas!- vivirían mejor. Nuestra educación se basó -con las mejores intenciones- en los grandes hitos de la Historia de la Arquitectura, con sus certezas incuestionables, sus ausencias incomprensibles y sus incoherencias. Para que aprendiéramos de obras eternas y para que aspiráramos a ellas, nunca a menos. Y todos pasamos incontables noches en vela redibujando aquella sección, soñando con que éste sí que era el bueno, el proyecto definitivo. Sintiendo que avanzábamos en la dirección correcta y que algún día también formaríamos parte del panteón de dioses paganos de la Arquitectura. 

Y para tal colosal reto, por supuesto, no bastaría con tan sólo ingentes cantidades de voluntad e ilusión, pues de voluntad e ilusión están a rebosar los corazones de los jóvenes arquitectos. Tal colosal reto al final acabaría requiriendo medios, dinero y un ramillete de buenos padrinos. Dinero, medios y padrinos que tarde o temprano aparecerían rendidos a nuestros genio. Pero más allá de estos discursos cojos y sesgados -los sigo pensando muy válidos, imprescindibles, pero estaban incompletos- , más allá y ya fuera de las aulas nos aguardaba una realidad que todos conocían pero de la que nadie nunca nos había hablado en las innumerables charlas de épica proyectual.

En la remota Mae Sot al oeste de Tailandia junto a la frontera con Myanmar se encontraron por internet Albert y Line preguntándose el uno al otro por letrinas. Ambos compartían un oficio, alguna inquietud y a corto plazo un destino. Deberían construir con muy poco y decidieron hacerlo lo mejor que pudieran. Deberían salvar al mundo pero con pocos o escasos medios. Jungle Architecture –arquitectura en la jungla-: Barro, bambú, hojas secas, madera y algo de hormigón y por delante el reto de servir a las personas sin dejar de sentir que construyen algo bello que hace del mundo un lugar un poco mejor.

Volví a Mae Sot mientras esperaba mi visado para India porque éste es el lugar que me es más hogar desde la distancia. Volví a Mae Sot porque quería volver a sentirme rodeado de buena gente que me tratara con el cariño que se trata a un viejo amigo que ha vuelto a la ciudad. Y volví porque había prometido que hicieran lo que hicieran yo lo documentaría con mis fotos lo mejor que sabría para honrarlos a ellos y a su trabajo, pero por encima de todo honrar al espíritu del “hacer lo correcto porque es lo correcto”.

No es que lo haces, es cómo lo haces. No es quien te mira, son los ojos con los decides mirarte y medirte. Nunca es lo que te falta, siempre es lo que eres capaz de hacer con lo que ya tienes. Jungle Architecture, sólo apta para valientes sin miedos ni complejos.

*Si quieres saber más visita A.GOR.A Architects, el Estudio de Arquitectura fundado por Albert Company Olmo, Jan Glasmeier y Line Ramstad.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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