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FAQ/9 ¿Viajar o Bloguear?

Anekantavada es una herramienta que parió la filosofía india y que podría traducirse como doctrina del no-absolutismo. Una manera de ver el mundo como algo demasiado complejo para ser descrito y ordenado por nuestras mentes limitadas. Y es por eso que asume que una afirmación, aún siendo válida es parcial, al tiempo que deja abierta la vía para que su opuesta, también parcial, no sea menos válida.

Para mí este blog fue un lastre al tiempo que fue un impulso. Dos realidades opuestas y contradictorias que no dejan de ser ciertas. Fue un lastre porque la enorme cantidad de tiempo y energía que alimenta los motores de este engendro cada vez más complejo fueron -y siguen siendo- descomunales. Me exigieron pagar peaje. Demasiadas horas para digerir el material gráfico. Demasiadas horas frente a la hoja en blanco pensando en cómo contar lo que quería contar, pensando en qué contar cuando no sabía qué contar. Demasiadas horas puliendo los escritos para que tuvieran el ritmo y el tono adecuados. Publicar algo dos veces por semana y que ese algo no fuera menos que lo vivido.

¿Un lastre?… Tenlo claro: si blogueas dejas de viajar. Si andas ocupado armando con entrega, y casi devoción, tu universo virtual de recuerdos y reflexiones, significa que andas ausente de lo que ocurre a tu alrededor. Encerrado en tu habitación o aislado en la mesa de una cafetería repicando sobre el teclado. Mientras la vida sigue su curso y otros viajeros se reúnen alrededor de la mesa de al lado para compartir su visión de la vida o para simplemente echarse unas risas. Si blogueas no viajas.

¿Un impulso? Mucho más que un impulso diría yo. ‘Outteresting.com’ fue el motor y el motivo de que muchos días consiguiera escapar a las zarpas de la vagancia, la pereza y la desidia. Me despertaba de mi letargo, saltaba de la cama y me pertrechaba con mi cámara cruzada al pecho para echarme a la calle en busca de historias, de la vida, de imágenes. Para zambullirme, para empaparme. Porque para poder contarlo primero tenía que vivirlo. Porque para no repetirme no podía conformarme con lo que ya había visto. Andar siempre un par de calles más allá, husmear entre los callejones, colarme por la puerta entreabierta de un templo, acercarme hasta aquella esquina donde se estaba armando jaleo.

Fue en la búsqueda de una imagen mejor que la anterior, cuando la imagen en si misma dejó de ser el fin, para convertirse en el medio de vivir una experiencia más intensa, más rica, más en contacto con la realidad. Confrontarme con lo insólito como herramienta para reflexionar. La cámara entendida, no como un escudo, sino como un puente que me conectó con centenares de personas anónimas que se cruzaron en mi camino. Fue este continuo cameo con la fotografía lo que me permitió interactuar con la gente. Tener que camelármelos, no sólo para que se dejaran fotografiar, camelármelos para que decidieran posar. Y luego las risas, los abrazos y los golpecitos en el hombro, de afecto y respeto mutuo.

Y dudé cuando se me rompieron varias cámaras y no entendía porqué era tan importante para mí. ¿Era una caza enfermiza de un trofeo con el que vestir mis paredes a la vuelta? ¿Era la necesidad de aprobación de los que me seguían desde casa? Pensaba que sólo era eso, y en cierto modo lo era, pero en una proporción mucho más pequeña de lo que creí en un primer momento. Y esto lo descubrí al viajar “ciego” sin mi cámara por Sumatra y al verme luego “atrapado” con una pequeña cámara compacta en Java.

Comprobé y entendí que para mí la cámara actuaba como un imán que me arrastraba hacia momentos singulares, especiales, muchos de ellos memorables. No sólo me atraía hacia ellos, me permitía retratarlos para no olvidarlos. Pertrechado tras mis lentes veía el mundo con más detalle, mucho más despierto, atento a todo lo que ocurría a mi alrededor, desplegando mis instintos aletargados. Los rostros, con sus pliegues, sus ojos, sus tocados, sus joyas. Las ropas con sus texturas, sus colores y sus motivos. La arquitectura, el paisaje, todo ello venerado con devoción, rito pagano al Dios Anónimo de las Pequeñas Cosas. La cámara, o mejor dicho, la actitud que despertaba en mí la cámara entre mis manos, actuaba como un amplificador para mis sentidos permitiéndome saborearlo todo con mucha más intensidad.

Y no fueron sólo las imágenes… fueron los textos, los textos fueron los que más me hicieron “sufrir”. Los textos eran en última instancia mi auténtico compañero de viaje con el que compartía mis reflexiones. Era mi diario, mi espejo, eran el reflejo de mi pulso vital. Y mi visión de los textos cambio y creció al amparo de la sombra de mis lecturas. Y de entre todos ellos el gran Ryszard Kapuściński y un pequeño escrito titulado Apuntes Nómadas -¡No dejes de leerlo! Haz click aquí- que me inspiró profundamente y que en última instancia acabo por configurar mi forma de afrontar el viaje:

“El viaje como descubrimiento, como exploración, como esfuerzo: viajar en busca de la verdad, no de distensión. Viajar significa para mí atención, paciencia para informarme, deseo de saber, de ver, de comprender y de acumular todo el conocimiento. Viajar así supone entrega y un trabajo duro.”

Y no digo que lo consiga, que Kapuściński sólo hay uno. Me siento más como aquel arquero que apuntando a Luna cada noche nunca logró alcanzarla pero que con el tiempo, y a pesar de las risas de sus paisanos, acabó por ser el mejor arquero de la aldea. Tampoco aspiro a ser el mejor arquero de la aldea -y no es falsa modestia, palabra de honor-, pero quiero seguir apuntando a la Luna, porque he descubierto que en el camino para llegar allá he aprendido a disfrutar y a saborear el viaje a un nivel que nunca habría imaginado antes. El viaje como “descubrimiento, como exploración, como esfuerzo” y el blog, con sus imágenes y sus palabras, como testimonio eterno de todo lo que viví.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

6 Comentarios

  1. Espero que sigas haciendo las dos cosas! ;)
    Me has recordado a alguien que dijo algo también sobre escribir o vivir porque nunca se pueden hacer las dos cosas a la vez aunque queramos.
    Es una reflexión muy buena y estoy de acuerdo con que al final el blog, las fotos y lo escrito, es una manera de profundizar e intentar comprenderlo todo mejor.
    Saludos

    • ;) Yo también lo espero Elena! ;D Però ahora mismo, lo que tengo unas ganas locas es de escribir, y pensar en viajes futuros, pero sólo pensar :) Me siento en fase de digestión y con ganas de vaciarme (y mucho) para poder volver a llenarme (mucho más) :)

  2. Si no escribieras, no te hubiera encontrado y admirado como bloguer.
    Recordar es vivir otra vez … Sigue viajando, … y contándolo. Sin prisa, pero sin pausa.
    Un saludo

    • Sin prisa pero sin pausa… siempre me ha encantado ese enfoque de la vida… como el que las mata callando ;) / Lo de admirar como bloguer me viene grande o se queda pequeño comparándolo con mis otras grandes virtudes, léase parrandero profesional y filósofo de auto-ayuda de tres al cuarto ;)
      Un abrazo María :)

  3. Tienes toda la razón en lo que escribes, por lo menos mi corta experiencia es la misma. Por un lado compartir las fotografías y/o escribir sobre los viajes conlleva su tiempo que se podría aprovechar viajando más. Pero, por otro lado, el “obligarme” a hacerlo hace que me mueva más en busca de nuevas historias e imágenes. Al principio sólo hacía la foto, luego pasé a escribir algo que expresaba la foto y ahora empiezo a buscar la historia antes de hacerla.

    Yo de momento sólo mantengo una página de Facebook por miedo al coste de mantener actualizado un blog.

    Por último, felicitarte por el blog. Lo descubrí hace poco y la verdad que hay que darte la enhorabuena.

    Un saludo y buen viento.

    • Buenas Diego,

      Suscribo totalmente esa sensación de viajar buscando historias. Yo también sentí que pasé esa evolución y ahora enfoco los viajes de un modo totalmente distinto.

      Saludos,

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