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FAQ/6 Falacias: ¿Viajar solo o en compañía?

A menudo se presenta esta elección como una encrucijada, como blanco o negro, como una lucha de opuestos. Como si ambos caminos fueran excluyentes, cuando en realidad son uno el complementario del otro.

Yo viajé solo porque esa fue mi elección, porque tenía la incierta certeza de que las cosas buenas que vendrían serían muchas más que las malas que pudiera cruzarme por el camino. Pero que viajara solo no significa que lo estuviera. Cuando digo que viajé solo quiero decir que no viajé con nadie conocido, lo que a su vez implica que viajé con toda la buena gente que conocí por el camino. He ahí la primera falacia; los que viajamos solos no siempre estuvimos a solas.

“El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.” Arthur Schopenhauer

La segunda falacia es más sencilla pero requiere más esfuerzo neutralizarla porque la tenemos metida muy adentro: la soledad como absoluto no existe, cuando no estás con nadie estás contigo mismo. Y sí que a veces te puedes sentir desamparado y aislado ¿Pero nunca has sentido lo mismo aún estando rodeado de mucha gente? ¿Incluso entre amigos y familiares? Seguro que sabes de lo que te hablo… y eso, a fin de cuentas, lo que nos dice es que en el fondo la sensación de soledad reside en nuestro interior. A cada uno lo que lleve dentro, a cada uno lo que le cueste mirarse al espejo. Los demonios y las debilidades las lleva cada uno a cuestas, de ti depende presentar batalla o huir. Se dice rápido pero se tarda un poco en superar la angustia -no sé si natural o social- de estar a solas viajando sin billete de regreso ni planes de futuro a la vuelta -yo creo que tardé como unos dos meses en este viaje, y a los siete tuve una recaída-, pero era precisamente sobre esa brecha de incertidumbre sobre la que quise viajar.

¿Motivos para emprender una aventura de estas características? Muchos, pero para mí crecer fue uno clave. Recomiendo encarecidamente hacer una viaje solo y durante mucho tiempo. Porque no te ves lo mismo a la primera semana, que al primer mes, que a los siete que a los quince. Es un proceso lento y laborioso que exige paciencia y atención. Y que exige no sólo mirar hacia adentro, sino mirar también hacia a fuera, y es ahí donde el viaje se convierte alimento para seguir creciendo. Tus “grandes problemas” se vuelven más y más pequeños, y aunque te duelan lo mismo, te quejas mucho menos. Hay que estar despierto, hay que estar atento a lo que pasa dentro y a lo que ocurre fuera. Siempre sentí que viajé tan lejos para acabar volviendo a mí.

“La soledad hace madurar lo original, lo audaz e inquietantemente bello, el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito.” Thomas Mann

Y ni todo son virtudes en esta oda velada a la soledad, ni el desamparo es el único peaje a pagar. Este proceso es también un juego de malabarismos. A falta de puntos fijos, y con nuestras antiguas certezas desmoronándose bajos nuestros pies, se pierde fácilmente la perspectiva y también te puedes perder tú en el camino. Pero no te angusties que para eso están los tuyos, los que te recuerdan cómo eras y cómo eran las cosas antes de que partieras. Los recuerdos son tramposos y para eso necesitamos de buenos amigos que nos ayuden a matizar. Yo los eché mucho de menos y cuando los necesité los tuve siempre a la otro lado de la pantalla. Váyanse solos de viaje, pero no se olviden de meter a unos cuantos buenos amigos en la mochila, que también los van a necesitar.

“No es difícil llorar en soledad, pero es casi imposible reír solo.” Dulce María Loynaz

Y sí, muchas veces me hubiera gustado compartir muchos momentos con ellos o con otros viajeros, pero no había nadie más en la cima de Gunung Sibayak, ni en aquel amanecer en Bayon. Y sí, muchas veces me miraron como un loco porque me reía solo en el autobús. Y sí, viajar sólo exige su peaje, como todo en la vida, pero si mantienes el norte acabas llegando antes o después, y el camino por si mismo ya sabe recompensa.

El que ha viajado solo no es ni mejor ni peor, pero ciertamente ya es libre de escoger, y escogerá con criterio porqué tendrá en qué basarse: probó ambas maneras el tiempo necesario para conocerse a sí mismo y saber lo que le sienta bien -y lo que le sienta mal-. Es más libre porque se conoce mejor, porque aprendió a mentirse un poco menos. Si nunca viajaste solo tengas claro que en realidad no escoges, sigues en tu zona de confort y esa es una opción perfectamente válida que no discutiré porque yo ya la asumí en el pasado, la asumo en el presente y sé que la asumiré en el futuro. Lo importante es ser honesto con uno mismo y ser consciente de los motivos de nuestras elecciones. Engañarse a uno mismo emborrachándose de miedos o de mil excusas verdaderas es siempre lo más fácil, pero a la larga siempre pasa factura. No dejes que te pase a ti.

Y pasan los días y ocurre una cosa curiosa: que cómo ya no eres adicto a la compañía ya no tienes que meterte un chute de gente a cualquier precio -ni soportar a insoportables-. Tras el viaje sigo siendo adicto a las personas, pero no a cualquier tipo de personas, sólo a las buenas personas. Me gusta la gente, me suele caer bien todo el mundo, pero como ya me quité la dependencia ahora sólo me junto con quien me sienta bien. Y cuando intuyo que una persona tóxica merodea cerca me doy la vuelta a riesgo de quedarme solo. Aunque en estos casos, quedarme solo y apartado de ellos, ya no es un riesgo, créanme que sabe a bendición.

Reza el dicho popular que “más vale solo que mal acompañado”, a lo que yo respondo que “más vale bien acompañado que solo”.

Como comentaba al principio, no se trata de escoger entre viajar solo o con compañía. No son opuestos, son complementarios. De hecho, ambos estados forman una secuencia, un ciclo de lo mejor de ambas opciones. Viajar solo es en última instancia estar a gusto con uno mismo hasta que la siguiente buena persona se cruce en nuestro camino y estemos listos para ofrecerles lo mejor de nosotros. Viajar con una persona es en última instancia cosechar y compartir nuevos puntos de vista para crecer y volver a saborearlos a solas cuando ésta nos dejé de nuevo para seguir su camino.

Darle la espalda al mundo me parece un disparate, pero dártela a ti mismo se me antoja como una lenta muerte en vida. Sé valiente. Deja ya tus miedos atrás. Y si esto es con lo que sueñas por la noches pero no tienes con quien viajar, échate la mochila a cuestas y cruza ya el umbral de tu puerta. El mundo entero te está esperando y es posible, que al final del camino, también encuentres algo dentro de ti.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

3 Comentarios

  1. Me ha encantado tu post!
    Definitivamente estar solo y hacer lo quieras no tiene que ser un problema.
    Viajar solo debe ser uno por no decir el mayor aprendizaje de uno mismo.
    Pero la verdad…no creo que esté preparada….y tampoco se si lo estaré.

    Te seguiré leyendo:)

    • Buenas Laura! Tampoco tiene tanto tema, lo que sí que es importante es hacer una prueba (como irse un par de semanas) y luego ya verás no hay para tanto :) No he conocido a nadie que lo haya probado y se haya arrepentido. Suelo pasar todo lo contrario: Todo el mundo repite! ;)

  2. Ester

    Me ha ENCANTADO leerte. Supongo que leer esto me reconforta ya que estoy a un nada de aventurarme a hacer mi primer viaje en solitario. Llevo pensándolo tanto tiempo… y cuando me pongo frente al ordenador a sacar el billete… uff siempre busco una excusa u otra cuando en realidad me muero de ganas…

    voy a seguir indagando en tu blog :-)

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