Estoy despierto ¿Dónde estoy? Pulau Weh, Indonesia

“Estoy despierto ¿Dónde estoy? Estoy en la isla, estoy en Pulau Weh”.

Miro por la ventana del bungalow, una caseta de madera con agujeros por todas partes, el más barato. Son la 5 de la mañana y una luz violeta tamizada por la mosquitera despunta en el horizonte. He dormido bien pero al volver a tomar consciencia mi corazón se encoje. Todo es bello pero yo me siento triste. La cama parece flotar en un oscuro e incierto mar de melancolía y tengo que hacer un esfuerzo para levantar la mosquitera y empezar este nuevo día.

Me visto y voy hacia la playa de Iboih. Haremos una inmersión al alba, en ese momento en el que los peces de la noche vuelven a las profundidades mientras que los que dormían despiertan y emergen al calor del nuevo sol. Es mi primera inmersión desde Koh Tao y no quiero cometer errores con el equipo, estoy inquieto y no quiero olvidar ningún detalle. Montamos en la lancha y la escena no puede ser más preciosa. El pueblo duerme en calma, la superficie del mar resplandece con los colores del amanecer y el lomo de la islita de Pulau Rubiah se recorta contra el horizonte. El viento y el susurro del suave oleaje y el motor de nuestra lancha son la banda sonora de este momento idílico. Las chicas bromean – llevan cientos de inmersiones – y llegamos a destino.

Habrá que descender rápido, la corriente es muy fuerte y podría llevarnos demasiado lejos del grupo. Bajaremos directamente hasta los 30 metros, justo al lado del acantilado en las tinieblas de estas aguas al extremo norte de Sumatra. Bajo el agua me siento como en un sueño. No he dado ese paso fuera de la cama y en realidad me he vuelto a dormir. El paisaje del fondo marino es un peñasco pronunciado que se dobla y se pierde en las profundidades. La fuerte corriente nos empuja y nos agarramos a las rocas cortantes con las manos. Mis gafas se están empañando y respiro demasiado rápido, miro hacia arriba, hacia el mundo que despierta, pero al mirar abajo me parece que estoy nadando en la nada. No es miedo, es otra vez ese sentimiento de melancolía que no me deja. Ahora ya sólo somos dos, el instructor y yo. Navegamos por ese mundo irreal y buscamos tiburones y mantas raya. Hace rato que he perdido la orientación y simplemente me dejo llevar y le sigo. En un momento me señala algo pero tengo las gafas empañadas y no veo nada. Era un tiburón enorme a escasos 5 metros, me comenta al volver a la superficie. Apenas he durado 30 minutos. He respirado demasiado rápido: la corriente y los nervios.

Arriba todo sigue siendo bello y el sol ya ha levantado cabeza sobre el horizonte. Esperamos media hora más hasta que las chicas salen, y siguen riendo y bromeando. Vuelvo al pueblo y por la tarde habrá otra inmersión más. Con Karsten y los franceses. Será al otro lado de la isla, en el jardín de corales y esta vez lo haré mejor. Otra vez en pleno control de mis facultades, otra vez suave y tranquilo.

Pulau Weh es realmente un pequeño paraíso. Me gusta esta isla y me gusta Iboih. Me gustan sus paisajes y la actitud de la gente en su día a día. Me hecho al mar frente a los bungalows y con tan solo unas gafas y un tubo me paseo durante 3 horas y me cruzo con cientos de peces de colores, con un pulpo que me mira y que se cambia de traje a cada movimiento que hago. Una morena gigantesca me da un susto de muerte, y serpientes marinas bailan ingrávidas sobre el fondo de corales. Y arriba en sus cielos vuelan murciélagos enormes al anochecer y durante el día un águila reina en las nubes. Iboih es un sendero del que cuelgan las casas de huéspedes, cerca de las dos playitas, de alguna tienda y algún café. Paseando en un atardecer dirección al colmado miro a lo lejos, al muelle donde pescan algunos lugareños y juegan otros niños. En un instante una enorme raya águila salta del agua para volver a caer y desaparecer unos segundos después. Pulau Weh es un edén.

“Estoy despierto ¿Dónde estoy? Estoy llegando a destino, estoy llegando a Banda Aceh”.

Finalmente dejé atrás Malasia. Los problemas con los pasaportes y las cámaras y finalmente empieza la gran aventura por Indonesia, borrón y cuenta nueva. Aterrizaje en Medan procedente de Kuala Lumpur y primer round con los taxistas para determinar cuánto valen las cosas en este nuevo país. Doy mil vueltas y finalmente consigo un buen precio y un destino acertado. Compro el billete y cruzo de nuevo la ciudad –esta vez en labi-labi- para llegar a la central donde me espera un bus de 12 horas que me llevara al norte, a Banda Aceh.

Hemos llegado y de la estación al muelle vamos 3 turistas en una moto con sidecar pintada con curiosos colorines, colores de Indonesia. Llegamos temprano y tendremos que esperar cinco horas hasta que salga el primer barco. Me gusta Indonesia y me gusta su gente y voy hacia la Isla. Al subir al ferry empieza el festival. Vamos hasta los topes porque es puente y resulta que los muy musulmanes de todo Indonesia están celebrando que Jesucristo subió a los cielos en la segunda pascua. Todo el mundo es tan majo, el mar, la luz del sol, el sentimiento de estar avanzando hacia un lugar remoto en el extremo de la mítica Sumatra. Hablo con la gente, me preguntan y me hacen fotos y se las hago yo, y de repente ERROR 20. No me lo puedo creer, la cámara ha vuelto a fallar. No me lo puedo creer. Respiro hondo, compruebo mil veces. La cámara ha vuelto a fallar y parece ser que aquella nube gris que se formó en Tailandia me ha seguido hasta Indonesia.

Estoy cabreado, harto, triste y frustrado. Me despido cortésmente de la señora y de su familia y voy a perderme a un rincón del ferry. Quiero gritar, quiero mandarlo todo a paseo. En éstas, recostado contra la pared, con las manos en las rodillas y cabizbajo la gente empieza a aplaudir y a gritar. Algo pasa. Levanto la cabeza y una manada de más de 20 delfines nadan hacia nosotros. Saltan, juegan, ¿Danzan? El barco, la isla al fondo, el volcán detrás. ¡Joder con la puta cámara! El azar se ríe de mí en mi puta cara. Estoy cabreado y navego hacia el paraíso y sólo se ha jodido una cámara -la tercera en menos de 6 semanas-. Y es ahí donde aparece Rafis.

continúa en el siguiente post, Rafis y el Taxista…

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

5 Comentarios

  1. Quina putada, Franc… En fi, sé que auesta història acaba bé, però em moro de ganes de saber qui és en Rafis i perquè va ser important.

    Et segueixo desde Catalunya amic!

    Una abraçada ;)

    • Bones fiera! ;D Pos sips, té l’història té jappy ending a base de cop de talonari ;( hehe nada que no se arregle con unos centenares de euritos :)

      Per a saber qui és el Rafis només queden 4 dies… vaya person… ;)

      Una abraçada desde Udaipur!

  2. Sofia

    Hola Franc! et segueixo desde el principi pero avui es el primer dia que et deixo un comentari…Tinc ganes de Rafis :-).

    Gracies per tots aquests mesos de viatje…en els que molts t’hem acompayant desde lluny…es fascinant la teva aventura! FELICITATS!

    un peto i cuidat molt!!
    FYI. Soc la Sofia, una noia andorrana que vas coneixer a la boda de la Jeanne a Suisa :-)

  3. Sofia

    Segur que si Franc! :-)

    Continua fent-nos viure aquesta experiencia!

    Jo continuare amb els piropos :-)

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