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ENJOY! Koh Samet. Tailandia

Renuevo mi fe y mi desesperanza en la gente, en las personas. A cada día que pasa en este viaje me queda más claro que nada tiene sentido por si solo. Con a “nada” me refiero a los paisajes, a las ciudades, a los monumentos o a las playas más paradisíacas. No tendrán ante ustedes nunca a un apóstol de la soledad, aunque precisamente haya decidido viajar solo durante un año por Asia. Tampoco tendrán a un junkie de la compañía a cualquier precio: la gente que no te “enriquece” siempre sobra, por muy solo que uno pueda llegar a sentirse.

Pero la verdad es que necesitaba unos días de calma, para descansar, pero sobre todo para digerir y procesar todo el torrente de trabajo y contenido que supone tirar adelante Outteresting.com al ritmo y al nivel que quiero.

Siguiendo el consejo de unos encantadores cincuentones americanos que conocí en la cola del visado birmano y que casualmente reencontré a la vuelta, mi destino se llamó Koh Samet. Encontré la playa, encontré la habitación y al cabo de unas pocas horas en la pequeña isla, mis compañeras de viaje me encontraron a mí. Un par de ángeles cántabros llamados Paula y Ana fueron mis compañeras de isla durante 5 días. Por el camino perdimos a Víctor, pero sumamos a Adai, un canario que a pesar de habitar en un mundo que creía lejano al final me resultó sorprendentemente próximo (niños!: ni fumen, ni beban, ni tengan prejuicios que son mucho más malos que todo lo anterior).

Durante los días en la isla, más allá de disfrutar de la vida, renovar y perder mi fe en la gente, y procesar fotos y más fotos, lo más remarcable fue mi primera y única farra desde que empecé este viaje. No sé si la necesitaba, pero valió la pena y la disfruté como una de ésas “a recordar”. Nuevamente el factor clave fue la buena gente, que en esta ocasión se llamó “Matías y los noruegos”. Un grupillo muy majo de amigotes que andaban de relax en la isla. Yo ya me iba a la cama (como siempre me pasa) cuando Ana Relaciones Públicas S.A. me condujo hasta ellos. A partir de aquí, quitarse la camiseta y pintarse el cuerpo entero con pintura fosforescente fue la única opción razonable.

En medio de la vorágine de la noche, del buen rollo y de la Fiesta (nótese que se añade la mayúscula), cuando Adai me preguntó “¿qué te pinto en el pecho?” mi respuesta fue rápida y obvia: ENJOY! (disfruta!)

 

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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