Peter, el primero de la clase © 2012 . All rights reserved.

El Primero de la clase. Myanmar

Deberá tener unos 10 años y hoy no irá a clase. Se perderá por el camino y lo más probable es que acabe en el lago. Subirá a alguno de los grandes árboles rodean la orilla, y saltará con todas sus ganas para que el estruendo resulte épico. O puede que todavía sea invierno y ha llegado a la conclusión que lo mejor será invertir el día pescando mientras los demás chicos están en la escuela. Él se lo puede permitir, a fin de cuentas, es el Primero de la Clase.

David es un chico listo y un cachondo. De hecho estos dos atributos suelen ir casi siempre unidos. La primera vez que nuestros caminos se cruzaron fue en Tachileik, cruzada la frontera entre Tailandia y Myanmar. Intentábamos entrar en el país y empezaron las pegas. Nos tocó como guía adjudicado sí o sí. Yo en ese momento cargaba con mi saco de prejuicios, y lo último que quería era llevar a cuestas un guía del gobierno, y encima pagarle el transporte y la comida para que acabara haciéndome lo que llevo haciendo durante los 2 últimos meses.

Resultó que yo andaba equivocado. David, lejos de ser alguien del gobierno, era un chico listo que intentaba ganarse la vida. A más a más, yo no tuve que cargar con David, David cargó conmigo durante los cuatro días que nos movimos por esta zona cerrada de Myanmar. Y para colmo, David era una buena persona que tenía mucho que enseñarme sobre actitudes a tomar en la vida, que aunque puede ser jodida, en Myanmar siempre acaba siéndolo un poquito más que allá en Barcelona.

El Primero de la Clase se tuvo que poner las pilas cuando su padre murió. A los 16 entró a trabajar como mozo de limpieza en un hotel. En éstas entabló amistad con un extranjero que al cabo de 3 meses le mandó un curso de inglés a distancia. En su tiempo libre leía, escuchaba y repetía las cintas. Hablaba sólo. Y solito lo aprendió en 6 meses. De ahí a la recepción, y desde su nueva atalaya profesional/vital/social vislumbró su futuro: sería Guía Turístico. Se movió, aprendió y se acreditó. Y el chico listo siguió creciendo y prosperando. Al cabo de unos años aplicó, ni más ni menos, que a las Naciones Unidas y de los 30 locales él fue el elegido. 2 años trabajando con occidente, aprendiendo de occidente, y viendo lo bueno y lo malo. El proyecto no acabó, pero a él lo despacharon, y siguió y siguió y siguió.

No se corta un pelo al hablar de la situación política del país, pero lo hace con elegancia y bueno humor. Cuando nos encontró en la frontera, hacía ya 3 días que estaba apostado en Tachileik con su traje de gala, esperando a que algún turista le contratara. Pagó de su bolsillo la incapacidad del Gobierno para garantizar una vida digna a gentes que acaban tomando las armas, y acaban haciendo que la zona esté vedada, y haciendo que los turistas no vengan. Acabó pagando también de su bolsillo los sobornos a las patrullas que “vigilan” la carretera y que hicieron inviable su plan de llevar a los turistas hasta Kengtung. Y sigue pagando de su bolsillo el tuk-tuk con el que quería acompañar a turistas por el país. Un tuk-tuk que hoy hemos usado, que llevaba treinta días parado a causa del conflicto, pero que mes a mes, parado o no, él sigue pagando religiosamente.

El Primero de la Clase es el pequeño de 5, de los que sólo quedan 2. 2 se quedaron por el camino siendo niños. La otra, le fue entregada a unos parientes y él no la ve. La que hace 4 se casó y ya no viene por casa. David se siente afortunado: él nació en la ciudad, y eso, en este universo de preciosas aldeas dejadas de la mano de diós, significa que tuvo posibilidad de sobrevivir a las enfermedades. Creció yendo a las escuelas. Temprano por la mañana, dos horas en la escuela China. Luego seis horas más a la birmana y luego de vuelta un par más a la china. David es hijo de la mezcla de este universo poli-étnico conocido como el Estado Shan, cruce de pueblos que se superponen a su propia historia centenaria.

Y ahí sigue él, cantado a grito pelado mientras cruzamos las montañas para llegar a la próxima aldea. Y ahí sigue él, saludando a todo el mundo, repartiendo dulces y jabón a los locales, para que ellos tengan un sonrisa y nosotros nuestra foto. Y ahí estaba él cuando nos conocimos por primera vez, siendo amable conmigo y yo un estirado desconfiado. Y ahí seguirá mañana, cuando volvamos a Tailandia, buscándose la vida, sin renunciar a ser buena persona, aunque en ello se le vaya el sueldo y los ahorros.

Le miras a la cara y tiene cuatro pelos en el bigote y en la perilla. Lleva un gorro de explorador al más puro estilo Dr. Livingston. Y ya me lo estoy viendo pasar de largo de la escuela para ir al lago, con una sonrisa en la cara, consciente de lo que es importante en la vida. Y precisamente por eso hoy no irá a clase, porque hoy el mundo empieza y acaba en un buen chapuzón.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

Leave a Reply

Tu email no será publicado
Los campos necesarios están marcados con *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title="" rel=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>