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El Espíritu de Jason. Orchha, India

Yo también miro películas de Jason Bourne.

Jason puede con todo y con todos. Sabe todos los idiomas, va por el mundo con una docena de pasaportes sin problemas, nunca le falta dinero y es capaz de viajar siempre ligerísimo de equipaje –nunca lo verán cargando maletas-. Jason, por supuesto, conduce todo tipo de vehículos y sino los conduce no pasa nada porque puede escalar con los dientes o saltar de trenes en marcha sin partirse la crisma.

Cuando la India me sobrepasa –muy a menudo- yo también miro películas de Jason Bourne para evadirme en su elemental línea argumental. Y no me avergüenzo, no hay nada de malo en ello siempre y cuando, claro está, no te creas que tú también eres Jason Bourne y, sobretodo, no olvides que tu vida no es una película aunque muchas veces te lo parezca.

Hoy el tren que cubre el trayecto entre Khajuraho y Jhansi va medio vacío, así que compro un billete en general class pero me escurro sin problemas en sleeper. Paisaje ocre monocromo sin mucho que ver hasta que al cabo de unas horas leo la palabra Orchha por la ventana. ¿Orchha? ¡Iba a Jhansi pero en realidad mi destino final es éste! Doy un brinco, recojo todas mis cosas y voy directo hacia la puerta. El tren va frenando lentamente, parece que hoy he tenido suerte y me ahorraré hora y media de viaje extra. ¿Pero estamos frenando realmente? Parece que sí, aunque mejor lo confirmo preguntado a este par de locales tan majetes en una conversación que versó así:

Jason (yo): ¡Namasté! ¿Stop Orchha? ¿This train stop Orchha? -así con mímica y todo-.
Milli Vanilli (ellos): No,no,no,no,no –muy efusivos meneando la cabeza-.
Jason (yo): Orchha no stop ¿Jhansi yes? -redoblando mis esfuerzos mímicos-.
Milli Vanilli (ellos): Yes, yes, yes, yes,yes –más efusivos si cabe, meneando la cabeza con una gran sonrisa-.

A pesar de la contundencia de su respuesta sigo sin tenerlo claro. El tren continúa frenando pero a veces he visto hacer esto mismo sin que llegara a parar del todo y estos encantadores tipos, por otro lado, parecen estar muy convencidos. Prefiero asegurarme y repito el bucle de la conversación anterior hasta en tres ocasiones –en India nunca se sabe-. Al final me queda clarísimo: falsa alarma, este tren no para así que tendré que dar un rodeo desde Jhansi. Pero por otro lado va tan tan lento que casi podría saltar… ¿Sí? ¿No? No parece tan descabellado… ¿Saltar de un tren en marcha en India? Claro que sí ¡Por supuesto! ¿Aún yendo cargado como una mula? ¡Sí claro, hombre! ¡Obvio! Por un momento me siento poseído por el ‘Espíritu de Jason Bourne’, que viene a ser algo así como sentirse de Bilbao pero con acento americano.

“Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.” Albert Einstein.

Supongo que en un acto de clarividencia y anticipación propio de un genio como él, Einstein se refería este aventurero de poca monta en el preciso momento en el que salté al vacío –o contra el asfalto- en la dirección contraria a la trayectoria del tren -ignorando todas las leyes de Newton, que total pa’ qué-  aumentado con ello la carga cinética de la hostia que estaba por venir. No bastándome con mi mal arranque, improviso un aterrizaje patizambo que haría las delicias de Takeshi Kitano en su célebre show a la bobería humana, y ruedo por los suelos en una lamentable toma falsa ante la mirada atónita de los pasajeros que aguardan en el andén al tren que sigue frenando y que acabará por detenerse exacta y definitivamente 30 segundos después de mi absurdo alunizaje.

¡Dios! ¡No me lo puedo creer! ¡Se acaba de parar el tren y yo, imbécil de mí, casi me parto la crisma para nada! Por cierto… ¿Me he roto algo? ¿Estoy de una pieza? ¿Me puedo levantar? Poder levantarme puedo, pero lo que viene a ser el amor propio hoy se queda por los suelos de la estación de Orchha.

¿Cómo describir este sentimiento de ridículo absoluto mezclado con la ira más furibunda que me corroe las entrañas sazonado con el asombro de haber salido indemne? ¡Pedazo de cabrones que me habrán jurado hasta diez veces por la gloria de su madre que el tren no paraba y que ahora no tienen narices de asomar la cabeza cuando TODO el tren me está mirando por las ventanas con los ojos abiertos como platos! Todo el tren y todo el andén, así unos cientos de personas contemplando como ese despojo humano que soy yo se incorpora cargado como una mula. ¿Y el silencio? ¡Qué silencio! ¡Por dios que alguien diga algo! Pero todos callan, rufianes… ¿¡Es que no hay piedad para los tontos!? Rotundamente No. Todos esperan a que haga algo, a que diga algo. ¿Dignidad dónde estás? ¿Dónde fuiste glamour del viajero que hasta hace unos minutos se sabía dueño de sí mismo y del mundo entero? Al toro campeón, al toro -me repito en fuero interno- y siempre de cara y siempre por los dos cuernos.

Como el que no quiere la cosa me levanto lentamente, con naturalidad -ya ves tú que naturalidad, pero vaya… se intenta-, con el estilo de esa gente que, como Jason, hacen estas cosas un día sí y al otro también. Me tomo mi tiempo, ni demasiado lento ni demasiado rápido, sereno, controlando la situación. ¡Y me sacudo el polvo! Así, como sorprendido de estar cubierto de tierra y arañazos. Y desfilo, elegante, con la cabeza bien alta y la mirada perdida en el infinito a través de ¡Varios cientos de metros de andén! ¡Por el amor de dios! ¿Es que no termina nunca esta estación? Tengo que hacer malabarismos para esquivar los cientos que miradas se clavan en mí, que buscan mis ojos, que buscan por encima de todo una explicación al despropósito que acaban de presenciar y que no comprenden.

“No la hay hijos míos, no la hay”- me digo para mis adentros mientras me empieza a subir la risa y ya no puedo parar de reírme, de cagarme en Milli Vanilli y en todos sus ancestros tanto por la rama paterna como por la materna, de pensar en Jason y en cómo se puede ser tan capullo, y en que al final, sin lugar a dudas, el peor enemigo de uno es siempre uno mismo.

¿Y Orchha y sus palacios y cenotafios? ¡Señor ten piedad! ¡Un respiro! Orchha por hoy tendrá que esperar como me espero yo sentadito a que aparezca un rickshaw junto al paso a nivel, al lado de un chiringuito hecho con tres tablas y un banquito en el que me tomo como premio de consolación una burbujeante Mirinda de color naranja radiactivo que está como el caldo. ¿Qué otras grandes aventuras me esperan a la vuelta de la esquina? ¿Sobreviviré un día más a mí mismo? ¡Viajar, qué grande es viajar!

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

15 Comentarios

  1. Arnau

    Molt gran! Tots en tenim un Bourne dins, tu vas despertar el teu:)

  2. Andreu

    Jajaaa gradíssim el post. M’he partit de riure! :)))))

  3. Me he mofado máximamente. Eres todo un canalla tú eh.

    Jajajaja!

    M

  4. Yo, aun siendo de Bilbao, no me hubiera tirado ni loco de un tren en la India, jaja, eres todo un valiente!! Muy bueno el post y tu capacidad para relatar una situación embarazosa por la que todos hemos pasado alguna vez al hacer el canelo, pero que quizá no nos atrevemos a reconocer.

    Ah, lo de los indios moviendo la cabeza no tiene precio: Nunca sabes si dicen si, no, quizas o vaya Ud. a saber…!

    Sigue disfrutando de VIAJAR!

    Un abrazo

    • Estaba esperando a que saltara alguno de Bilbao ;D Era en el mejor sentido del término, así muy echao pa lante ;) Y estos indios!? Al final conseguí descifrar su lenguaje de signos, pero vaya, que como se ha visto en el post pagué mi peaje ;)

      Un abrazo,

  5. Jajaja! Me parto de risa con tu honestidad. Al fin y al cabo, de estupicez se enriquece la vida del viajero. En cuántas situaciones casi diarias no te preguntas en qué momento se te ocurrió meterte en donde estás… Felices estupideces y suerte en las caídas! (perdona las faltas, este ordenador no habla espanhol)

    • La verdad es que la historia acabo bien y así contada es divertida, pero todavía hoy me pregunto como fui tan tonto, y me digo de la suerte que tuve de no hacerme nada ;O

      Un saludo y buenos viajes por el Caúcaso :)

  6. Magda

    Saps allò de ‘los hay que nacen con estrella y los hay que nacen estrellaos’…. mira que he dudao eh? jejeje.
    El post és enorme. Quin partidón.
    Llarga vida als antiherois.

  7. Dani Ferrer

    Ostres!
    Descobrir aquesta entrada a les 7 del matí d’un dimarts laborable és com un regal, aniré a treballar amb un somriure d’orella a orella.

    Moltes gràcies per compartir el teu hostión!!! :)

    Pujaràs al Pallars o no?

    Adéu!

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