El cuento de los tres cerditos. Bangkok, Tailandia

Lleva pasándome desde que llegué. Pensaba que sabía lo que sabía, y lo que no sabía no. El caso es que lo segundo ha resultado cierto y lo primero tampoco. Sé que es tontería repetirse sobre estos temas una y otra vez, pero la verdad es que, no a cada momento, pero sí demasiado a menudo, me encuentro preguntándome dónde carajo están mis fundamentos. Como en el cuento de los tres cerditos, yo pensaba que a estas alturas ya tenía una casita de ladrillo montada en mi cabeza, y resulta que a la primera de cambio, la casita es de paja y se desmonta al primer vendaval -ligera brisa en este caso-. Eso sí, los cimientos/fundamentos persisten, y como la casita es de paja -y yo arquitecto- la monto rápida y barata en un visto y no visto.

Y ahora es cuando me pregunto qué es lo que cuenta: la casita en si o los cimientos que persisten pase lo que pase. Me pregunto si el tema es saber como recomponerse a cada momento, o sencillamente no tenerlo que hacer porque ya se hizo bien. Y claro, si esto lo traducimos a la vida que llevaba/llevábamos/llevabais/llevaremos, entonces en qué quedamos. A fin de cuentas ¿No es nuestra vida-montada/casita el lugar en el que nos refugiamos cuando viene el mal tiempo? ¿No son nuestros amigos/familia/entorno, nuestro trabajo, nuestras rutinas, nuestros recuerdos, todos ellos un punto de referencia, un anclaje fijo cuando la barquita/casita va a la deriva a riesgo de perderse en el inmenso mar que puede ser este mal/buen vivir? Es allí donde buscamos el calor y el cariño cuando hace frío o cuando nos han herido. Así pues, si la casita es ahora lo importante, los fundamentos que parecen resistir a todo ¿Dónde quedan? ¿Dónde quedamos? ¿Dónde quedo?

Y todo esto como colofón a una noche tranquila y amable, en un bar pequeño con una blues band más thai que occidental en un local entrañable al que seguro volveré. Como si se tratara de un primer/pequeño nuevo cuartito de mi nueva casita ambulante y dispersa. Un lugar tranquilo y amable al que volver, no cuando haga frío -en Bangkok siempre hace calor- ni cuando me hayan herido -hace falta que te conozcan bien para que te puedan herir- pero sí volver porque sí, porque te sentiste a gusto la primera vez, y porque ya entonces sabías que esta cueva podrías sentirla también como una de tus cuevas.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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