Bawomataluo-King's-House-Model-Nias © 2013 . All rights reserved.

Dos calles y cuatro esquinas. Pulau Nias, Indonesia

Llegar a Pulau Nias no es fácil. Sólo lo conseguirás si realmente quieres. Y una vez allá volverás a estar atrapado de nuevo en otra isla, de modo que no basta con atracar frente a sus costas y conseguir llegar a Teluk Dalam. Tendrás que batallar contra unos lugareños inconscientes totalmente dispuestos a estrangular a la gallina de los huevos de oro, demasiado corrompidos por el maná que llegó un buen día con las olas del mar. Armarte de paciencia y de buen humor para poder recorrer las fascinantes aldeas del sur sin dejarte por el camino la bolsa y la vida.

Llegar a la bella Nias no es imposible pero exige tiempo y aguante. Para sobrellevar las casi ocho de autobús que separan los paisajes alpinos del Danau Toba, de la destartalada Sibolga a la orilla del mar, rodeada por montañas y selva. Para tomar el ferry nocturno y pasar la noche con doscientos parroquianos más durmiendo sobre duras tarimas forradas con hule estampado parqué. Todos demasiado juntos, demasiado humo -¿¡los indonesios también fuman cuando duermen!?-, demasiada música estridente hasta la madrugada y demasiados llantos de bebé a cada momento, cuando no es uno es otro, y cuando no, todos a coro.

Me desperté con el alba. Agotado por la noche que acababa de pasar, con todo el cuerpo dolorido a falta de colchón y con esa sensación de irrealidad que acompaña a las noches en duermevela. Al fondo ya se adivinaba el contorno de la isla, pero por el momento tan solo era una mancha negra y plana en el horizonte púrpura de alta mar. Una mancha negra que para mi sorpresa acabó por ser verde y exuberante, nada que ver con lo que esperaba encontrarme. Una costa de bahías arropadas por palmerales sobre arenas blancas. Yo, que venía a ver aldeas y arquitectura local, de repente me encuentro suspendido en un pequeño paraíso en Sorake Beach: Es una terraza en un primer piso, le cuelgan un par de hamacas perezosas y en el centro hay una mesa con una silla que mira al mar. Mis idolatrados cocoteros me enmarcan la vista, con el otro lado de la bahía al fondo y en frente, olas y más olas perfectas, que parecen desfilar con la precisión de metrónomo.

No es un lugar de playa, no la hay. Entre el mar y la tierra hay un arrecife de coral cubierto de arena que queda a la vista al bajar la marea, y que al subir se vuelve un lago que pone los cielos de Nias al alcance de tu mano. No son las playas de arenas blancas, son sus Olas. Ellas son la clave del acertijo pues Pulau Nias es meca para peregrinos del surf, y son ellas las que trajeron el maná y las rupias sin ton ni son. Las que me convierten a mí y los que vengan como yo, en un billetero que camina al que hay que exprimir sin contemplaciones, con la arrogancia del que confunde la buena suerte con el derecho divino.

Pero yo había venido a ver aldeas y Botohili y Orihili me gustaron, pero Bawomataluo me dejó total y absolutamente impresionado.

Es una atalaya, somos una atalaya apostada sobre un cerro. Una fortaleza rodeada de jungla por tres lados y que mira al horizonte por el cuarto. Bawomataluo son dos avenidas empedradas en cruz que dan para cuatro esquinas: la de la fuente, la de la sala de reuniones de la aldea, y dos esquinas más, abiertas en mirador y llenas de lugareños de cháchara. La escena que uno contempla al llegar al final de la escalera es sobrecogedora, pues desde abajo nada se intuye y con la mirada fija en los más de 100 peldaños no alzas la vista hasta el último instante. Es entonces que cuando se despliega una visión de otro mundo. Una imagen con la que no cargaba ni en mi memoria ni en mi imaginario.

Una espléndida avenida empedrada de no menos de veinticinco metros de ancho se proyecta cientos de metros flanqueada por un baile de cubiertas de paja y chapa requemada. Unas cubiertas enormes que son el elemento más notorio de estas viviendas construidas con madera y cuerdas y que no cuentan con un solo clavo. Unas casas que descansan sobre una maraña de pilares verticales y cruzados -evitando el colapso en caso de los terremotos aquí frecuentes- y que dan la extraña sensación ser las patitas de un insecto gigantesco que en cualquier momento podría echarse a andar. Las cubiertas picudas, el bosque de patitas de pilotes y la única ventana corrida de cada casa le dan al conjunto un aspecto de enormes insectos en letargo o de primitivas máquinas de guerra de alguna película de ciencia ficción.

De entre el baile de cubiertas y fachadas y de ropa tendida destaca la impresionante joroba de la Casa del Rey que, siguiendo el mismo esquema de las otras, multiplica por cinco su tamaño. Frente a ella un belén abstracto de gigantescos megalitos cuyo significado me es un misterio. En el interior de la casa o mejor dicho, del palacio, la atmósfera es mágica, transmite mucha calma. Uno tiene la sensación de estar en la bodega de un barco. La luz es suave y tamizada y los diferentes niveles de repisas, tarimas y estantes bajo la enorme ventana corrida que da a la avenida lo hacen muy acogedor. Más que un palacio parece un enorme y confortable salón de estar. Y si levantas la vista se abre ante ti una impenetrable maraña de oscuridad y vigas y viguetas que sustentan el desmesurado tejado. Un mundo aparte e inaccesible.

Salgo de nuevo a la calle a través del bosque de pilotes de madera de palacio -que aquí son gigantes- para darme una vuelta más por esta aldea que es ante todo una apuesta por un espacio común. Todo se desarrolla en esta plaza pública en forma de cruz desgarbada. Toda la ropa tendida, los cables y los postes de la luz que colgando cual guirnaldas de verbena,  toda la gente sentada y charlando en los porches, y los que no, asomados a las ventanas-mirador de cada casa. Es realmente un lugar especial, supuestamente ya asediado por multitudes de turistas aunque yo no me cruzara con ningún otro bulé ni me asediaran implacables vendedores de souvenirs.

Seguí la jornada improvisando. Pasé por Orihili donde andaba todo el pueblo muy atareado montando un tablado en la calle mayor –una buena juerga se estaba cociendo pero no conseguí descubrir a santo de qué- y por entre senderos monté a través y tras muchas indagaciones conseguí llegar hasta Hilisimaetano. Agotado y satisfecho me monté  en la primera camioneta que pasó, colgado en la parte trasera aturdido por el tufo de bolas de caucho fresco, contento por la jornada pero con muchas ganas de volver a sentarme en aquella mesa que se levanta frente al mar custodiada por las dos hamacas perezosas.

Me quedo con las ganas de haber pasado al menos una noche y haber visto un amanecer en Bawomataluo. Y me quedo también con muchas ganas de haber podido fotografiar todo esto que os he contado. Pero no podré pasar una noche más porque llegar hasta aquí fue todo un ejercicio de manual de viajero, y porque uno no sale de Pulau Nias cuando quiere sino cuando puede –sólo hay dos ferrys semanales de vuelta a Sibolga-. Y tampoco podré mostraros ninguna foto de Bawomataluo, Botohili, Orihili ni de Hilisimaetano porque créanlo o no, la nueva cámara que compré en Banda Aceh hace dos semanas murió ayer –y ya van cuatro en menos de 2 meses…-. Pero esa ya es otra historia que tendrá que esperar su desenlace hasta mi llegada a Yakarta. Hasta nuevo aviso -y espero que por poco tiempo- prosigo el viaje “a ciegas”.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

2 Comentarios

  1. Dani Ferrer

    Com decideixes quin és el següent destí?
    Més que viatjar pel mon, (ens) descobreixes el mon.

    • Bones Dani,

      Doncs tinc un esboç de ruta sempre fet que básicament conecta els punts que m’interesen i que he mirat abans a les guies i als altres blogs de viatjes. Mirant d’alternar, això sí, jungles, ciutats, platjes i monuments ;)

Leave a Reply

Tu email no será publicado
Los campos necesarios están marcados con *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title="" rel=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>