¿Dónde está Roldán?. Vientiane, Laos

El cómo se genera la memoria, el cómo se almacenan los recuerdos, me parece algo casi tan arbitrario como la manera en la que los sueños se nos muestran cada noche. Yo soñar sueño mucho, muchísimo, y me encanta. ¿Y mi memoria? Mi memoria falla cuando no debe y es profusa cuando nadie la necesita. Supongo que es por eso por lo que se me da bien el Trivial pero me cuesta recordar con precisión cumpleaños importantes.

Llevo 16 días en Laos. Había oído hablar maravillas del país a un montón de viajeros con los que me he ido cruzando durante los últimos 3 años, pero debo confesar que la primera entrada en el disco duro de mi memoria sobre este país que me sigue enamorando por momentos se remonta a mediados de los 90.

Andaba yo en plena adolescencia cuando empecé a mirar telediarios pensado que así me informaba y toda España se preguntaba en plan de cachondeo aquello de ¿dónde está Roldán?. Había más guasa que indignación a pesar de que este personaje, que había sido director de la Benemérita por enchufe y mintiendo en el currículum, había estado robando miles de millones a base comisiones a constructoras y fondos reservados. Se fugó y tras 300 días de broma y cachondeo por fin sabíamos dónde se escondía Roldán. ¿Adivinan? Acertaron, en Laos.

Vinimos a Vientiane por aquello del ver que hay. Pensando que las advertencias de todos los viajeros que venían al norte desde el sur exageraban o no habían estado suficientemente receptivos a la capital de esta tierra. Llegamos a media mañana, destruídos, unos más que otros, por una tarde-noche en Vang Vieng y un bus de línea que salió puntualmente a las 6 de la madrugada. Después de encontrar habitación y ducharnos decidimos salir a la calle para rebatir los malos augurios que pronosticaban para el día de hoy un contundente “nada para ver”. Y andamos y andamos, y buscamos y buscamos, y después de pedirle peras al olmo entendimos que el problema no era Vientiane, el problema eran nuestras expectativas infundadas.

Vientiane es lo que es, un pueblo grande a las orillas del Mekong que acabó siendo capital de un país. Un lugar perfecto para ocultar directores generales de policía fugados que nunca acabaron de pagar por sus pecados. Un lugar donde los ministerios son humildes chalets al fondo de un callejón y donde el highlight del día fue una sesión de sauna laosiana. Veo a Vientiane como la proyección de los laosianos y me gusta: Pocas ansias de grandeza, muchas dosis de calma y buen humor y un arte insuperable en esto del dejarse llevar, pase lo que pase y piensen lo que piensen.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

Leave a Reply

Tu email no será publicado
Los campos necesarios están marcados con *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title="" rel=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>