De Carpintero en Mae Salong. Tailandia

Si van justos de tiempo no vengan a Mae Salong. No es que no valga la pena, a mí, en concreto me fue de perlas. El caso que estos 3 días me han venido genial y por motivos muy diferentes.

Durante el primer día, realmente necesitaba y me apetecía usar el cuerpo. Andar, andar y andar. Subir y bajar cuestas y sobre todo sudar y jadear. La excursión, o el hiking -que queda más sofisticado- no tenía mucho de especial. Pero lo dicho, el cuerpo me pedía una subida de revoluciones y el intenso paseo de seis horas sirvió para eso.

El segundo día lo había dispuesto con la intención de ampliar mis habilidades ciclomotoras. Por un lado para no olvidar las artes aprendidas durante la ascensión a Namhsan, y por otro como calentamiento del Loop de Laos, para el que cada día queda menos. Pero amaneció nublado y no estaba dispuesto, por el momento, a pasarme cinco horas sobre una moto cruzando bellos paisajes pero sin tener la luz favorable y con riesgo de lluvias. Mae Salong, del cual todavía no he contado nada, está en la montaña y créanme si les digo que las cuestas y sus curvas merecen mucho respeto y prudencia. Así pues me homenajeé con un día libre, y pude así disfrutar de mi primer día de nubes y frío en mucho tiempo. Sí, oyeron bien, y es que de tantos soles y cielos azules, ayer gocé saboreando a cada momento del cielo encapotado y la fría brisa que se colaba por entre mis ropas. Ni que decir que jugaba con ventaja y mi alegría de ánimos venía espoleada por una cita especial al final de la jornada. Había quedado para charlar con David y Andreu, dos buenos amigos de la lejana Barcelona. El día pasó lento pero ágil. Trabajé en el Blog, en las fotos y estuve productivamente perezoso.

Y al tercer día, el de la reencarnación, amaneció de nuevo, nublado. Pero esta vez no podía posponerlo, y si bien es de recibo disfrutar de un día de calma, uno no se vino a la otra punta del mundo para quedarse sin verlo. Hechas las presentaciones con mi potro motorizado y trazado el plan de ruta, emprendo el camino hacía mi destino. Una vuelta por las montañas, unos 70km por buenas carreteras y paisajes que han prometido prometer. Crucemos los dedos y que el viento azote de nuevo mis rosadas mejillas.

El titular del día lo podría despachar con un “lo logramos y nos sentimos cómodos”. Los paisajes estuvieron bien, algunas veces más intensos que otras, pero como los dioses estaban generosos, a medio camino me hicieron los honores de presenciar la inauguración de una nueva Stupa y un nuevo Buda -resulta que en el país todavía había sitio para uno má-.. Curioso evento en medio de la nada, pero bien surtido de público: gentes de los montes y habitantes de las ciudades, y como no, una ración de monjes para añadir color y sonoridad al evento. Las almas piadosas de Chiang Rai habían venido a las montañas para acumular méritos. Un grupito de encantadoras señoras de bien que habían financiado la construcción de la nueva Stupa, vistieron sus ropas informales más inmaculadas para recibir las bendiciones de los monjes, acumular buen karma y repartir comida a los rústicos aldeanos de la montañas.

Mae Salong es un pueblo algo especial. Paradigmático sería una palabra más ajustada. Y es que toda la zona, a medio camino entre China, Myanmar, Tailandia, Laos y Vietnam, es pasto de minorías étnicas asentadas en los montes, que siglo tras siglo fueron migrando de aquí para allá bajo el empuje de civilizaciones “más potentes” (Chinos Han, Birmanos, Thais, Vietnamitas, …). El resultado es un constante mosaico de aldeas vecinas donde no siempre tienden a entenderse en el mismo idioma o vestir las mismas ropas. Son Pueblos sin patria, en muchos casos desplazados del país vecino, por uno u otro conflicto. Mae Salong es fruto de la Guerra Civil China que durante dos décadas enfrentó a “Comunistas” Vs “Nacionalistas”. Los vencidos tuvieron que huir y después de su paso y expulsión de Myanmar, fuerzas del ejército derrotado del Kuomintang y sus familias encontraron asilo en el norte Tailandia. Mae Salong, es tan chino -o yunanés- como tailandés. Existe desde apenas 50 años y ha pasado de ser un centro de cultivo y tráfico de opio, a convertirse en destino turístico centrado en la explotación del té y el café.

A las colinas colindantes conseguí arrancarles alguna postal idílica de campos de té y aldeas de bambú y paja. Pero debo admitir que lo que más me divirtió fue descubrir un curioso lugar en extraño equilibrio entre el brillante Akira Toriyama y Alicia en el País de las Maravillas. Un lugar consagrado al té, al turismo de masas y a la más delirante interpretación de ambos. Un lugar abandonado, vacío y triste que a mi me alegró el día.

Y a pesar de todo lo dicho, Mae Salong me ha servido para darme cuenta de un par de cosas, para seguir irreflexionando un poco sobre lo que no me gusta y puede mejorarse. Que de eso también se trata este viaje, de tener tiempo sentarme tranquilamente ante el espejo. No tanto deleitarme ante mi espléndido porte, como para ver reflejados ese puntos donde la mesa todavía cojea. Y hacerme las veces de Carpintero, desmontando la pata si es necesario y para fijar una nueva.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

1 Comentario

  1. CRU

    jo per un mes, també voldré ser carpintera…

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