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¿Cuánto vale un recuerdo? Hangzhou, China

¿Haber vivido algo hace mucho tiempo nos da autoridad para hablar de ello? Hará unos días, mientras callejeaba por Pekín me preguntaba qué quedará en mi recuerdo de todo esto, cuál será la versión que rememoraré en mis días que están por venir.

Tengo la no triste, pero sí melancólica sensación de que todo lo vivido sólo servirá para moldear mi carácter de un modo más sutil, pero que los recuerdos en sí mismos tendrán poca validez a la hora de actuar porque serán vanos, inciertos y edulcorados por el paso de los años. Mi carácter torneado por estas vivencias dará respuesta a cada momento como consecuencia de la realidad vivida pero sin poderla tener como referencia concreta o como punto de apoyo.

Tengo la sensación que usamos un pasado novelado para justificar actitudes y necesidades presentes. Y tengo la sensación que este escrito no es más que un estadio más en ese proceso de asimilamiento y digestión existencial viajera.

Ahora no recuerdo cómo, cuándo ni dónde, pero un día vi a un niño reír, reír con todas las ganas con las que un niño chico puede reírse, y se me pasó por la cabeza la pregunta “¿Cuánto de esta risa quedará en este niño cuando crezca?”. Fue un chispazo y tal como vino se fue. Me pareció simple, pero ahora que lo pienso el tema está cargado de trasfondo. ¿Hasta qué punto lo que somos viene determinado por lo que hemos vivido o viene determinado por lo que creemos y recordamos haber vivido? ¿Cuánto vale realmente un recuerdo?

Y todo esto viene a mi cabeza a las orillas del Lago de Oeste en Hangzhou, mientras espero a que pase el chaparrón e intento disfrutar cada momento de este viaje, consciente que de los 1000 instantes vividos cada día, la mayoría se desvanecerán para siempre el preciso instante en que suba al próximo autobús.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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