Clase Preferente. Mandalay-Myitkyina, Myanmar

Estoy en Mandalay y tengo que llegar a Myitkyina. Pregunto en la estación de tren y después de mil averiguaciones y de cantar la alineación de Barça, una vez más, consigo los horarios y los precios para mi destino. Son 25 horas y una noche en el tren y pienso que por esta vez estaría bien estirarse un poco y pagar los 20$ que vale la clase preferente. Dos días después me dirijo a la estación. He estado haciendo tiempo en el hotel y para ser sinceros no he tenido un buen día. No por nada, sólo porque la cabeza a veces va por libre y piensa a la suya, y no necesariamente acorde con el momento ni con las circunstancias. Lo único que tengo en mente es que tengo tiempo para relajarme en el tren, que disfrutaré del paisaje y que podré dormir estirado. Sólo aspiro a un tablón horizontal que me permita no ir doblado como el 4 durante las 25 horas del trayecto.

Llego a la estación, pregunto por el andén, bajo y me encuentro con el tren… Y miro y busco la clase preferente y la encuentro, y me convenzo de que no es ésta, que debe haber otra que sea claramente preferente. Y claro, la realidad tiene las suyas, y se impone, vaya que sí se impone. Finalmente un alma caritativa me echa un cable, me muestra el vagón y me encuentra mi asiento. El primer pensamiento que cruza mi cabeza es que “esto va a doler”. Estamos a oscuras, no veo nada y lo poco que veo está a medio camino entre triste y miserable. El vagón está hasta los topes de chavales, no problemo, pero son militares y cargan con sus armas. Nunca las había visto tan de cerca, de hecho las tengo en frente y pienso si estará puesto el seguro (cómo si yo supiera algo de seguros de ametralladoras). No es tanto la situación como el hecho de ver que la clase preferente son unos asientos teóricamente acolchados (al igual) y que no puedo comunicarme con nadie. El tren sigue a oscuras y el ambiente de los andenes, que siendo lo más animado, es deprimente. Y tan solo me quedan 25 horas por delante y intento poner cara de “no pasa nada” y “en China la pasamos peor”. Y es que no he tenido un buen día.

Y en éstas veo un sombrero que cruza el anden. Y veo que es otro guiri y pienso que estoy salvado. No tanto porque solucione lo anterior, pero como mínimo habrá alguna alma con la que me pueda comunicar. Y resulta que al cabo de unos minutos tengo al sombrero en frente sonriéndome. Y lo viste un belga de casi 2 metros llamado Fred que desborda entusiasmo, y me digo “diós, qué suerte he tenido”. Fred resulta ser un tipo interesantísimo y divertido, perfecto compañero de viaje, y pienso en esto de la vida, y en lo rápido que todo cambia y en cómo en un chasquido cualquier tren descarrilado puede volver sobre el camino.

Charlamos de todo un poco. Para empezar la típica conversación de viajeros (dónde vas, qué plan tienes, cuánto hace que viajas, dónde has estado) y luego un poco mas allá, haciendo referencia a la vida pasada, a la que dejaste atrás (qué hacías, cómo que haces esto, qué pasó… ). 5 minutos y empiezo a darme cuenta de que hay partido y que hay que estar agradecido.

Lo que viene a continuación es un buen viaje de 31 horas (nótese que ya no son las 25 iniciales) llenas de buen humor, paisajes simpáticos y mucho roce con la vida de estas gentes. De la primera noche me quedo con la imagen, de una pequeña cabaña hecha de palma. Tan humilde y sencilla que resulta extremadamente elegante. Es noche cerrada, el tren pasa por su lado, a unos escasos 3 metros, y dentro hay una mesa, y alguien sentado frente a un vela. Seguro que ni el portal de Belén fue tan sobrio y tan digno al mismo tiempo. Y este es el tipo de vida que desfila por la ventana. Escenas de bueyes y arados sobre campos y lejanas colinas. Un tren que al rato cruza arrozales verdes y dorados o corta, literalmente, cachos de jungla cerrada a su paso.

El tiempo va pasando y la gente se va acostumbrando a nosotros, y sin entendernos nos entendemos perfectamente, y se forman esas familias pasajeras de viaje, donde la gente comparte y te sonríe simplemente porque eres el de al lado. El traqueteo del tren es monumental. Hay un momento en la noche, durante el cual juego a hacerme creer que duermo, cuando en realidad me hago el dormido. En ese momento el tren se ve sacudido por un sinfín de espasmos sincopados que lo menean todo. Por un momento pienso “esto no puede ser real, alguien debe hacerlo a propósito” y mantengo los ojos cerrados. Pero no hay manera, los abro y la escena no puede ser mas cómica: Un tren decrépito cruza a media luz la noche a ritmo de cha cha cha. Sus pasajeros mal acomodados y mal dormidos en sus asientos permanecen con los ojos cerrados. Todo el vagón sube y baja al ritmo de las traviesas, los culos se levantan al tiempo que todas las caritas en paz permanecen serenas, ajenas, como sino fuera con ellas. Me giro y Fred se está descojonando a mi lado. Estallamos en carcajadas y empezamos a pensar cual sería la banda sonora más adecuada. “I´ve got a feeling that tonite is gonna be a good night” se alza como clara vencedora. No lo he contado, pero hace mucho frío, y en el fondo lo único que deseamos es que se haga de día y que el sol nos caliente de nuevo.

El día siguiente transcurre como más de lo mismo. Divina rutina pasajera. No avanzamos casi nada y nos pasamos el día parados, dejando pasar a los que bajan. Somos el tren barato y los caros tiene preferencia. Los paisajes, las paradas eternas, las sonrisas, las infinitas delicias culinarias que desfilan ante nuestras ventanas cada vez que se detiene el tren hacen del día de viaje algo sabroso, agradecido, enriquecedor. La gente se relaja todavía mas, y quieren saber de ti. De dónde eres, a dónde vas, y acaban por invitarte a que te sientes con ellos. Y no tanto para charlar porque rápido se nos terminan las palabras. Pero es que ahora resulta que para estar a gusto con alguien que acabas de conocer tampoco es necesario hablar. Resulta que compartir también puede significar estar sentados mirando un tren parado en el andén.

“Esto va a doler” pensé en un primer momento. Pues doler no dolió, pero durar duró. Todo se alarga y ya vemos que no vamos a llegar a las 8 de la noche y que va para largo, y acabamos llegando a las 3 de la madrugada. La peor hora para llegar a una ciudad que no conoces, la peor hora para buscar alojamiento. El tren ya va vacío, quedamos pocos y los últimos traqueteos hacen que hasta los respaldos se vengan abajo. Y vuelve a hacer mucho frío, y estamos tan cansados que me recuerda a aquellas noches de entrega en la universidad, en las que cruzado el límite físico y mental, todo te parece divertido y ya te ríes por cualquier cosa. Y gracias que tengo con quien reírme y que Fred está tan destruido como yo.

Llegamos, cogemos un carricoche, y lo único que me pierde es un cielo estrellado impresionante que cubre la noche. No nos quieren en ninguna parte o se hacen los remolones y nos quieren hacer pagar un pastón por pasar 3 horas en el hotel. Al final el entusiasmo de Fred convence a unas buenas gentes para que nos dejen estar en el hall del hotel, tomando red bulls, mirando fútbol de champions y esperando a que amanezca.

El final de esta historia de clase preferente se sella con un amanecer espléndido, a las orillas de Ayeryawady, frente a un bote que nos espera en la orilla y con muchas risas y alguna que otra angustia a nuestras espaldas. Son las 7 de la mañana y justo aquí empieza un descenso de 5 días por el Río Grande de Myanmar.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

6 Comentarios

  1. CRU

    uff… ara entenc lo del bus…

  2. Pol

    Hola Franc.

    Estic molt content i molt emocionat de compartir les teves aventures.
    He descobert el teu do de l’escriptura (el de la fotografia ja el conexia).
    Seguiré recorrent aquest móns a través de la pantalla.
    Moltes gràcies.
    “beauty is meaningless until it is shared. M’agrada. M’agrada molt.
    Pol.

    • uauh! Gràcies Polete pels piropos ;D Seguirem intentant transcriure les 1300 coses que passen cada setmana ;) Una abraçada forta i espero que vagi tot mor bé back in Saint Quirze :)

  3. ...the passenger...

    Trio un seient proper al teu, al costat de la finestra per encantar-me amb tot el que descrius. Et tinc de cara i de tant en tant ens creuem la mirada, amb la complicitat de saber que avui és un dia especial.
    Trio aquest tren per fer-nos companyia avui, per compartir aquest trajecte i desitjar-te que els disfrutis…

    … demana un desig, i bufa fort! ;)

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