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Ciudades amables & ciudades hostiles. Hangzhou, Shanghai & Suzhou. China

¡Y es que parece mentira! Cuando las cosas se ponen del revés volver a reconducirlas no es fácil, pero tampoco imposible. Éste viene siendo un poco el ejercicio en general: reconciliación con Shanghai, con los chinos y con los tifones. Mil historias que no caben en un post pero que intentaré resumir.

La primera parada fue en Hangzhou. Primera experiencia totalmente solo en un vuelo lleno de locales y ejercicio superado de llegar del aeropuerto al hostal sin hablar palabra de chino. La ciudad muy grande -éste es un país lleno de mega-ciudades totalmente desconocidas en occidente- y la zona del Lago del Oeste sorprendentemente bonita, extremadamente bien cuidada y con buen un gusto que escasea en estas tierras. Pasé todo el día paseando por los parques, los templos, los jardines y pasando un calor infernal. La humedad debía ser del cien por cien y estuve permanentemente empapado en sudor. La jornada la cerró una velada en un Jazz Club con banda en directo y encantadora y bella compañía fruto del CouchSurfing, no si antes darme un paseo por el mercado nocturno y ver como en una de las principales explanadas una formación de señoras maduras movían el esqueleto a ritmo de techno.

¿Y Shanghai? Pues la verdad es que tuve un gran desencanto. No sabría cómo explicarlo pero tuve la sensación que quien estaba pensando la ciudad tenía la cabeza en otra parte. Me pareció un lugar totalmente invivible excepto por los dos motivos que me refería todo el mundo con quien hablé. Por un lado las grandes oportunidades económicas y laborales. Por el otro la increíble fiesta nocturna que deriva de las altas rentas. Y sigo preguntándome dónde quedan la calidad de vida y las otras bondades por las que nos gusta vivir en un lugar y no en otro. La ciudad propiamente dicha tampoco me impresionó. Nada comparado con el skyline de Nueva York, ni de lejos. Todo está fuera de escala y la gran mayoría es de dudoso buen gusto. Tuve la sensación que realmente todo está a medio cocer y que posiblemente dentro de unos años, cuando este consolidada, ofrecerá algún rostro claro. La extraña bienvenida, las lluvias tifónicas que azotaban la ciudad y una muy incómoda experiencia con mi host de CouchSurfing me hicieron venir ganas de salir por patas de ese lugar.

Pero antes de abandonar definitivamente Shanghai me acerqué a Suzhou, la Venecia de Oriente. Suzhou está en proceso, si es que no ha concluido ya, de convertirse en otro parque temático turístico a la china. La gran parte de los canales se secaron hace tiempo y son calles, amplias zonas de la ciudad vieja fueron derruidas y ahora empieza la “recuperación” y la “reconstrucción”. Son esos procesos que no se sabe bien cómo acabarán. La ciudad y sus jardines Patrimonio de la Humanidad están inundados de turistas chinos que corretean y hacen gala de la más absoluta falta de respeto: parecen no ver diferencia alguna entre Disneyland y El Jardín del Administrador.

Pero a pesar de todo y de la marabunta que vocifera en los enclaves principales, Suzhou bien merece una visita. Sus jardines, su arquitectura y sus canales y callejones permiten captar la esencia de lo que aquello pudo llegar a ser. De aquel mundo de comerciantes cultivados que fomentaron las artes y el refinamiento y hicieron de Suzhou un pequeño paraíso urbano en la tierra. Lo mejor de una civilización plasmado en unos ideales que se materializaron en las casas de los grandes señores y comerciantes y en sus jardines.

Gracias a los dioses al final también tuve mi momento de reconciliación con Shanghai, y es que después de salir de fiesta con Indy -debota CouchSurfer- y acabar en un bar de reagge con un grupo variopinto en la otra punta de la ciudad, un servidor, algo entonado, consiguió que el bendito taxista le llevara de vuelta a casa. Todo un reto que tuvo final feliz.. Posiblemente éste fuera el momento más dulce de todos. La vuelta a casa, pasadas las doce, cruzando la noche veloz sobre la maraña de viaductos, cruzando y dejando atrás el mar de torres chispeantes reflejadas en las mil superficies de la megalópolis empapada de lluvia.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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