Camarote Bien Ventilado. Kelimutu & Wodong, Indonesia

Crucero por el Mar de Banda en hotel de mil estrellas. Camarote bien ventilado con vistas al mar, preferentemente a los bellos atardeceres sin tierra de por medio. Amplia cubierta de paseo. Partimos a la puesta de sol desde Maumere en la Isla de Flores, llegaremos a Makassar en la Isla de Sulawesi al alba. 2 noches en total todo por el módico precio de 13€ –dietas no incluidas- ¿Quién da más?

Se podrá dar más, pero menos… imposible.

Cuando llegué a los camarotes de la tercera clase y vi el panorama fue uno de esos momentos en los que me alegré de no estar viajando solo. Me había reencontrado con Andrea y Nadine, una pareja viajera suiza que conocí en Sumatra dos meses atrás. Llevábamos toda la espera en la terminal con la bromita del cómo sería la tercera clase y yo pensaba que tras mis dos noches en el ferry de Pulau Nias ya lo tenía todo visto y sufrido, pero me equivocaba. El billete nos había salido barato pero no nos íbamos a ir de rositas.

En cuanto el barco atracó en el muelle tomamos rápido posiciones para saltar disparados al abordaje con el pasaje entre los dientes. El plan era que dos iríamos a por tres buenos huecos donde pasar las siguientes 36 horas y el tercero esperaría con las mochilas. Después dar vueltas por el barco como tontainas a la búsqueda del “buen sitio” nos acabamos reencontrando en el menos malo de todos los horribles sitios. Yo me lo miré con mucha filosofía y relatividad. Pensé, “con este calor asfixiante puedo”. Me dije, “con esta peste a rancio creo que también podré” ¿Y la humedad? “Bueno, como aquel que dice llevo casi 11 meses sudando en los trópicos…” ¡Pero ay!… ¡Ay que con esto otro sí que no podré!…

No exagero si digo que todo a nuestro alrededor vibraba. Como un zumbido sordo que se percibe con los ojos. Como un carraspeo mudo que te envuelve y te oprime. Todos los colchones, todas las paredes y los suelos estaban infestados de pequeñas cucarachas que corrían histéricas de un lado a otro. No sólo corrían, también luchaban ferozmente entre ellas –no había visto yo nunca a insectos de una misma especie darse de tortas con esa saña-. Y no sólo luchaban ferozmente entre ellas, también luchaban con las hordas de hormigas –las menos- que campaban a sus anchas por todas las superficies visibles e invisibles.

Me lo miré, nos lo miramos, nos miramos los unos a los otros y tras algunos “Ok, let’s do it  -Está bien, hagámoslo-” que no se creía nadie, Andrea propuso dormir a fuera en cubierta, a pelo y con lo que viniera. Cualquier cosa sería mejor que pasar la noche en vela atormentados por estas cucarachas pandilleras correteándonos por el cuerpo y anidando en nuestras mochilas.

La noche sigue al día, la tormenta a la calma, y el crucero por los mares de Indonesia era la consecuencia inevitable a los dulces días previos. Dejando atrás Bajawa recorrimos la segunda mitad de la Isla de Flores camino de Maumere con una parada técnica en Moni para contemplar el amanecer en la cima del Gunung Kelimutu, una de esas visitas de llegar, ver y partir. Uno de esos lugares que de haber estado en Grecia habría tenido sin lugar a dudas repercusiones en la cosmogonía occidental. Un volcán que en realidad son tres. Tres cráteres, que son tres lagos y cada lago de un color.

Tres calderos que bien podrían ser las cocinas del infierno si no fuera porque esta madrugada aparece nublada y envuelta en espesa niebla. Para ir y ver, para pasar menos frío que la docena de locales que esperan tiritando envueltos en sus ikats para vendernos unas galletas o un té caliente a la treintena de turistas que ha congregado el amanecer de hoy. El alba de un nuevo día que aún siendo gris nos ofrece algún momento de nubes rosadas y rayos fugaces que se cuelan entre jirones rotos. Al fondo los lagos y el paisaje pelado que arropa los cráteres. El vértigo de asomarse al vacío y sentir ese escalofrío recorriéndote el espinazo. Tres lagos que en realidad son tres puertas al mundo del más allá, pues creen los habitantes de Flores que cuando uno muere su alma asciende al Kelimutu para sumergirse en uno de los tres cráteres, dependiendo de su condición en vida: Tiwu Ata Mbupu -el lago de los Mayores-, Tiwu Nuwa Muri Koo Fai -el lago de los Jóvenes y Solteros- y el Tiwu Ata Polo -el lago encantado-.

Llovió toda la noche de ayer y ya de buena mañana  retoma la llovizna. No tenemos prisa ni nada que hacer durante el resto de la jornada así que nos sentamos y pedimos unos tés con galletitas en uno de los puestos frente al aparcamiento. Y nos enzarzamos en una charla sin más que seguirá todo el camino de bajada andando hasta Moni. Uno de esos paseos de mañana que sin saber porque recuerdo con el cariño de las muchas cosas importantes que hablamos -de las cuales ya no recuerdo ninguna- , una charla vital cualquiera como las que solíamos tener en Barcelona y que anticipan lo que está por venir. Es en Maumere -nuestra próxima parada- donde nuestros caminos se separan de nuevo. Eva y Guillem siguen hacia el este a la búsqueda de rincones remotos y avistamientos de ballenas. Yo me quedaré en esta ciudad de provincias con poco que contar a la espera de que zarpe mi barco para Sulawesi donde están a punto de aterrizar David y Jesús. Y llega el momento de la despedida, siempre extraño, siempre a paso cambiado. Casi tan extraño como encontrarse con buenos amigos en la otra punta del mundo resulta ahora extraño despedirse. ¿Hasta cuándo?¿Hasta dónde? Ellos se van temprano en la mañana justo después del almuerzo y aquí me quedo yo en mi melancolía, de nuevo a solas conmigo mismo en este hotel sencillo de agradable aire setentero. Quedan tres días hasta que zarpe el barco ¿Qué hago?

Se llama Wodong, y si el Kelimutu es uno de esos lugares fotogénicos para llegar, ver y partir, Wodong es justamente todo lo contrario. Un bungalow bien sencillo y elegante a escasos cinco metros de una playa de arenas negras que casi desaparece con la marea alta. Un rinconcito con una buena cocina local, una mejor gente y un ambiente ideal para relajarse, ver pelis y trabajar en el blog. Otro rinconcito de mundo en el que estando sólo dos noches me sentí como en casa. Por lo bonito de sus atardeceres y por la gente bonita que conocí allí. Todos andábamos de paso pero sin prisa, con cosas buenas que contar y con muchos buenos ratos que compartir. Era la calma que precedía a la tormenta, al barco, al crucero en el hotel de mil estrellas.

Y si soy honesto, a pesar de la primera impresión y de las dos noches de frío que pasamos en cubierta, la verdad es que acabé disfrutando del viaje. A pesar de las cinco llamadas diarias a la oración –todos los ferrys de Indonesia van equipados con la mezquita portátil correspondiente-, la peste a pintura del señor que le dio por repasar precisamente nuestra sección de cubierta, y las decenas de indonesios curiosos que se nos acercaban para acabar haciéndonos siempre las mismas preguntas. De los baños ni hablaré y fotos tampoco habrán. Las condiciones son penosas porque el pasaje es barato, y el pasaje es barato porque la mayoría no puede permitirse uno más caro. Yo por mi parte estuve la mar de a gusto, Andrea y Nadine fueron –y son- encantadores. Me marqué unas pelis pegado a un enchufe en el suelo de uno de los pasillos, y hasta el arroz cocido que había comprado dos días antes en Maumere me supo rico. Ni que hablar del atardecer en cubierta, y que os voy a contar de mi amanecer frente a las costas de Sulawesi. Si de noche todos los gatos son pardos, al amanecer todas las ciudades parecen bellas y Makassar no fue una excepción.

Adiós Flores, adéu Eva, adéu Guillem. Hola Sulawesi, hola David, hola Jesús.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

Leave a Reply

Tu email no será publicado
Los campos necesarios están marcados con *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title="" rel=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>