Bellos por Durmientes. Kolkata, India

Aparecen por todas partes: lo mismo duermen haciendo malabares sobre una barandilla abalaustrada, lo mismo andan recostados a las puertas del templo a la diosa Kali, la negra, la de los tres ojos rojos y la gran lengua dorada.

Descansan –lo vieron mis ojos- al atardecer, justo antes de que se abran los cielos y caiga el diluvio, reposando su maltrecha osamenta en el carrito de los helados a las puertas del monumento a la Reina Victoria, siempre encima, nunca debajo, para que no nos roben los helados mientras soñamos que somos los héroes de las películas y que al final nos casamos con la chica guapa de la mirada triste. Duermen todos como ángeles, como si lo de la vida fuera en realidad una broma, Maya, una ilusión. Duermen los bellos benditos y alguno soñara con el rugido del dragón junto al estruendo de una avenida en Kolkata, otro con el siseo de una gran serpiente al son de miles de suelas gastadas arrastrándose por la calle cortada.

Hará apenas unos días que puse mi primer pie en la India, y parece que aquí todos juegan a un juego. Que cuando cae la noche de repente se hacen todos los dormidos y se desploman allá donde los haya pillado la oscuridad. Caen fulminados sobre las aceras y pretenden dormir, y gana el que consigue aguantar hasta el día siguiente, ignorando los bocinazos, la dureza del asfalto contra los huesos, el frío que uno pueda sentir o la lluvia que a uno le pueda caer. Pagan justos por pecadores, por no haber llegado a casa a tiempo, por no tener ni siquiera una casa a la que llegar, ni una chabola, ni una triste lona azul o un techo de uralita corrido a pedradas. Algunos sueltos, otros tantos en familia.

Duermen todos los benditos, que como la bella del cuento, lo son -bellos- tan sólo por el hecho de haber cerrado los ojos. Duermen y pienso que algunos, la mayoría, serán buenos, y pienso -me pregunto- por la cara de los malos… ¿Qué cara ponen los canallas cuando duermen? Los que roban por codicia –que no por hambre-, los que matan, los que violan, los que mienten, todos esos que hacen daño sabiéndolo y queriéndolo…

Duermen plácidamente todos estos rostros bellos y serenos por las calles de Kolkata, pero no es un sueño, es su realidad. No es un juego, es su vida.

A base de malvivir no les quedó más remedio que aprender a tomarse un descanso de su implacable existencia –y seguramente injusta- en cualquier momento y en cualquier rincón. A pesar del barullo, a pesar de las chinas punzantes en los costados. A pesar de todo, de los sinsabores de una vida perra, de la miseria más apabullante, a pesar de todo ello, los rostros de miles de bellos durmientes salpican las calles de la extenuada Kolkata.

Todos con la misma cara, los buenos y los malos. Todos con la misma cara, los ricos y los pobres. Todos con la misma cara de ángeles benditos, todos ellos, como tú y como yo, como tus hijos y como los míos, todos ellos bellos y benditos por el simple hecho de estar dormidos.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

1 Comentario

  1. Bella forma de expresar una triste realidad.

    Un saludo.

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