“Be water my friend”. Thi Lo Su, Tailandia.

Abro los ojos y miro hacia arriba, hacia la cascada que se desliza por el precipicio. Floto sobre la caldera superior y el agua está fría y todo mi cuerpo en tensión. Los rayos de sol cortan el cielo al tiempo que se mezclan con las nubes de agua que desprende la cascada. Algunos árboles asoman allá arriba. Barbas de musgo descuelgan de la rocas relamidas por el paso del tiempo y el agua. Sonrío y me digo que éste es uno de esos momentos que no debo olvidar. Thi Lo Su es su nombre y nado en sus aguas, y como siempre no ha sido difícil llegar hasta aquí pero tampoco fue fácil.

Fueron seis horas en la parte trasera de una pick-up, tan bien cubierta que apenas pude ver nada de los paisajes que cruzamos. Y aún así sufrí los mil y un vaivenes de un sinfín de curvas en una carretera que parecía no tener fin.

El viaje no vino de vacío y me ofreció una postal impagable de la Tailandia de fronteras: Un monje duerme sobre una moto que cargamos. Una mujer sólo bella en su mirada porque viste un nikab. Otra, mi compañera de asiento, ilegal y sin papeles, agradece estar al lado del extranjero y disfrutar de un plus de privilegio que no sé bien a qué se debe. Una niña, envuelta en su pañuelo, que no protesta pero a la que le toca sentarse en el suelo entre bulto y bulto al tiempo que guarda celosamente contra su pecho 2 botellas de agua. Y cierran la escena 4 hombres, birmanos, legales por tener papeles, de piel oscura y rasgos delicados rematados por una barba, musulmana también. Me cuidó bien de no hacer nada incorrecto y me quedo sin foto. Albert ya me puso al día de la pequeña comunidad musulmana de Mae Sot a la cual conoce bien y no seré yo quien dé un paso en falso.

Umphang tenía poco para ver, pero antes de llegar ya intuyo que los paisajes que no vi valieron la pena, así que me cuidaré de tener más suerte a la vuelta. Umphang: campo base, buena habitación, wifi y primer contacto con los que serán mis compañeros de excursión. Primera impresión: mala.

Por suerte los dioses quisieron que la primera impresión fuera incorrecta. No sé si los pillé de malas o el que no andaba fino era yo. El caso que cuando al día siguiente empezó el descenso por el río, Paul y Jazzy resultaron ser la mar de majos. Ella era más discreta, pero no menos interesante. Por su lado Paul desbordaba conversación y fue un digno compañero de comparsa. Pero lo mejor y lo más inesperado fue el primer tramo del río. Los paisajes que cruzamos a bordo de nuestra balsita nos dejaron la mandíbula desencajada. Por lo bellos que eran y por lo poco que esperábamos encontrarlos. El río atraviesa un mar de selva espesa por la que a ratos asomaban, a lo alto, acantilados de los que cuelgaban cuevas y palmeras de aspecto jurásico. Y río abajo nos sorprenden un rosario suaves cascadas que se deslizan por peñascos de rocas empapadas y reverdecidas a la sombra y al paso del tiempo. No son chorros de agua a borbotones, son más como cortinas de lluvia que peinan los márgenes de río. Bello, bello. Y estresante, pues sin prisa pero sin pausa cruzamos por estos jardines del edén sin apenas tiempo para ver, disfrutar y fotografiar. Ya se sabe, la belleza, como la vida, es efímera, y hay que aprender a vivir con ello.

Avanza el día, gratas son las sorpresas y todavía nos queda lo mejor. Dejamos atrás el bote y en todoterreno cruzamos el parque nacional para llegar al campo base. Cruzamos un pequeño tramo de selva, ya a pié, y se empiezan a oír el murmullo martilleante de las aguas cayendo por el precipicio. La jungla, por supuesto, lo esconde todo y no desvela sus secretos hasta el último instante. La sucesión de saltos de agua que se solapan entre rocas y árboles desde lo alto del acantilado es el premio final. O no. Tomadas las fotos de rigor es hora de llegar “hasta el infinito y más allá”. ¿Porqué bastaría con darse un chapuzón en el primer nivel cuando se puede llegar hasta el último?. El ruido es ensordecedor. La cortina de agua que se desprende de la cascada lo baña todo. Es una suave lluvia plateada que nos llama y nos empapa con la alegría de estar allí disfrutando de ese lugar mágico. Unos instantes y ya nos zambullimos en las aguas cristalinas de la caldera y gritamos de frío, de alegría, de felicidad?

Abro los ojos y miro hacia arriba, hacia la cascada que se desliza por el precipicio, y sonrío y me digo que éste es uno de esos momentos que no debo olvidar.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

2 Comentarios

  1. Tika

    Hola Franc,

    Estuve buscando cualquier tipo de informacion en el internet sobre Umphang y he encontrado tu blog. Necesitaba leer algo asi despues de varias paginas sobre la dificil vida de los refugiados birmanos de la zona, la malaria y la falta de comida decente.
    Me voy a pasar unos meses en Umphang en un huerfanato con los ninos Karen a partir de octubre y queria preguntarte si puedes darme algun consejo sobre el sitio, la gente o cualquier cosa que se crees que yo deberia saber antes de irme.
    Conosco Tailandia pero no he estado en Umphang.
    Muchas gracias de antemano por la respuesta!
    Sigue viajando, disfrutando y escribiendo!
    Tika

    • Buenas Tika,

      Yo en la zona de Umphang en concreto estuve poco y sólo para visitar las cascadas, pero si quieres más info sobre los Karen aquí te paso los blogs de Albert (Arquitecto en la Clínica Mae Tao de Mae Sot) (http://proxims.wordpress.com/) y Line (cabecilla de los Ga Yaw Ga Yaw) (http://www.lineramstad.blogspot.com/). Son super majos y muy comprometidos con la situación, así que si te dejas caer por allá seguro que te pueden contar un montón de cosas y ponerte al día de todo el embrollo y el drama del pueblo Karen.

      Un saludo y espero que disfrutes de la experiencia! ;D

      Franc

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