Ayeryawady, el río grande de Myanmar

Un titular podría ser “Hemos llegado”. Elemental, lo sé, pero acertado. Tengo la sensación que han sido estos 5 días los que finalmente me han puesto en el sitio, encarrilado definitivamente en mi viaje. Si tengo que dar más explicaciones me quedaré corto seguro, tampoco las hay, es más una sensación.

El plan en sí era sencillo, las expectativas limitadas, y nada se ha salido del guión: Myanmar, sus paisajes y sus gentes, y todo orbitando alrededor de una barcaza que se desliza lentamente por el Ayeryawaday, el río grande de Myanmar. Es como si después del meneo del Tren, de la sacudida general, hiciera falta un tiempo de lento reposo para que todo sedimentara a su ritmo. Las ideas estratificándose según su densisad y importancia, y al final todo acaba encontrando su sitio. Y así ha sido para mí.

No sé con qué momento me quedo. ¿Son las 8 horas varados en un banco de arena sin que pase nada? ¿O el anochecer en cubierta seguido de la parranda berbenera de unos chavales de apenas 20 años que vuelven a casa por vacaciones, cargados con una guitarra y varias botellas de whisky barato? ¿O navegar en la noche cerrada, en la popa del barco, donde otros chicos, muy distintos a los primeros, tocan sus 3 canciones en un susurro que corta la noche bajo la única bombilla que ilumina la escena? ¿O puede que sea la voz entrecortada de un monje que justo antes de ir a dormir se pregunta si los generales que gobiernan este país tienen corazón? Durante estos días no ha pasado nada, y precisamente esa nada nos ha permitido ver desfilar la vida de esta gente sin apenas interferencia alguna. La vida a dos tiempos paralelos que puntualmente se cruzaban.

Por un lado el barco, compartiendo un espacio tan limitado con tanta gente todos estos días. Ayer Fred lo comentaba y es cierto: Somos una gran familia que está de paso, y llega un punto en el que te cruzas por la mañana con el de ayer y le preguntas sin que te entienda qué tal ha dormido, y él te contesta, sin que yo le entienda, que genial, que muy bien aunque hacía un poco de frío. Y es que no se trata de si nos entendemos o no, se trata de que, como queremos, nos comprendemos.

Por otro lado está la vida fuera del barco, todo ese trozo de país que hemos cruzado. El paisaje podría catalogarse de monótono, pero olvídense de la connotación negativa de la palabra. El río, la orilla, una casas y otras chozas. Unos bueyes o unas vacas aran las tierras fértiles en los márgenes como si estuviéramos en la edad media. Árboles imponentes y extensos cañaverales salpicados de palmeras. Y de fondo, a lo lejos, colinas suaves coronadas por nubes frondosas y bien perfiladas.

No pasa nada, todo se repite. Curiosamente los días transcurren sorprendentemente rápidos, y las noches tan y tan frías, parece que no terminan nunca. Hemos escogido la opción barata y compartimos cubierta con 60 personas más. Nos levantamos con esa sensación de haberlo pasado peor que el de al lado por no haber venido bien preparados. Entre lástima y orgullo intentamos volver a poner en su sitio nuestros huesos maltrechos y nuestros músculos contracturados. El orgullo dura poco, y es que aunque estemos en los primeros puestos del ránking de pringados que lo han pasado mal durante la noche, pronto descubrimos que en el bote hay gentes mucho más humildes, que aún sabiendo a donde iban, tampoco podían permitirse pasar la noche en mejores condiciones.

A nadie le sobra el dinero, pero a algunos les falta más que a otros. Lo único que los iguala a todos son sus sonrisas, son sus miradas. Es su curiosidad y su amabilidad. Son gentes sencillas y honestas y tremendamente educadas. Durante todo el viaje, entre todo el amontonamiento y las incomodidades no hay ni una sola bronca. No alcanzo a ver una sola mala mirada, y créanme que me he pasado muchas horas observándoles, o más bien contemplándoles.

Durante estos días, si algo ha quedado patente es la incontestable dignidad y las exquisitas maneras de los birmanos. No lo siento tanto como una formalidad contenida, sino como una manera de ser auténtica. Y es entonces cuando no puedo evitar volver la vista atrás y pensar cuán “civilizados” somos nosotros en comparación con ellos.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

4 Comentarios

  1. carles

    Frans bona nit ? bon dia ?
    Osti el teu pare ja m’havia informa’t de la mogudeta que estas visquen, pero fins ara no m’havia encuriosit. Res, sapigues que tens un admirador més, que aniré seguint el teu viatge desde terra ferma.
    Una abraçada ben forta.
    Carles

    P.D hi ha fotos realment precioses ¡¡¡

    • Bones Carles,

      Doncs me n’alegro de tenir un fan més ;D hehe Ando aquí ara liat fent la tria de 300 fotos, no vegis la feinada, però al final compensa un munt :) Si tens qualsevol input o comentari de coses que et semblen que es podrien millorar i que no van gaire fines estaria encantat de tenir una mica de feedback crítico-profesional ;)

      una abraçada,

  2. josefina Ramos Solà

    Bona nit Fran, soc la tieta de la Cristina, ahir em va posar en el meu ordinador el teu “report”. me l’he llegit i vist d’una tirada i el tinc a favoritos per tant espero seguir-te sense problemes. Com ja t’ha dit tothom les fotos meravelloses i els escrits també.. La decisió que vas prendre és possible que et costés, però jo et tinc “envidia cochina”. i mai ho podràs fer més jove que ara. Disfruta ! Ja pots anar veient que molta gent t’acompanyem. Un pató a molta distància

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