Anthony haciendo de Anthony. Koh Tao © 2012 . All rights reserved.

Anthony, no dejes de bailar. Koh Tao, Tailandia

La primera vez que le vi no me gustó. Le creí otro de esos occidentales barrigudos con cuarenta años muy mal llevados que deambulan por Tailandia “seduciendo” a jóvenes bellezas y embelesándolas con sus palabras de “amor” y sus “dineros”. Darling (cariño), Honey (miel) o Sweetheart (dulce corazón), ahora no recuerdo con cuál de ellas se despidió de la chica que le acompañaba antes de darle un repasón de los pies a la cabeza. ¿¡Y encima y para colmo llevaba gafas con cristales amarillos!? ¡Por dios, pensé, ni Bono -el cantante de los U2- las lleva ya!

Esperé cinco minutos más antes de subir a la clase para mi primera lección teórica de submarinismo y cuál fue mi sorpresa cuando le vi entrar y presentarse como el profesor. ¡Dios! ¿Este es el personaje al que le tengo que confiar mi vida cuando esté allá abajo? Intenté mantener el pie sobre el freno de mi cadena de prejuicios para no prejuzgarle demasiado, pero me estaba resultando tremendamente complicado. Estaba hecho todo un payasete. Se movía de una punta a otra, gesticulaba con las manos, con la cara, con el cuerpo. Subía el tono, lo bajaba. Todo parecía una función y lo era. Lo era porque llevaba 20 años haciendo lo mismo y la única forma de no morir en el intento era disfrutándolo. Y la única manera de disfrutarlo era interpretándolo, no de forma sesuda. Interpretándolo de forma delirante, cómica y teatral, sin dejar de transmitir el Mensaje.

Debo confesar que al cabo de un rato me empezó a caer bien, y tiene gracia que el punto de inflexión fuera su verde y delirante sentido del humor. Sencillamente no podía parar de trastear y flirtear con las alumnas del curso al tiempo que alzaba la vista a los cielos clamando amor eterno a la que durante los últimos 10 años había sido su queridísima esposa y madre de su único hijo. Me encontré siendo en el único de la clase que le reía las gracias. Y es que Anthony era muy gracioso y sepan que para estas cosas me considero todo un sommelier. Estaba ante un auténtico enfermo mental incapaz de no encontrarle el doble significado a todo llevándolo siempre hacia el lado oscuro de la fuerza. ¡Grande! En menos de una hora yo me había rendido, él me había reclutado y ya formaba parte de su equipo.

Era un payaso, pero que como buen payaso sabía lo que se hacía y decía. Era un seductor que a falta de tipo usaba el verbo para embelesar, y no sólo a las jóvenes bellezas locales. Poco a poco todos acabamos cayendo en sus redes. Sabía lo que decía y lo que se hacía y todos empezamos a dudar y cuestionarnos esa primera fachada de impresentable que parecía pasear con orgullo.

Había una historia por desvelar y se olía en ambiente y en la cadena de preguntas sin respuesta. El bueno de Anthony ya había confesado que durante los últimos 20 años había sido instructor de buceo. Se había sumergido en las aguas de medio mundo y había tenido encuentros con algunas de las criaturas más maravillosas que pueblan los océanos del planeta. Amaba su vida actual y hacía 10 años que estaba casado con una tailandesa con la que tuvieron un hijo. La amaba a ella, le amaba a él y se amaba a sí mismo y a su vida. ¿Y antes qué?

Anthony, el payaso, el polémico seductor convertido en buceador, ¡Había sido bailarín de danza clásica! Durante su vida pasada, la que empezó en su adolescencia y le duró hasta la vuelta de los 30, Anthony había viajado por todo el mundo bailando en teatros y conviviendo en compañías de jóvenes efebos y damas de porcelana. Cuerpos entregados a la danza, a sí mismos y al placer de su existencia en un extraño paraíso temporal, atrapados en un exclusivo universo endogámico donde todos eran jóvenes, fuertes y bellos. Pasaron los años, las locuras, la magia y la vida en el paraíso empezó a pasarle factura. El paso del tiempo había empezado a hacer mella en su cuerpo cuando el otoño llamó a su puerta.

Huyó como tantos huyeron y huirán. Huyó buscando aire fresco y espacios nuevos en los que aclarar sus sueños y poner en orden sus ideas. Y su osamenta “atormentada” recaló bajo las aguas del Koh Tao virgen de principios de los 90. Y sintió que algo nuevo empezaba, que una nueva vida le reclamaba. Durante dos años compaginó sus dos vidas hasta que acabó por aceptar su realidad, cerrando una puerta que le permitió abrir otra, consciente que, no pudiendo estar en dos sitios a la vez, hay momentos en la vida en los que hay que escoger.

Y pasaron 20 años y Anthony calza ya 47. Clama a los 4 vientos su amor y su devoción por la vida que vive que es la que escogió. La ama a ella, le ama él y se ama sí mismo. Le escucho y dios me libre de dudar de su sinceridad. Pero algo hay que me hace sentir que llegó un momento en su vida que tuvo que elegir y que no fue por gusto. El paso del tiempo se mostró implacable con él y tuvo que aceptar su realidad para dejar atrás una vida que nunca dejó de amar. Aceptó que debía evolucionar sí quería seguir aspirando a ser feliz y escogió.

Le escucho y dios me libre de dudar de su sinceridad, pero hay algo en la insistencia del amor por su dama que me hace dudar. Hay algo en la persistencia de sus flirteos que me hace pensar que cambió porque supo que no tenía más opción. Hay algo en las tristes miradas perdidas entre broma y broma y en sus sesudos silencios que me hace pensar que éste fue para él el mal menor. Y aún así le veo feliz y le veo como un valiente, que consciente que podía equivocarse, comprendió aquello de “al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”. Que la vida cambia para todos y que quedarse estancado por miedo a tener que escoger es morir en vida. Porque estar vivo es más que respirar, estar vivo también es saber entender tus tiempos y saber adaptarse a los cambios.

Anthony dejó los escenarios pero no dejó nunca de bailar. Siguió bailando bajo las aguas de medio mundo. Siguió bailando cuando haciendo el payasete nos transmitió su amor por el mar y por la vida. Y me gusta pensar que cuando los tiempos vuelvan a cambiar para él, volverá a ser valiente una vez más y seguirá bailándole a la vida aún a riesgo de equivocarse.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

4 Comentarios

  1. CRU

    … en algun moment, mentres parlaves de l’Anthony, veia al Franc…

  2. Eso fue en el Bans verdad? porque su cara me suena mucho. Yo estuve allí el año pasado en Koh Tao con un amigo sacándonos el Open Water con Eva y Sebastián, muy buena gente.

    Aprovecho para felicitarte por el blog que lo he descubierto de la mano de Ignacio Izquierdo. Ahora te seguiré siempre que pueda y ver por dónde andas.

    Un saludo

    • Buenas Javier,

      Pues sí, Anthony es todo un clásico del Ban’s, un clásico de los que vale la pena “re-leer”. Y el Ban’s una muy buen máquina de hacer a la gente feliz… Lo tienen pero que muy bien montado ;)

      Gracias por las felicitaciones y espero que lo disfrutes :D

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