Al atardecer. Koh Phangan, Tailandia

¿El paraíso existe? Sí, claro que existe, yo estuve en él, y puede que tú también y seguro que no era el mismo. El paraíso existe ¿Sí? Pero esta respuesta tiene trampa. El paraíso es ante todo una idea, un mito, y su existencia empieza y termina en nuestra mente. Y el mito es antiguo y ha sobrevivido a tanto que ahora es inabarcable y su reflejo se proyecta hasta el infinito en cada una de nuestras cabecitas bajo la forma de un millón de rostros incontables.

Dije que el mito empieza y acaba en nuestra mente. Empieza cuando vamos en su búsqueda, cuando recorremos medio mundo y nos fundimos los ahorros en busca de un rincón que case con una fotografía mental que hemos acarreado en la maleta y que hemos cuajado en la rutina diaria. El mito, el paraíso, el jardín del Edén del que todos procedemos y del que supuestamente fuimos expulsados. Pero es después, en nuestra memoria, donde el mito se afianza y se expande y se replica como un virus que nos contamina de por vida. Volveremos a casa, y seremos felices de nuevo en nuestros quehaceres cotidianos, pero a ratos se nos perderá la mirada frente al ordenador y recordaremos aquellos días o aquel instante al atardecer en el que todo era perfecto y en el que nos gustaría vivir eternamente.

Fue precisamente al atardecer, cuando en una de las playas del norte de Koh Phagan, la isla más golfa del Golfo de Tailandia, se ponía el sol y holgazaneábamos sobre la línea de arena que conduce a un islote anclado frente a la costa. Las palmeras coronan a lo lejos la cresta de una loma que se adentra en el mar. El agua templada allega a la orilla y su suave susurro nos invita a darnos un último baño en este momento de ensueño antes que el sol se oculte en el horizonte, tras el mar, tras la nubes y tras la cadena de islas de Ang Thong.

Por la mañana dejamos atrás el Koh Tao del que primero disfruté con mis padres y del que repetí al cabo de unos días con mi amiga Cristina. Ella lo disfrutó durante el día y en la superficie. Yo también durante el día -y alguna noche- pero bajo las aguas mientras cursaba el Advanced. Al atardecer, siempre al atardecer, en el momento más espléndido de Sairee Beach, tomábamos posiciones en el restaurante de turno sobre la playa y dábamos solución a todos problemas del mundo. Y después del festival de luz y colores sobre las nubes y el mar, caída la noche, era el momento de la playa y del fuego y de las conversaciones sin principio ni final con el Clan Koh Tao -Marcus, Christina, Rahel y Tiina- y todos los espontáneos y bienvenidos a nuestra mesa plantada directamente en la dura arena que la marea dejó tras de si. Koh Tao, un pequeño paraíso dedicado al aprendizaje del arte del bailar bajo las aguas.

Koh Phangan, conocida mundialmente como la cuna de la Full Moon Party, parada obligatoria en la ruta del petardeo por el sureste asiático –me remito a mi experiencia en Vang Vieng-. Sabíamos a lo que veníamos y como disponíamos de lo estrictamente necesario para pasarlo bien –la buena compañía del Clan Koh Tao- dudamos hasta el último momento. Finalmente decidimos hacerle caso a nuestro olfato de perros viejos –al menos en estos asuntos- y optamos por huir, literalmente, a la otra punta de la isla. La recompensa fue inmediata y ya montados en la minivan de turno, cruzando la isla por el centro, avistamos un montón de cocoteros y un elefante encadenado aparcado en el arcén como el que no quiere la cosa. La llegada a Chaloklum confirmó nuestras sospechas y por esta vez habíamos acertado: lugar tranquilo, aguas turquesas inmaculadamente transparentes, más arenas blancas y cocoteros que levitan inexplicablemente sobre la playa.

Cerramos la tarde con ese paseo hasta el atardecer de ensueño en Mae Haad y por delante nos quedaban todavía dos días más recorriendo la isla en moto. La primera jornada fue hacia el este y una demasiada larga vuelta nos confirmó que Bottle Beach valía la pena, pero que mejor habría sido ir en barco y dejar la moto en casa. El camino de gravilla no era plato de mi gusto y la caída en plena bajada de arena resbaladiza fue una muy mala noticia. En un momento dado, sencillamente pensé que de allí no sacábamos la moto. Los dioses nos mandaron auxilio y un jeep con dos parejas maltesas nos echaron el cable que necesitamos –tanto físico como moral, sobre todo moral- . Necesitamos de 3 adultos fornidos para trabar la moto con piedras y se necesitó de la sangre fría y la destreza de un servidor que, honestamente, no sé de dónde demonios salió, para finalmente remontar la moto hasta el llano. En Bottle Beach nos esperaba la tropa con la que pasamos el día haciendo la mona y disfrutando de un aguacero tropical a buen cubierto a la hora de comer.

Al día siguiente, más playas de ensueño sorteando aguaceros. Yo echando alguna que otra foto y durmiendo la siesta bajo el cocotero de turno hasta que Cristina me despertaba para agarrar la moto de nuevo y saltar a la siguiente. Y así hasta llegar, una vez más a nuestra favorita, a la del primer atardecer donde vagueamos, cenamos y nos regalamos otro nuevo festival de luces y colores y miradas perdidas cada uno en nuestros pensamientos.

La cara oscura de la moneda fue devolver la moto y comprobar que -si bien la habíamos rascado en la caída del día anterior- el rescate que nos pidieron fue sencillamente abusivo. Estamos en territorio comanche para los turistas y por estos lares hace tiempo que los farangs –extranjeros en el idioma local- dejaron de ser personas para convertirse en trozos de carne de los que extraer dinero, cuanto más mejor. Que tuvieran mi pasaporte como garante –error mío, NUNCA más lo dejaré- fue su coartada para extraernos de las entrañas hasta 250€ en concepto de rascadas –que a buen seguro NUNCA serán reparadas- y aún gracias que los sinvergüenzas nos hicieron un descuento. Me gustaría decir que fue una gota, pero en realidad fue un charco sucio y grasiento de mezquindad que nos amargó nuestro paso por el paraíso.

Lo bueno que nos llevamos, eso sí, fueron dos espléndidos atardeceres, un montón de siestas fuera de horario y de contexto bajo cocoteros en un sinfín de playas de las que ni siquiera recordamos el nombre, y un trío de vecinos de bungalow –un catalán, un navarro y un mejicano- con los que los dioses nos deleitarían de nuevo más adelante.

Habiendo pasado por el paraíso -y esperando cruzarme otros muchos tanto o más espectaculares que el anteriormente descrito- debo confesarles en voz bajita una cosa: antes de viajar a Tailandia yo ya había estado en el paraíso. Ahora me viene a la memoria un atardecer en la Isla de Suommenlinna frente a las costas de Helsinki: 2 tipejos, el eterno verano finlandés y algunas karhus. Recuerdo otros muchos atardeceres en la Playa del Canadell, en la exquisita Calella de Palafrugell en la costa brava al norte de Barcelona. Y me viene ahora a la memoria otro atardecer en una playa metropolitana a finales de agosto de hará 10 años: Floto sobre unas aguas del mar sorprendentemente limpias meciéndome al ritmo del oleaje. El agua algo fría mantiene mi cuerpo en tensión, la luz vibrante y multicolor, las nubes expandiéndose sobre el horizonte por momentos. Y sí, en aquel atardecer también estuve en el paraíso.

El paraíso no es un lugar, o sí lo es. Pero es un lugar que empieza y termina en nuestra mente, y si bien las playas de Mataró nunca serán comparables a las arenas blancas y las aguas turquesas de Koh Phangan y a sus cocoteros –quién pudiera volver-, el paraíso nos espera casi a cada esquina. Y vale la pena cruzar medio mundo para saborearlo, pero vale aún más la pena estar dispuesto a descubrirlo y encontrarlo en cada rincón.

En lo que a paraísos se refiere, no se trata tanto de comparar cual es mejor como de saber disfrutar con toda el alma del que tienes a mano.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

7 Comentarios

  1. Anuka

    3.56 (hora española)
    Me disponia a dormir … pero el debate sobre la existencia del “paraíso” desperto mi curiosidad.
    Abro la ventana al mundo, también conocida como , buscador de google.
    ¿Que significa el PARAISO? Definición de un diccionario
    paraíso s. m.
    1 Lugar maravilloso donde Dios puso a vivir a Adán y Eva, según el Antiguo Testamento. edén
    2 Lugar ideal en el que las personas purificadas del pecado gozan de la compañía de Dios o los dioses, según algunas religiones.
    3 Lugar muy bello, tranquilo y agradable.
    4 Lugar que reúne las características más adecuadas para el desarrollo de algo.
    5 Conjunto de gradas dispuestas de forma escalonada en la parte superior de un teatro, cine o sala de espectáculos, que generalmente corresponde a las localidades más baratas.

    Y sacando mis propias conclusiones a la descripción, te dire que estoy segura que es un sitio tranquilo y agradable, de eso no hay duda,no sé si Adan y Eva pasaron por ahí.
    Los dioses que lo habitan son las personas con las que lo disfrutamos ; familia,pareja, amigos o un simple extraño que en silencio admira lo mismo que tú! Que el mejor desarrollo es absorver el momento.
    Y a veces las localidades mas baratas como la arena blanca de la playa es el mejor sitio del teatro para ver la obra “looking for paradaise”.
    El paraíso no se trata de un lugar concreto,sino como te sientes en el momento que empiezas a formar parte de algo, y si encuentras ese momento …. es para siempre.

    Conclusiones tardías de una loca que te invita a un atardecer en el paraíso de la Costa Cantabra!!

    • Buenas Anuka! ;D

      Ahí pedazo de comentario :D Me alegro de que la curiosidad te llevara a la inspiración ;) Tomo nota para esa visita a las playucas cántabras, pero primero paso por India & Nepal :p

      Besos,

  2. CRU

    que contenta estic d’haver-hi format part! :)

  3. Anuka

    Xelo , muchas gracias !! (la inspiración siempre llega)

    Franc, leyendo tu block algo se debe de pegar pero nunca llegaremos ha alcanzarte porsupuesto, por otro lado me alegro mucho lo de la India, pues es una pasada.Seguiré tus impresiones por aquí.

    Bueno quizás nos veamos entonces por bangkok si tienes que hacer alguna parada , a mi ya me empieza la cuenta atrás =) yuhuuuuu!!

  4. ivan

    desde bilbao saludos la verdad que anuka un 10 por el comentario y por el blog otro 10 lo acabo de descubrir este año espèro hacer mi viaje de ensueños a esa tierra encantada

    saludos y salud

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