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30 Primaveras en Mae Sot. Tailandia

Ella tiene 13 años. Padece asma aunque durante mucho tiempo no supo ponerle nombre a su enfermedad. Sencillamente se ahogaba y ahogaba y sentía que a cada instante moría. Vivía en la jungla con su madre y ésta, cansada de ver sufrir a su hija sin razón, sin saber el porqué y no viendo ningún futuro, llegó a envenenarla. Luego se arrepintió, y la niña se salvó.

Ahora yace otra vez en “La Clínica” y Line la vela. Lleva 3 días llorando, pero no es la niña la que llora, es Line. Y la niña, entubada por todas partes, sin apenas poder hablar le sonríe y la consuela. Nos describe su sonrisa, la que desde el primer momento le robó el corazón. Pasados tres años y mil penurias la sonrisa no afloja, aunque su situación deje noqueada a alguien tan fuerte como Line.

Durante estos 3 días en la Clínica llega de la jungla una madre con su bebé recién nacido. No tiene nada, no lleva nada. Tan sólo su bebé enfermo y dos piezas de ropa que cubren su cuerpo. Llega sola y más sola se va. Durante 3 días el pequeño yace en la sala de recién nacidos, acompañado por otros 7 cuerpecitos que luchan por sobrevivir entubados al más puro estilo Matrix, según palabras textuales de Line. Llegó sola y más sola se va. Si el niño sobreviviera la madre tendría que pagar 200 baths (o lo que buenamente pueda), pero si el bebé muere serán 1000. Un dinero que sencillamente ni tiene ni tendrá, pero que acabará pagando no sé cómo para poder llevarse el cuerpecito de su hijo.

Esto nos lo ha contado Line esta noche tomando unas cervezas y justo después yo arranco los 30 con un buen leñazo volviendo a casa con la bici. Un montón de perros callejeros se me han echado encima cuando volvía de tomar algo con mis nuevos amigos y celebrar a pequeña escala la entrada en mi década de los 30. El saldo final es una bici bien estropeada y algún rasguño, pero por dentro me hierve la sangre y siento que me cargaría alguno de esos chuchos que noche tras noche se dedican a dar por el saco al personal. Ahora me toca cargar a cuestas con la bici durante media hora hasta llegar a casa y ya son pasadas las dos y media de la noche.

Al tiempo que me enciendo por momentos me intento calmar. Y es que no me quito de la cabeza lo que nos ha contado Line. Lo sé, lo sé, uno más de miles de dramas que se suceden a diario por todo el mundo. Y a pesar de todo yo me siento mal porque me he caído y me he cargado la bici y no puedo dejar de sentirme un poco cabrón y algo desgraciado por tener coraje de sentirme mal cuando me han contado lo que acaban de contar.

Espero que entre todas la cosas que me quedan por ver y aprender, espero que ésta sea una de las que me lleve conmigo al final de este viaje: Aprender a no quejarme, aprender a no lamentarme y aprender a no perder ni un segundo hurgando y lamiéndome heridas que no son tales.

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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