10 seres maravillosos (1 de 2). Sen Monorom, Camboya

Hay gente que se pasa la vida zanjando cualquier situación con un simple “no puedo”, un “no sé” o un “yo siempre lo he hecho así”. Cualquier duda, cualquier desafío, cualquier cuestionamiento de la realidad que vaya más allá de sus supuestos límites se desvanece en ese agujero negro que es el miedo. El miedo a fracasar, el miedo a equivocarse o el gran miedo a descubrir que se estaba equivocado. Del mismo modo, y para compensar este desequilibrio hay gente que pasa la vida diciendo “sí puedo”, “si no sé, aprenderé” o “siempre lo hice así porque nunca lo intenté de otro modo”.

Yo había ido hasta Sen Monorom para seguir descubriendo el Este de Camboya en ese largo rodeo antes de aterrizar en los grandes enclaves turísticos. Y lo que me atrajo hasta aquí fue una ojeada a la guía y cuatro líneas leídas en diagonal googleando un blog. Mencionaban un santuario de elefantes rescatados y me pareció que en este lugar, tan “aislado” de todo, podría ser el momento ideal para Conocer a un Elefante en persona. Lo que no esperaba era que los días en este rincón de Camboya se convertirían en algunos de los más especiales del viaje. Y con lo que tampoco contaba era cruzarme con Jack, uno de esos seres que mantienen el equilibrio del universo repitiéndose ante la adversidad que “sí pueden y que si no saben, ya aprenderán”.

Al principio dudé. Había ido a informarme y los precios me echaron atrás. Se salía bastante de mi presupuesto diario pero tenía muchas ganas de visitar el Santuario. El dueño de la agencia lo supo ver y me propuso una alternativa: pasar medio día con los elefantes y la otra mitad haciendo “voluntariado” (removiendo caquita de elefante con las manitas para abonar los plataneros). El precio bajó y ya me pareció más razonable. Y por si fuera poco, a esto le añadió la posibilidad de hacer noche allí, con lo que cerré un plan redondo. Nos recogieron a las 3 de la tarde y nada más salir de la ciudad el paisaje empezó a mutar. Cabe decir que lo visto entre Kratie y Sen Monorom no había valido mucho la pena, pero como suele ocurrir, la belleza y las sorpresas suelen esperarnos siempre a la vuelta de la siguiente esquina.

Bajo un cielo azotado por el viento y con unas nubes bellas como pocas he visto hasta el momento, el paisaje de suaves colinas cubiertas de jungla se perdía en el horizonte. Sólo el camino de tierra roja y la nube de polvo que levantábamos a nuestro paso enturbiaban está escena idílica y lo que me ha parecido el entorno más bello de Camboya. Nos dirigíamos al oeste, hacía donde el sol se pone. Y al llegar a destino y tras pasear la mirada por el Gran Salón ya había decidido que me había enamorado, que no sería una, que serían dos noches y dos días para disfrutar de Esto. Y Esto era un gran mirador sobre la jungla que al atardecer, sobre un buen sofá de ratán y algo de zumo de cebada, se convertía en uno de esos centros del universo donde reinan los silencios y los suspiros, y donde las palabras están de más.

El proyecto de Elephant Valley Project es joven en el tiempo pero muy maduro en su realidad. Hacía tan sólo 6 años que Jack aterrizó en la zona. Tras sus dos años como mahoud (nombre que reciben los cuidadores de elefantes) en Tailandia y aprendiendo las artes del oficio, este inglés de apenas 24 años, había aprendido que las cosas nunca vienen solas, y que los problemas hay que entenderlos en su conjunto. Por un lado una población de elefantes que en Camboya ronda sobre el centenar: una mitad en libertad y la otra en cautividad, trabajando en el turismo o como animales de carga. Una población ridícula si se plantea su supervivencia teniendo en cuenta el segundo gran problema de Camboya: Una deforestación galopante de sus bosques para malvender baratas maderas caras, para luego acabar creando monocultivos de caucho. Y finalmente el tercero y sin el cual los dos primeros no tienen solución: Un país pobre donde la gente necesita el dinero para sobrevivir. Y es por eso que explotan a sus animales, porque no tienen más remedio. Y es por eso por lo que malvenden sus tierras, eso cuando no se las expropian. Son vulnerables y analfabetos, y en este país tan corrupto, por unos dólares alguien puede conseguir un papel oficial que diga que las tierras que cultivaste toda tu vida son suyas.

La propuesta de Jack era sencilla: Alquilaría los bosques a la comunidad, de modo que cada mes tendrían unos ingresos regulares y fijos sin necesidad de malvender sus tierras. El segundo frente consistía en alquilar los Elefantes a sus propietarios, de modo que ellos también recibirían un dinero fijo a cada mes, fuera temporada baja o temporada alta. Y a más, si quisieran, podrían venir a tener cuidado del animal, con lo que generarían un sueldo más. El resto de las familias de la aldea podrían trabajar en el centro que aspiraba a convertirse en un polo turístico con respeto a las personas, a los animales y al entorno. El resultado es que los elefantes explotados por pura necesidad durante años tenían la posibilidad de escapar sin que eso implicara el fin de su fuente de supervivencia de las familias que no habían tenido otra opción.

… continúa en el siguiente post

¿Alguna vez has soñado con dejarlo todo para viajar por el Mundo? ¡Yo también! Trabajaba de Arquitecto en Barcelona, tenía estudio propio y una vida que me encantaba. Pero un día tuve que plantarme y aceptar mis sueños: Quería vivir otras realidades, sin horarios ni calendarios. Viajar, escribir y fotografiar para conocer el mundo y para conocerme a mí mismo.

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  1. By “Turistadas” y maltrato animal, infórmate y no seas cómplice | Con Mochila – Información para un viaje de mochilero o por tu cuenta 17 Jul ’14 at 8:32 pm

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